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Entrevista a Saúl Craviotto, el ganador

Observándolo, cualquiera diría que la suerte le sonríe. Pero no nos engañemos: lo suyo no es suerte, es trabajo. Y del duro.
JULIO CÉSAR ORTEGA /

Lleva a sus espaldas (y más concretamente, en unos dorsales de piedra) cuatro medallas olímpicas: oro en Pekín 2008, plata en Londres 2012 y oro y bronce en Río 2016. Sin embargo, a Saúl Craviotto (Lleida, 1984) la mayor popularidad le ha llegado gracias a la última edición de MasterChef Celebrity, de la que se ha alzado ganador. Además, este otoño ha publicado un libro y acaba de ser padre por segunda vez. 

 

Observándolo, cualquiera diría que la suerte le sonríe. Pero no nos engañemos: lo suyo no es suerte, es trabajo. Y del duro. De ese en que te juegas una carrera profesional en apenas unos segundos. Así es el olímpico español en activo más laureado. 

Has sido oro y bronce en Río 2016, ganador de MasterChef Celebrity, has editado un libro, acabas de ser padre por segunda vez... ¿cómo vives este momento?

Estoy surfeando una ola increíble, la verdad. Es un buen momento, tanto en lo profesional como en lo deportivo y lo familiar. Me encuentro muy feliz, viviéndolo a tope y aprovechándolo, porque en otros momentos de la vida sueles tropezar y caerte.

Pero todo esto no ha venido caído del cielo...

No, claro. Ha sido a base de mucho trabajo. Las medallas se consiguen entrenando mucho, el empleo de policía estudiando para unas oposiciones, lo de MasterChef currándomelo... Nadie me ha regalado nada. 

¿Cómo ha cambiado tu vida el paso por el programa?

Desde que se emitió la final estoy notando que me reconocen mucho más por la calle o en los aeropuertos o en los centros comerciales. Para que te hagas una idea: la final olímpica la vieron unas 850.000 personas. La de MasterChef Celebrity la siguieron cuatro millones y medio, con picos de ocho millones. Pero yo intento llevar la vida de siempre; sigo con mis entrenamientos y mi rutina, con los pies en el suelo.

Llevas 17 años entrenando y eres olímpico, pero ahora te conocen como “el de MasterChef”. ¿No te molesta?

En realidad, no. Me choca, pero no me molesta en absoluto. Comprendo cómo funciona el mundo de la televisión. Con el programa he llegado a un público mucho más amplio y distinto al mío habitual. Gente de todas las edades, desde niños hasta personas mayores que quizá no seguía el deporte, pero que a raíz del programa se ha interesado por mi palmarés o por el piragüismo. ¡Y me lo curré mucho! Estoy orgulloso de mi paso por el programa. 

Antes de MasterChef, ¿sabías cocinar? 

¡No tenía ni idea! Hace cinco meses, me decías que hiciese un plato de lentejas y no sabía ni qué echarles. De hecho, en el cásting lo que hice fue una merluza porque apenas sabía cocinar otra cosa. Ahora ya no le tengo miedo a la cocina. He aprendido a combinar ingredientes, a hacer arroces, todo tipo de pescado, técnicas de cocción a baja temperatura, al horno, a la plancha... Por no hablar de las esferificaciones, espumas o sifones, que antes eran cosas que sólo veía por la tele.

LA RECETA DE SAÚL CRAVIOTTO

De todos los momentos del programa, ¿con cuál te quedarías?

¡Uf! ¡Ha habido tantos! Y no todos han salido en cámara. Recuerdo que en el AVE de vuelta de la prueba de exteriores, en el Rocío, íbamos solos en el vagón, nos entró la locura y nos pusimos con la música en los altavoces a bailar, a quitarnos la camiseta... un desfase. Hubo muchos momentos así, ¡están muy locos! La verdad es que me lo pasé genial.

¿Cómo controlas tu dieta ahora que no todo es pollo a la plancha y arroz?

He aprendido a darle un toque de sabor a la comida saludable. Los pescados con cítricos funcionan estupendamente, por ejemplo. Está muy bien que los deportistas nos cuidemos y llevemos a rajatabla el tema de las grasas o las proteínas, pero  el sabor también es importante. Ahora me atrevo a probar con especias y aderezos que antes ni conocía. Como igual de sano que antes, pero más sabroso. Y, sobre todo, no me obsesiono.

Tu temporada de competición empieza en primavera. ¿Cómo es tu entrenamiento ahora que estás en pretemporada?

Desde octubre estoy más centrado en el entrenamiento aeróbico, con trabajos de larga distancia. Combino la piragua con el entrenamiento de hipertrofia en el gimnasio, sobre todo para pectoral, dorsal, brazos y abdominales oblicuos, que son los grupos que debemos tener más fuertes los piragüistas. Y luego, correr o bici. Una sesión de cardio por la mañana siempre en el agua y después otra de una vuelta corriendo alrededor del embalse de Trasona (Asturias), que son cinco o seis kilómetros. 

En tu entrenamiento de hipertrofia, ¿tiras más de máquinas o de peso libre?

Sobre todo, utilizo las máquinas: de pectoral, tríceps en polea... Las mancuernas para los bíceps. Y dominadas lastradas. Hago un circuito de seis o siete ejercicios para machacar sobre todo el dorsal y pectoral. 

¿Cuál dirías que es la mejor cualidad de un buen piragüista?

Pues la de cualquier otro deporte: ¡la cabeza! Para competir, si no tienes la cabeza fría, no llegas a ninguna parte. Eso es lo que de verdad marca la diferencia.

En el deporte de élite, ¿qué diferencia la preparación de la obsesión?

Hay que intentar separar tu vida profesional de la personal. Me pasó en 2015: llegaba a casa y no conseguía desconectar. Estaba obsesionado. Si te presionas tanto, cuando llega el momento sales con miedo. Es importante disfrutar del camino. Y si tienes que tomarte unas cañas, pues te las tomas.