El hombre que coronó un 4.000 con dos pulmones trasplantados

Descubre la increíble historia de Patxi Irigoyen. ¡Tan real como inspiradora!
MH para Sprinter , 10-04-2017
El hombre que coronó un 4.000 con dos pulmones trasplantados
El hombre que coronó un 4.000 con dos pulmones trasplantados

La historia de Patxi Irigoyen (Pamplona, 1975) es de esas que merece la pena ser escuchada. Por excepcional. Por inspiradora. Porque encarna una nueva manera de entender el éxito en el deporte. Cuando hablamos de victoria, lo que se nos viene a la mente al común de los mortales es ganar una final, una medalla de oro, batir al rival, pulverizar un récord... Pero Patxi está lejos de todo eso. En su manera de concebir el triunfo no suenan fanfarrias de fondo y, sin embargo, nadie negaría la grandeza de su hazaña. No ha necesitado a nadie más que a él mismo para ser considerado un ganador. El deporte le ha servido para sacar a relucir la mejor versión de sí mismo.

¿Cómo lo ha hecho? Gracias a la montaña. Patxi nos lo cuenta con sus propias palabras. "Nací con fibrosis quística, pero llevo desde los 18 años haciendo deporte con un grupo de amigos", explica. "Salíamos con las bicicletas, y los fines de semana hacíamos senderismo por Navarra, alpinismo, buscábamos cuevas... Un día, haciendo una ruta en Urbasa a los 22 años, me di cuenta de que me costaba mucho el camino de vuelta. Me cansé muchísimo, no podía respirar. Lo que normalmente se hacía en una hora y media a mí me costó tres horas".

Su salud comenzó a empeorar. A los 25 años, una valoración médica concluyó que su capacidad pulmonar estaba al 29%. Necesitaba un trasplante de pulmones urgentemente. "Eso fue en septiembre del año 2000. Al principio yo me mostré reacio, pero en cuestión de tres meses, mi capacidad pulmonar se había reducido aún más, hasta el 19%. El 7 de enero de 2001, me sometieron al trasplante".

Ese fue el momento en que, en palabras del propio Patxi, nació por segunda vez. La operación, que tuvo lugar en el Hospital de La Fe de Valencia, era de alto riesgo. Patxi sufrió dos paradas cardiorrespiratorias durante la intervención, algo que no supo hasta varios meses después. Pero salió adelante. "A los dos o tres días, la mayor satisfacción de todas era no toser. ¡Hacía tanto tiempo que no tosía!".  Antes de darle el alta, Patxi debía completar 21 sesiones de bicicleta en el hospital. Por entonces decidió que añadir algo de pesas sería una buena idea. A los quince días sufrió un rechazo agudo. "La verdad es que fueron unos días bastante angustiosos, pero al final mejoré", recuerda.

 

 

Tres meses después del trasplante, Patxi decidió calzarse de nuevo las botas y abordar la ruta de Urbasa donde su declive había comenzado unos años antes. Y, esta vez, la terminó sin problemas. Pero su recuperación sólo acababa de empezar. "A los nueve meses de la operación, me animé con un clásico de Navarra: La Mesa de los Tres Reyes, el punto más elevado de la comunidad foral con 2.242 metros. Tuve que retirarme a 300 metros de la cima, porque luego tenía cinco o seis horas de vuelta, pero llegar hasta ahí fue increíble para mí", explica.

"Entonces empecé a correr, a llevar un entrenamiento... a practicar un montón de deportes y a tomarme más en serio la alimentación. Hice el salto a los Pirineos, me atrevía con montañas de 3.000 metros, y también participaba en algunas conferencias sobre cómo el deporte había mejorado mi salud. En una de esas ponencias conocí a un doctor que me propuso hacer un tratamiento en alta montaña, en los Alpes. Y accedí. En 2007 nos fuimos al Breithorn (4.164 metros). En la primera jornada acumulamos 1.200 metros de desnivel. Ahí sufrí mal agudo de montaña, tanto que los médicos estuvieron a punto de abortar el resto del ascenso, pero yo les dije que sólo necesitaba descansar. Al día siguiente ya estaba bien, y sumamos otros 800 metros. Y al tercer día, otros 800. Hice cumbre y luego bajé como había subido, sin teleférico", explica orgulloso.

En 2009, Patxi trató de repetir su hazaña con tres buenos amigos en Chile. El objetivo era el Cerro de las Tórtolas (6.160 metros), en la cordillera andina. "A 5.890 metros, noté una presión excesiva bajo las costillas y decidí no continuar; mis pulmones me habían dado una segunda oportunidad y no quería dejármela ahí", recuerda. "Más tarde, los médicos me dijeron que podría haber llegado a la cumbre, pero que hice bien en retirarme".

Y así es como este navarro logró pulverizar sus propios límites y rozar los 6.000 metros con los dos pulmones trasplantados. Pero no sólo eso: también ayuda a otras personas con problemas de salud similares y a quienes el deporte puede mejorar. De hecho, es el Presidente de la Asociación Navarra contra la Fibrosis Quística.

Patxi es el ejemplo de una persona corriente con una historia extraordinaria. La viva prueba de que, para conseguir tu mejor versión, no necesitas irte al Everest, ni entrenar en un estadio, ni batir ningún récord. Lo que te conduce al triunfo no está fuera, sino dentro de ti: ¡la voluntad!

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