Todo sobre el sueño

¿Por qué necesitamos dormir?¿Qué ocurre en el organismo por la noche? Resolvemos tus dudas oníricas.
Samuel Valiente -
Todo sobre el sueño
Todo sobre el sueño

Pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo. Nos metemos en la cama para sumergirnos durante 7 u 8 horas en un universo onírico que tiene más de misterio que de certeza. Y eso es así: hemos llegado a Marte y tenemos móviles inteligentes, pero todavía no hemos sido capaces de descubrir el sentido exacto del sueño El doctor Gonzalo Pin, coordinador de la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Valencia, afirma que desconocemos por qué necesitamos dormir, aunque sí tenemos claro “cuáles son las consecuencias de no hacerlo”. Lo habrás experimentado alguna vez: pasas la noche en vela y al día siguiente amaneces rodeado de compañeros indeseables: cansancio, irritabilidad, somnolencia e insufrible lentitud al pensar... Te desenvuelves peor en el trabajo, pierdes la chispa en tus relaciones sociales. Incluso rehuyes a tu pareja cuando se pone cariñosa.

Sí, definitivamente: dormir es tan necesario como estar despierto. Al fin y al cabo, como dice el doctor Pin: “No vivimos para dormir, pero sí dormimos para vivir”. Y es que el insomnio puede acarrear consecuencias más allá de la mera resaca del trasnochador. Estudios recientes vinculan la falta de sueño con la demencia, pues durante el sueño los canales de drenaje del cerebro se abren, permitiendo que el cerebro se deshaga de productos de desecho, relacionados con el desarrollo de multitud de afectaciones neurológicas, entre las que se incluye el Alzheimer. Además, como recuerda Sonia Montilla, neurofisióloga de la Unidad del Sueño del Hospital Sanitas La Moraleja, la privación de sueño también está relacionada con enfermedades cardiovasculares y con la obesidad.

Pero no nos alarmemos. Por suerte, dormir bien es la norma. Generalmente, y como ya habrás oído antes, los seres humanos adultos necesitamos unas siete horas de sueño al día para rendir al 100%. Aunque eso no siempre es así: según Montilla, existen corto-durmientes y largo-durmientes. ¿Esto qué significa? Pues que algunas personas, los corto-durmientes, tienen suficiente con cinco o seis horas diarias (se dice que Napoleón dormía tan sólo cuatro), mientras que los largo-durmientes requieren ocho o más para obtener el mismo nivel de descanso. ¿Injusto? Tal vez, pero: ¿no lo son todos los aspectos de determinación genética? Somos gordos o flacos, altos o bajos, corto o largo-durmientes. La vida es así. Lo importante es saber cuántas horas de sueño necesitamos y cumplirlas.

Todo sobre el sueño

Pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo. Nos metemos en la cama para sumergirnos durante 7 u 8 horas en un universo onírico que tiene más de misterio que de certeza. Y eso es así: hemos llegado a Marte y tenemos móviles inteligentes, pero todavía no hemos sido capaces de descubrir el sentido exacto del sueño El doctor Gonzalo Pin, coordinador de la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Valencia, afirma que desconocemos por qué necesitamos dormir, aunque sí tenemos claro “cuáles son las consecuencias de no hacerlo”. Lo habrás experimentado alguna vez: pasas la noche en vela y al día siguiente amaneces rodeado de compañeros indeseables: cansancio, irritabilidad, somnolencia e insufrible lentitud al pensar... Te desenvuelves peor en el trabajo, pierdes la chispa en tus relaciones sociales. Incluso rehuyes a tu pareja cuando se pone cariñosa.

Sí, definitivamente: dormir es tan necesario como estar despierto. Al fin y al cabo, como dice el doctor Pin: “No vivimos para dormir, pero sí dormimos para vivir”. Y es que el insomnio puede acarrear consecuencias más allá de la mera resaca del trasnochador. Estudios recientes vinculan la falta de sueño con la demencia, pues durante el sueño los canales de drenaje del cerebro se abren, permitiendo que el cerebro se deshaga de productos de desecho, relacionados con el desarrollo de multitud de afectaciones neurológicas, entre las que se incluye el Alzheimer. Además, como recuerda Sonia Montilla, neurofisióloga de la Unidad del Sueño del Hospital Sanitas La Moraleja, la privación de sueño también está relacionada con enfermedades cardiovasculares y con la obesidad.

Pero no nos alarmemos. Por suerte, dormir bien es la norma. Generalmente, y como ya habrás oído antes, los seres humanos adultos necesitamos unas siete horas de sueño al día para rendir al 100%. Aunque eso no siempre es así: según Montilla, existen corto-durmientes y largo-durmientes. ¿Esto qué significa? Pues que algunas personas, los corto-durmientes, tienen suficiente con cinco o seis horas diarias (se dice que Napoleón dormía tan sólo cuatro), mientras que los largo-durmientes requieren ocho o más para obtener el mismo nivel de descanso. ¿Injusto? Tal vez, pero: ¿no lo son todos los aspectos de determinación genética? Somos gordos o flacos, altos o bajos, corto o largo-durmientes. La vida es así. Lo importante es saber cuántas horas de sueño necesitamos y cumplirlas.

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Conocemos el proceso exacto, sí tenemos algunas pistas sobre lo que sucede en nuestro organismo durante esas horas de desconexión. El doctor Pin asegura que “dormir no es como entrar en coma”, pues “algunas de nuestras funciones fisiológicas se producen con mayor intensidad que durante la vigilia”. Vamos, que mientras duermes suceden muchas cosas aparte de soñar. Para empezar, nuestro metabolismo se regula a la baja, de tal forma que logra reparar el ADN deteriorado por los radicales libres que se generan durante el día. Y eso hace que nuestro sistema inmunológico se refuerce.

Cargar las pilas

Por otra parte, dormir nos recarga las pilas. Nos acostamos medio muertos y nos levantamos como nuevos. Pero, ¿por qué? ¿Qué sucede en nuestro organismo durante el sueño para obrar el milagro? Experimentos recientes realizados con peces cebra –sí, los peces también duermen– apuntan a una molécula llamada ATP como la principal responsable. Nuestras células la emplean como combustible para casi todas sus funciones y, cuando la queman, generan una sustancia de desecho llamada adenosina. Durante los experimentos se administraron fármacos bloqueadores de la adenosina a los peces cebra y la consecuencia fue clara: se volvieron insomnes. Por el contrario, al subirles los niveles de adenosina, se adormecían. Por tanto, el sueño es una respuesta a la acumulación de emisiones de nuestras células generadoras de energía, algo similar a cuando el móvil vibra para decirte: es hora de recargar la batería, amigo.

Aprendizaje y memoria

Aunque dormir no va sólo de cargar pilas y reforzar defensas. Está demostrado que, además, tiene un papel vital en los procesos de aprendizaje y memoria. Uno de los mejores consejos que te puede dar un profesor es que no te pases la noche en vela estudiando antes del examen. Y es verdad, pues aunque creas que dormir es perder el tiempo, el cerebro no está tan ocioso como piensas. Al contrario: hay partes del cerebro que hacen horas extra, repasando la información del día. Además, el sueño es esencial para el aprendizaje motor. Esto significa que si este fin de semana logras por fin un nuevo truco con tu tabla de snow, más te vale dormir bien para que no se te olvide. El sueño es, pues, una parada necesaria en nuestro día a día, sin la cual no podemos avanzar como es debido. Ya lo dice el Pin: “dormir es como entrar en boxes”, así que más vale que te lo tomes en serio si no quieres perder una rueda en plena carrera.



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Deja de contar ovejas. Ha quedado claro que dormir es necesario. Entonces, ¿por qué a veces no lo conseguimos? ¿A qué viene ese boicot por parte de nuestro propio organismo? La privación de sueño es extremadamente común: uno de cada cuatro españoles ha tomado somníferos o tranquilizantes para dormir en el último año, según una encuesta del Centro de Investigación sobre Fitoterapia (INFITO). Además, el 30% afirma dormir mal o regular, y sólo el 17% presume de hacerlo bien “siempre”, según el mismo estudio.

Diferentes insomnios

El insomnio nos puede sorprender de distintas formas, en función del momento en que aparece. Quizá el más conocido es el insomnio de conciliación, o lo que es lo mismo: el no poder dormirse. Sabes de qué hablamos: estás en la cama, dando vueltas, ahuecando la almohada, contando ovejas… y nada. También es posible que estés tan cansado que caigas redondo sobre la cama, duermas unas horas y, de pronto, despiertes mucho antes de lo necesario. A esa forma de despertar precoz también se la considera insomnio, pues comparte causas y, lo que es peor, consecuencias. Por otra parte, es también posible que suframos de algún modo insomnio pese a dormir las horas adecuadas: es el llamado “sueño no restaurador”, aquello de haber dormido, pero sentirse como si no.

Pero, ¿cuál es la causa del insomnio? Lamentablemente, no hay una sola causa y, a veces, estas son difíciles de encontrar. Si hay que apuntar a la más frecuente, tanto Pin como Montilla señalan hacia la misma dirección: los malos hábitos. “Seguir unos horarios regulares es clave para una mantener una buena higiene del sueño”, comenta Pin, aunque recalca que “tampoco hay que ser esclavos del reloj” y que un desa-juste de vez en cuando no es dramático. Eso sí, si pasas toda la semana durmiendo cinco horas al día no creas que con un maratón de doce horas el sábado vas a compensar, pues Montilla recuerda que “el sueño perdido no se recupera”.

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¡Concilia el sueño!

Aunque parezca obvio: conviene huir del ruido a toda costa, así como mantener la habitación suficientemente oscura y con una temperatura entre 18 y 20 grados. Por otra parte, hacer ejercicio físico durante el día también ayuda a conciliar el sueño; eso sí, mejor no a última hora, pues esto activa nuestro organismo y nos puede desvelar. De hecho, no es recomendable hacer gran cosa durante las dos horas previas a acostarse: comer, trabajar o realizar cualquier actividad estimulante –como ver una película de acción o echar una partida a la PlayStation– no ayuda en absoluto. Cuando hablamos de dispositivos electrónicos, además, la cosa adquiere una mayor magnitud, pues, aparte de ponernos en alerta, la luz que emiten móviles y tablets disminuye la secreción de melatonina del mismo modo que lo hace la luz solar, lo que confunde a nuestro cerebro haciéndole pensar que es de día. Por supuesto, el café y otras bebidas estimulantes no te van a hacer ningún favor si lo que buscas es dormir.

Tampoco es buena idea beber alcohol: si bien es cierto que adormece, también lo es que perjudica seriamente la calidad del sueño. Aunque no todo son prohibiciones: por suerte hay algunos trucos que pueden hacerte caer en los brazos de Morfeo. Montilla es consciente de que no hay milagros, pero apunta a terapias relajantes como yoga o Pilates como una buena manera de combatir uno de los principales cocos que nos quitan el sueño: el estrés. El tópico vaso de leche antes de acostarse también tiene propiedades conciliadoras.

Pero si nada de esto funciona y nos vemos abocados a esa pesadilla en vela que es el insomnio, no hay que perder la calma. “El sueño tiene la particularidad de que, cuanto más lo buscas, más difícil resulta encontrarlo”, comenta Pin, quien recomienda “levantarse de la cama” al primer síntoma de desvelo. Al parecer, el propio agobio ante la idea del insomnio produce un reflejo condicionado y nos pone en alerta, lo que no hace más que complicar las cosas y meternos en un círculo vicioso. ¿Qué hacer, entonces? Pin recomienda alguna actividad “que no entretenga demasiado”. Seguro que hay algún escritor que te aburra especialmente. Pongamos, Tolstói. Pues bien: no estaría de más dejar un ejemplar de Guerra y paz sobre la mesita de noche. Sólo para emergencias.

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