Hygge: así es el secreto escandinavo de la felicidad

Porque los mediterráneos no somos los únicos que saben disfrutar de los pequeños placeres de la vida
Hygge: así es el secreto escandinavo de la felicidad
Hygge: así es el secreto escandinavo de la felicidad

Parece que los europeos del sur, por más que nos tire la soleada cuenca mediterránea, no paramos de mirar al norte. El diseño escandinavo lleva años arrasando en el interiorismo europeo (y no nos referimos sólo a Ikea; no hay más que ver la fiebre por las sillas y los aparadores con patitas de madera en diagonal). Pero nuestros vecinos de allá arriba no se conforman con exportar muebles... o salmón, o reediciones de ABBA. El último concepto importado de la tierra de las galletas de mantequilla en latas redondas (esto es, Dinamarca) es el hygge (pronunciado /hu-ga/), que no tiene traducción literal al español, pero que sería algo así como 'lo cálido' o 'lo acogedor'.

Para que te hagas una idea lo más gráfica posible, imagínate una oscura tarde de invierno en la que está nevando y hace un frío que pela. Tú estás dentro de una casita de madera, con la chimenea encendida, tapado con una manta, tomando una humeante taza de té, o de café, o de lo que sea que te guste y que humee… leyendo un libro o viendo una película en buena compañía. El sofá-peli-manta de toda la vida, pero con ese punto mindfulness de disfrutar el momento, hasta tal punto que casi te entran ganas de hacer una foto cuqui para subir a Instagram. Eso es el hygge.

No te hemos puesto este ejemplo por casualidad. A fin de cuentas, recuerda que el concepto viene de Dinamarca, donde en invierno apenas gozan de cuatro horas de sol al día y la temperatura media no supera los 0º. Y aún así, lideran año tras año el ranking mundial de felicidad que la ONU elabora desde 2012. Otros países escandinavos donde también se practica el hygge están en los primeros puestos, como Islandia (tercer lugar), Noruega (4º), Finlandia (5º) o Suecia (10º). España se sitúa, en 2016, en el puesto 37º de un total de 157 países.

Y ahora es cuando tú piensas "Hey, ¡un momento! ¿Pero los países escandinavos no son también donde hay tasas de suicidio más altas?". La respuesta es 'sí'. Y la paradoja tiene su explicación: este estudio realizado por la Universidad de Warwick (Reino Unido) junto al Hamilton College y la Universidad de San Francisco (EE.UU.) y publicado en 2011 explicó que los países más felices registran más suicidios porque las personas descontentas están expuestas a entornos de personas más felices, con las cuales establecen constantes comparaciones que pueden llegar a tener consecuencias dramáticas.

Obviamente, en el nivel de felicidad de un país entero no sólo influye el hygge, sino también otros factores, como el tener una sociedad más igualitaria, con grandes prestaciones públicas, con facilidades para tener hijos, con horarios que permiten la conciliación o con una menor brecha entre géneros y clases sociales.

Aunque hablamos de contrarrestar las gélidas temperaturas de esos países con calidez, el hygge no tiene por qué estar asociado necesariamente al frío. En realidad, se trata de una actitud ante la vida: la de disfrutar de los detalles que aportan bienestar y que nos acercan a esa cosa tan compleja que llamamos felicidad. Son pequeños mimos que se concede uno mismo para regodearse en ellos. Puede ser en esa cabaña de madera, pero también disfrutando de una barbacoa al aire libre con los amigos, ese aperitivo en una terraza (que tan bien se nos da por estos lares), o el simple hecho de encender una vela en casa. Se trata de mimarte y de propiciar un ambiente acogedor para los tuyos, tanto en la estancia como en la conversación. Nada de estrés ni de cuñadismos ni de cazar Pokémons ni de estar chequeando los likes de Facebook ni de hacer de una sobremesa La Sexta Noche; hablamos de pasar juntos un tiempo de calidad. Por eso es algo que puedes añadir a tu vida sin necesidad de mudarte ni de gastar mucho dinero. Sí es cierto que el hygge, debido a su origen, tiene un carácter más hogareño del que aquí -más proclives a reunirnos en los bares- estamos acostumbrados. Funciona mejor con poca gente y en ambientes recogidos y cuidados. Es decir, un bareto que huela a fritanga, iluminado con tubos fluorescentes, servilletas tiradas en el suelo y sillas de plástico no vale como lugar hyggelig, por bien que allí te lo puedas pasar. Es algo más vinculado a la tranquilidad que a la diversión. En este libro (a la venta el 10 de enero) lo explican bastante bien.

El hygge posee también un punto de tradición. Por eso tiene más que ver con un libro que con un iPad, por ejemplo. Pasar las páginas de un volumen heredado de tu abuelo u hornear galletas en la misma bandeja que lo hacía tu madre serían muy buenos ejemplos. De hecho, los daneses más mayores ni siquiera consideran hygge ver la televisión, así que no queremos ni imaginarnos qué dirán de los teléfonos móviles.

Pero estos aparatos táctiles pegados a nuestras manos no son los únicos enemigos de lo hyggelig. La multitarea que tan bien define hoy a nuestras sociedades es absolutamente contraria a este concepto. Hablar por teléfono con tu padre mientras tienes la pechuga de pollo en la sartén y revisas tu inbox es la antítesis del hygge. Y quedarte en la oficina hasta las mil también, porque eso no te permite disfrutar del tiempo en familia, con los amigos o a solas haciendo lo que más te guste. Los daneses trabajan 36 horas semanales y su productividad es mayor que la nuestra. Ya sabes que aquí todavía prima la cultura de calentar la silla para parecer más eficiente (cuando es justamente lo contrario: ¿por qué no eres capaz de hacer tu trabajo dentro de tu horario?).

Bien pensado, el hygge es primo hermano del estilo de vida mediterráneo. La diferencia es, quizá, un mayor mimo en los detalles, un punto más fuerte de introspección y una conciencia más plena del momento en sí. Por algo ellos tienen un nombre específico para esto, cosa que nos falta a nosotros. No se trata de sustituir nada, sino de añadir y enriquecer nuestra cultura con elementos de otras. Y en eso de recopilar alimento hedonista para el Carpe diem somos unos verdaderos expertos.

 

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