La parábola de los autobuses y Sancho Panza

Últimamente oigo hablar mucho de la parábola de los autobuses, una historia que, según dicen, es obra de Jim Collins, y que les sirve a tantos grandes, pero anticuados entrenadores para justificar sus técnicas de la vieja escuela.
Guillermo Alvarado -
La parábola de los autobuses y Sancho Panza
La parábola de los autobuses y Sancho Panza

Últimamente oigo hablar mucho de la parábola de los autobuses, una historia que, según dicen, es obra de Jim Collins, y que les sirve a tantos grandes, pero anticuados entrenadores para justificar sus técnicas de la vieja escuela.

Según esta historia, había dos autobuses en un colegio: el típico antiguo amarillo y negro de las películas con un viejo, pero experimentado conductor, y otro nuevo, moderno, con todos los avances tecnológicos, pero con un joven al volante.

Según el relato, ambos tenían que atravesar la ciudad en hora punta, y llevar a los alumnos a una visita a un museo (esta parte difiere según la versión). El conductor viejo y experimentado no contaba con todos los avances tecnológicos, ni sabía conducir uno de esos autobuses tan modernos, pero conocía la ciudad, los atascos y, como ya le había pillado alguno que otro en su dilatada experiencia, disponía de una ruta alternativa.

Al final, resumiendo, el conductor joven se pierde al no conocer una ruta alternativa que le permita sortear el tráfico, llegando media hora tarde, pues no funcionaba el navegador. El chófer más veterano, sin necesidad de ninguna de estas ventajas, llega con tiempo de sobra, permitiendo a los niños jugar en los columpios mientras esperaban a sus compañeros.

Mi pregunta es: ¿Alguien se cree esta historia? No creo que la diferencia sea la edad o la experiencia, sino que uno es listo y el otro no tanto. Uno tiene capacidad de anticipación y el otro no. Uno dispone de la suficiente inteligencia para obtener unos resultados determinados con los recursos mínimos que el otro no. ¿Significa esto que el autobús antiguo sea mejor que el nuevo? Para nada. Es una parábola hecha a medida de aquellos que buscan a toda costa justificar que llegada a una edad no les apetece seguir formándose y replantearse todo aquello que, hasta ese momento, pensaban que era la panacea.

Voy a contar otra historia que creo os gustará más. Un día un cliente me dijo que en lugar de entrenar se iba a tomar un café conmigo para contarme algo que me resultaría de gran utilidad en mi carrera profesional. Según él, todo profesional pasa por tres etapas en su carrera. La primera es Sancho el bravo, en la que Sancho acaba de terminar sus estudios, tiene su cabeza llena de fundamentos teóricos respaldados por una escasa experiencia práctica, y quiere cambiar el mundo. Tras un tiempo obteniendo todo tipo de fracasos, aprende a discriminar entre fundamentos teóricos útiles y aquellos que solo sirven para rellenar los créditos que las asignaturas requieren o que profesores con la misma escasa experiencia práctica consideran que se deberían conocer. Además aprende un gran número de lecciones que los libros no le pudieron enseñar y que solo la resolución de los problemas diarios, y el ensayo-error, pueden ofrecerle. Es aquí cuando, de la mezcla entre teoría y práctica, surge Sancho el fuerte. Pasado un tiempo, Sancho cree haber obtenido toda la experiencia y formación que una profesión puede ofrecerle, y bien por el aburrimiento de la escasez de nuevos retos, o por el simple pasar de los años y deterioro de cuerpo y mente, Sancho empieza a aburrirse y a pensar en otro tipo de menesteres. Menesteres para los cuales no tendría tiempo si le dedicara a su profesión la misma dedicación que solía años atrás cuando quería cambiar el mundo. Es en este punto cuando conocemos a Sancho panza.

Al final, la moraleja, si todos vamos a pasar por estos tres estadios, sería intentar que el fuerte llegue lo antes posible para, de esta manera, empezar a crecer profesionalmente y no quedarnos estancados en el bravo como a tantos les ocurre, e intentar alargar esta fase tanto como se pueda para que, una vez llegue panza -si es que llega- nos podamos permitir apartarnos del camino y dejar que otros bravos y fuertes tomen nuestro relevo. Así, podremos dedicarnos en cuerpo y alma a la pesca, golf, las maquetas o a la colección de cualquier objeto extraño.

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