No desayunar puede hacerte engordar

Recientemente se ha celebrado en Nueva Orleans (EE.UU.) la conferencia Neurociencia 2012 con algunos descubrimientos importantes. Para aquellos que estéis pensando que esta clase de temas no van con vosotros, esperad a leer el resto del post. Veréis como esta clase de disciplinas pueden arrojar una gran cantidad de luz a temas que afectan directamente al deportista y a cualquier persona que desee alcanzar un estado de forma determinado.
Guillermo Alvarado -
No desayunar puede hacerte engordar
No desayunar puede hacerte engordar

Recientemente se ha celebrado en Nueva Orleans (EE.UU.) la conferencia Neurociencia 2012 con algunos descubrimientos importantes. Para aquellos que estéis pensando que esta clase de temas no van con vosotros, esperad a leer el resto del post. Veréis como esta clase de disciplinas pueden arrojar una gran cantidad de luz a temas que afectan directamente al deportista y a cualquier persona que desee alcanzar un estado de forma determinado.

En esta conferencia se presentó un estudio que ilustra de manera elocuente cómo funciona nuestro cerebro cuando le privamos del alimento que necesita, actuando de manera que prácticamente nos obligue a comer más. Algo que he repetido desde el Reto 2011.

El organismo lleva en este planeta muchos millones de años más que el médico más sabio y, por tanto, no puedes pretender engañarle con dietas milagrosas porque siempre te acabará pillando y haciéndote pagar las consecuencias. En su lugar debes saber qué le hace feliz (básicamente todo aquello que le “garantice” la subsistencia), y entablar una negociación. Al final, todo se reduce a “Yo te doy lo que quieres y a cambio te pido esto otro”.

En este estudio compararon mediante escáner cerebral cómo actuaba el cerebro ante la presencia de alimentos altamente calóricos en caso de haber desayunado o no, resultando mucho más atractivos e irresistibles en este último caso.

Analizando la metodología del estudio, llama la atención su pasmosa sencillez. Tan sólo les mostraban imágenes de tartas, chocolates, embutidos, y otra serie de alimentos que, lejos de ser dulces o salados, compartían el hecho de ser altamente calóricos, y analizaban la estimulación de la corteza orbitofrontal, región que se cree está involucrada en la atracción que sentimos hacia los alimentos.

Esto, si nos paramos a pensar, tiene todo el sentido del mundo. Evidentemente el ser humano en los países desarrollados tiene “garantizada” la comida desde hace apenas unos cientos de años.

De hecho, durante la Guerra Civil ni siquiera era fácil conseguirla.

Si comparamos esto con los millones de años de evolución no podemos pasar por alto que el ser humano dispone de los medios necesarios para obligarte a subsistir creando las sensaciones y pensamientos que más le interesa. Dicho de otra manera, en caso de que tu supervivencia esté amenazada, ya se encargará el organismo de que un alimento altamente calórico te resulte más apetecible que una lechuga.

La moraleja de todo este asunto no es otra que, en caso de querer perder peso y/o grasa, la restricción de alimento suele ser una solución a corto plazo pero muy mala idea a medio y largo.

Llega a un acuerdo con el organismo, dale algo que le haga pensar que no le va a faltar ningún alimento esencial y que va a poder cubrir todas sus necesidades.

Él ya se encargará de mejorar tu composición corporal con el ejercicio adecuado.

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