Los peligros de la resistencia de larga duración

Es de todos conocido las ventajas del entrenamiento para la mejora de la función cardiovascular, también denominado en algunos entornos entrenamiento aeróbico, pero pocos saben que existe un umbral a partir del cual los perjuicios para la salud superan a los beneficios. Hoy en día la célebre frase “planta un árbol, ten un hijo y escribe un libro” se ha convertido en “corre un maratón, un triatlón y termina un ironman”. La resistencia de larga duración es la última moda y para ello sólo hay que ver la progresión geométrica que están experimentando las diversas federaciones de triatlón a lo largo y ancho de todo el mundo. No obstante, el gran problema, mas allá de los perjuicios asociados directamente al alto estrés cardiovascular y articular de este tipo de pruebas debemos añadir el carácter inexperto de una gran cantidad de participantes que han encontrado en el término “triatleta” la última pegatina que lucir orgullosos en su pecho. Ahí tenemos el principal peligro de este tipo de pruebas: El creciente y desmedido ímpetu en sus participantes noveles en muchos casos inexpertos y poco preparados. ¿Sabíais que en muchas pruebas de resistencia de larga duración venden las camisetas de “finisher” al principio? Claramente los organizadores conocen el perfil de este nuevo y, en muchas ocasiones, reciente deportista.
Guillermo Alvarado -
Los peligros de la resistencia de larga duración
Los peligros de la resistencia de larga duración

Es de todos conocido las ventajas del entrenamiento para la mejora de la función cardiovascular, también denominado en algunos entornos entrenamiento aeróbico, pero pocos saben que existe un umbral a partir del cual los perjuicios para la salud superan a los beneficios. Hoy en día la célebre frase “planta un árbol, ten un hijo y escribe un libro” se ha convertido en “corre un maratón, un triatlón y termina un ironman”. La resistencia de larga duración es la última moda y para ello sólo hay que ver la progresión geométrica que están experimentando las diversas federaciones de triatlón a lo largo y ancho de todo el mundo. No obstante, el gran problema, mas allá de los perjuicios asociados directamente al alto estrés cardiovascular y articular de este tipo de pruebas debemos añadir el carácter inexperto de una gran cantidad de participantes que han encontrado en el término “triatleta” la última pegatina que lucir orgullosos en su pecho. Ahí tenemos el principal peligro de este tipo de pruebas: El creciente y desmedido ímpetu en sus participantes noveles en muchos casos inexpertos y poco preparados. ¿Sabíais que en muchas pruebas de resistencia de larga duración venden las camisetas de “finisher” al principio? Claramente los organizadores conocen el perfil de este nuevo y, en muchas ocasiones, reciente deportista.

Dentro de las ventajas del entrenamiento cardiovascular, siempre y cuando se haga en su justa medida, encontramos la mejora del perfil lipídico de la sangre, disminución del colesterol LDL, adaptación de todo el sistema circulatorio para una mayor eficiencia de todo el bombeo de sangre, más oxígeno en sangre lo que propicia un mayor rendimiento y recuperación de los tejidos, aumenta la capacidad detoxificante del organismo, estimulamos el sistema inmune, y también las endorfinas... aunque esto no está demostrado que suponga un beneficio (soy consciente de que la creencia popular es todo lo contrario). Pero esto es tan sólo la punta del iceberg. Cuando los médicos empezaron a recomendar ejercicio cardiovascular como factor de salud en personas sedentarias nadie pensó en varias horas de entrenamiento diario o en la práctica sistemática de maratones y triatlones. Podemos decir, sin lugar a dudas, que se nos está empezando a ir de las manos la habitual e histórica relación entre salud y ejercicio cardiovascular.

A partir de una determinada cantidad de ejercicio cardiovascular empiezan a aparecer ciertos perjuicios para la salud. Debido a la resistencia de larga duración, el organismo entra en un estado catabólico que, según la dureza, duración, y recuperación puede convertirse en un estado crónico debido a la cantidad excesiva de cortisol generada donde la pérdida de masa muscular es constante. Debemos recordar que esta masa muscular es la primera linea de defensa de todo el sistema esquelético y aporta estabilidad a las articulaciones. Además, la fuerza y masa muscular de una persona está directamente relacionada con su mineralización ósea de manera que una pérdida de masa muscular o fuerza va asociada a una potencial pérdida de densidad de los huesos. También provocamos microroturas en el corazón debido al alto estrés que al cicatrizar dejan una marcas que muchas no llegan a desaparecer jamás y que afectan a su funcionalidad como veremos en los estudios que presentaré más adelante. También, a diferencia del ejercicio cardiovascular moderado, el sistema inmune se ve comprometido debilitando su funcionamiento y disminuyendo su capacidad de respuesta, aumenta excesivamente la oxidación celular y los marcadores de inflamación.

No voy a entrar en el tema de la muerte súbita en deporte porque me parece demasiado evidente pero tan sólo diré que el riesgo de sufrir muerte súbita a lo largo de un maratón se multiplica por siete según los estudios cuando el ejercicio aeróbico moderado lo disminuye entre dos y tres veces. Es muy posible que esto ocurra debido a que hay corriendo mucha gente que no debería pero también esto se solucionaría si los organizadores obligaran a presentar en la inscripción un certificado médico de aptitud donde un médico especialista certificara que el individuo en cuestión es apto para tal prueba. Claramente esto afectaría al número de inscritos y eso no interesa a la organización. No obstante, en pruebas como el North Face Ultra Trail du Mont Blanc ya lo exigen y no me queda más que quitarme el sombrero. Así sí señores. Hace poco, en el programa SER Saludable de la Cadena SER, Cristina Pérez, médico deportivo, contaba que en Italia, desde los años 80, es obligatorio para participar en competiciones, incluidas las 'amateur', aportar un certificado médico de aptitud con un electrocardiograma basal y una prueba de esfuerzo, preferentemente máxima. De esta forma la muerte súbita en deportistas se ha reducido un 89% respecto al índice anterior a establecer esta obligación. Pero tal y como decía anteriormente esto no interesa a los organizadores de las pruebas de resistencia más carismáticas, sobre todo si su éxito se mide por el número de participantes.

Si nos centramos únicamente en los diferentes estudios llevados a cabo en los últimos 7 años para valorar la seguridad del entrenamiento de resistencia de larga duración encontramos lo siguiente:

1.- En el 2006 un estudio analizó a 60 participantes no profesionales escogidos al azar del maratón de Boston. Observaron una disminución de la función sistólica en el ventrículo derecho provocado, según postularon, por un aumento de la inflamación y una disminución del riego sanguíneo. Estas fueron las conclusiones:

“Completion of a marathon is associated with correlative biochemical and echocardiographic evidence of cardiac dysfunction and injury, and this risk is increased in those participants with less training”

2.- En el Canadian Cardiovascular Congress realizado en Montreal en el 2010 se expuso que el entrenamiento cardiovascular moderado podía reducir entre dos y tres veces el riesgo de sufrir una cardiopatía. Sin embargo, el riesgo de sufrir una de estas patologías, muchas de las cuales pueden llegar a ser letales, se multiplican por siete en el entrenamiento o competición de disciplinas como maratón, triatlón, y otras disciplinas de larga duración.

3.- Otro estudio con fecha del 2010 presentado por el American College of Cardiology observó que los deportistas de resistencia de larga duración tenían más calcificaciones en sus arterias. El autor del estudio, el Dr Jonathon G. Schwartz, del departamento de medicina interna en la universidad de Colorado decía al respecto: “Not only were elite runners just as likely as sedentary people to have calcium plaque in their coronary arteries, they actually appear to have more.” El estudio concluye:

“Long term endurance running in marathoners increases coronary calcifed and noncalcifed plaque volume. Benefits to long term, high volume endurance training for overall health may be counterbalanced by metabolic and mechanical considerations for enhancing coronary plaque growth. Increased calcifcation may be a response to high exercise levels across a lifetime”

4.- Ya en el 2011 un estudio publicado en el Journal of Applied Physiology observó que en un 50% de los individuos con un importante historial de participación en maratones se encontraban importantes cicatrices en su músculo cardiaco como consecuencia del alto estrés al que había sido sometido. Las conclusiones no dejan lugar a dudas:

“An unexpectedly high prevalence of myocardial fibrosis (50%) was observed in healthy, asymptomatic, lifelong veteran male athletes, compared with zero cases in age-matched veteran controls and young athletes. These data suggest a link between lifelong endurance exercise and myocardial fibrosis”

5.- Otro estudio publicado ese mismo año en el Medicine and Science in Sports and Exercise analizó 100 corredores aficionados de maratón observando niveles altos de arteriosclerosis:

“The prevalence of carotid and peripheral atherosclerosis in marathon runners is high and is related to cardiovascular risk factors and the coronary atherosclerotic burden. Remodeling of peripheral arteries is greatest in runners with the most evidence of atherosclerosis. These data support an increased awareness of atherosclerosis prevalence and cardiovascular risk factors in marathon runners”

6.- Ya en el 2012 encontramos otro estudio, esta vez en el European Heart Journal, que relaciona entrenamiento de resistencia de larga duración con altos niveles de enzimas cardiacas (marcadores de lesiones en el corazón), y una disminución de la función del ventrículo derecho después de las pruebas.

“Intense endurance exercise causes acute dysfunction of the RV, but not the LV. Although short-term recovery appears complete, chronic structural changes and reduced RV function are evident in some of the most practiced athletes”

7.- Ese mismo año, También en el British Medical Journal nos hablan de las cardiomiopatías habituales que se encuentran en el ventrículo derecho debido al estrés que esta parte del corazón recibe durante la práctica del ejercicio de resistencia de larga duración:

“It is postulated that repetitive Right Ventricle microtrauma may result in chronic Right Ventricle structural and functional changes, and proarrhythmogenicity, in some endurance athletes. This syndrome is called ‘exercise-induced RV arrhythmogenic cardiomyopathy”

8.- A esto debemos añadirle otro estudio publicado ya en el 2013 en el Journal Arteriosclerosis, Thrombosis and Vascular Biology donde se observa que si tu objetivo es reducir el riesgo asociado a patologías como diabetes, colesterol, hipertensión, y diversas cardiopatías, andar aporta los mismos beneficios que correr ante misma energía consumida:

“Equivalent energy expenditures by moderate (walking) and vigorous (running) exercise produced similar risk reductions for hypertension, hypercholesterolemia, diabetes mellitus, and possibly coronary heart disease”

9.- Para terminar de poner la guinda al pastel, me guardo la mejor de las referencias. Un informe de la Clínica Mayo publicado en el 2012 donde se cruzan los resultados de 68 estudios que analizan la relación entre resistencia de larga duración y salud y cuyo titular Potential adverse cardiovascular effects from excessive endurance exercise muestra la postura de esta prestigiosa institución al respecto. Las conclusiones del estudio son las siguientes:

“Individuals, long-term excessive endurance exercise training (ET) may cause adverse structural and electrical cardiac remodeling, including fibrosis and stiffening of the atria, right ventricle, and large arteries. This theoretically might provide a substrate for atrial and ventricular arrhythmias and increase cardiovascular (CV) risk. Further investigation is warranted to identify the exercise threshold for potential toxicity, screening for at-risk individuals, and ideal ET regimens for optimizing CV health. For now, on the basis of animal and human data, CV benefits of vigorous aerobic ET appear to accrue in a dose-dependent fashion up to about 1 hour daily, beyond which further exertion produces diminishing returns and may even cause adverse CV effects in some individuals”

En dicho review se aprovecha para citar las recomendaciones que tanto la American Heart Association como el American College of Sports Medicine comparten relacionadas con la práctica del ejercicio cardiovascular con fines saludables. Como norma general en adultos se recomienda al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado o 75 si este se realiza a alta intensidad. También dice que algunos grupos deberán realizar más ejercicio. Aquellos expuestos a un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares deberán hacer de 30 a 60 minutos diarios a intensidad moderada, 45 a 60 minutos diarios si el objetivo es prevenir la obesidad o evitar ganar peso, y entre 60 y 90 si fuiste obeso en el pasado y tu objetivo es evitar volver a serlo.

Podemos estar más o menos de acuerdo con las recomendaciones de estos organismos pero una cosa queda clara y es que ninguno de ellos entiende la resistencia de larga duración, mucho menos la participación en maratones o triatlones, como herramienta de salud. Una cosa es la satisfacción que algunos obtienen del hecho de conseguir aquello que parecía que no era posible o que está reservado a unos pocos, pero otra muy diferente es querer hacerlo o, más bien, vendérselo a los demás, como que se hace como herramienta para la mejora de la salud.

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