El hombre que adelgazó en el McDonald’s

He leído en el blog de Mikel López Iturriaga, conocido también como El comidista, la noticia de un hombre que perdió peso comiendo durante 3 meses en McDonald’s. Es más, John Cisca, profesor de ciencias de un instituto de Iowa y la persona que se sometió a este “experimento” de 90 días, perdió 17kg y, lo que es más impresionante, bajo sus niveles de colesterol en este tiempo. Pero, antes de que empecéis a mirar con recelo vuestro plato de verdura y comencéis a correr como locos hacia los establecimientos de McDonald’s, vamos a analizar un poco más la noticia.
Anabel Fernández -
El hombre que adelgazó en el McDonald’s
El hombre que adelgazó en el McDonald’s

He leído en el blog de Mikel López Iturriaga, conocido también como El comidista, la noticia de un hombre que perdió peso comiendo durante 3 meses en McDonald’s. Es más, John Cisca, profesor de ciencias de un instituto de Iowa y la persona que se sometió a este “experimento” de 90 días, perdió 17kg y, lo que es más impresionante, bajo sus niveles de colesterol en este tiempo. Pero, antes de que empecéis a mirar con recelo vuestro plato de verdura y comencéis a correr como locos hacia los establecimientos de McDonald’s, vamos a analizar un poco más la noticia.

¿Cómo se consiguió la pérdida de peso?

Como toda pérdida de peso, lo que se hizo en este caso es limitar la ingesta de calorías de John a 2000kcal e invitarle a hacer un poco de ejercicio, en este caso, salir a pasear 45 minutos cada día. Teniendo en cuenta que el profesor pesaba 127kg, si calculamos su gasto energético total según las ecuaciones propuestas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y sabiendo que realizaba una actividad ligera, vemos que Jonh tenía un gasto energético total de unas 3000kcal.  Es decir, con esta alimentación se conseguía un balance energético negativo de 1000kcal diarias, con lo que la pérdida de peso era totalmente previsible.

Para conseguir esto, evidentemente, al contrario que el protagonista del documental Super Size me que se dejó llevar por las ofertas de la cadena de comida rápida y comía las porciones más grandes siempre que se las ofrecían, nuestro protagonista intentó, junto a sus alumnos, organizar una dieta que se ajustara a las recomendaciones nutricionales teniendo en cuenta la información de los productos que aparece en la web de Mcdonald’s.

Pese a los resultados, que pueden resultar esperanzadores para todos los amantes de las hamburguesas, considero que la alimentación debió resultar bastante monótona puesto que la oferta de alimentos poco calóricos de la cadena de comida rápida es escueta (algo que todavía sería peor si se hiciera este experimento en España puesto que, la oferta de productos, aquí es más limitada). Y, por otro lado, aunque la dieta intentase ajustarse a las cantidades de macronutrientes (carbohidratos, grasas y proteínas) y colesterol seguramente sería carente en algunos nutrientes puesto que la alimentación se basaría solo en los productos que ofertan en Mcdonald’s (hamburguesas, ensaladas, patatas fritas, pescado frito, alitas fritas, etc, etc, etc.). Por tanto, aunque si limitamos las calorías y conseguimos un balance energético negativo conseguiremos perder peso, también es importante tener en cuenta que la dieta que nos propongamos debe ser equilibrada para evitar que, a la larga, nuestra alimentación no nos pueda crear problemas.

Culpables del sobrepeso y la obesidad. Se abre el debate.

Lo que este profesor de ciencias quería demostrar con este estudio no era que debes ir a Mcdonalds para perder peso sino que, lo que importa no es tanto un producto dentro de la dieta sino el global de la dieta en sí y que, y aquí es donde surge el debate, los verdaderos responsables de lo que comemos y de nuestro posible sobrepeso (u obesidad en su caso) somos nosotros y las decisiones que tomamos.

Evidentemente creo que todo el mundo tiene la última palabra a la hora de decidir que quiere comer y para ello son importantes dos cosas: tener la información necesaria para saber qué es lo que realmente se debe comer, es decir, educación nutricional (algo que considero que puede mejorar bastante todavía entre nuestra población) y, por otra parte, querer comer bien. Porque no nos engañemos, a veces sabemos que no estamos comiendo bien pero nos cuesta resistirnos.

De todas formas, pese a esto, pienso que no toda la culpa puede echársele al individuo. Está claro que si nos bombardean con anuncios de comida basura (¿has visto muchas frutas anunciadas? Porque puede que los de “5 al día” no tengan el mismo presupuesto en publicidad que esta gran compañía), te rodean de comida rápida y existen a tu alrededor ofertas que hacen que esta alimentación sea mucho más barata que la comida saludable, podrás decidir, pero te lo están poniendo bastante difícil.

Y ¿tú qué opinas? ¿Se debería limitar la publicidad o encarecer con algún tipo de impuesto de productos poco saludables (como en algún caso ya se ha propuesto)? ¿O se debería confiar en el que la población va a saber escoger?

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