¿Hambre física o ansiedad? 5 claves para diferenciarlas

Anabel Fernández -
¿Hambre física o ansiedad? 5 claves para diferenciarlas
¿Hambre física o ansiedad? 5 claves para diferenciarlas


¿Tienes la sensación de que siempre tienes hambre y no sabes cómo parar de comer? Puede que tu problema no sea precisamente el hambre, sino que ese vacío que sientes en mitad de tu estómago no venga de tu estómago sino de tu cabeza. Para empezar a solucionar ese problema, que muchas veces nos lleva a ingerir alimentos de más (y a crear michelines de más), lo primero que tenemos que hacer es detectarlo. Si te dices a ti mismo tengo hambre, difícilmente te resistirás a ir a la cocina a buscar cómo alimentarte, pero si sabes diferenciarlo y te dices a ti mismo, tengo ansiedad o hambre emocional, puede que te lo pienses dos veces, ya que tu cuerpo no necesita nada. En este caso, la que busca ayuda es tu mente. ¿Quieres aprender a diferenciarlas? Hazte las siguientes preguntas: 



¿El hambre ha aparecido de repente?


Seguro que alguna vez has vivido esta situación: estás tranquilamente estudiando, o aburrido en el sofá o llegas a casa después de un ajetreado día de trabajo y de golpe ¡un hambre inmensa aparece de repente! ¿De dónde ha salido esto, si hace 5 minutos estaba bien? Este es un claro indicativo de que no tienes hambre física. El hambre física, al contrario que la emocional aparece progresivamente y va aumentando poco a poco. El caso contrario no es más que aburrimiento, estrés o búsqueda de recompensa, entre otras de las muchas cosas que te pueden causar esta sensación.



¿Puedes comer cualquier cosa?


Tienes hambre, o eso crees, de hecho estás muerto de hambre, y tienes una estupenda manzana delante de ti pero en lugar de lanzarte a por ella, cómo debería ser normal en tu estado, sabes que sólo dejarás de tener hambre si te comes ese trozo de chocolate, o ese donut, o ese queso…¡Ahí lo tienes! Otro signo inequívoco de que tu estómago está más que servido. El hambre física se puede cubrir con cualquier alimento pero, si tú sólo puedes pensar en ESE en concreto que se te ha metido en la cabeza, no tienes hambre real, en este caso es emocional.



¿Puede esperar o tiene que ser justo ahora?


Cuando el hambre es emocional, la espera para comerte esa delicia se hace casi insoportable, las ganas de zamparte eso que tienes entre ceja y ceja no paran de subir, cada vez piensas más en ello, y ¡qué leches!, ahora en lugar de 1 galleta mejor me voy a comer 6. Por el contrario, a no ser que lleves muchas horas sin comer, el hambre física puede esperar. No nos viene de 5 minutos, y llegado el momento lo haremos con tranquilidad.



¿Sigues comiendo aunque estés lleno?


No nos engañemos, la comida es el ansiolítico más usado en nuestra sociedad. Nos da placer, nos da alegría, nos quita el estrés y eso nos hace comer mucho más de lo necesario y con mayor velocidad. Si cuando empiezas a comer sigues comiendo aunque estés lleno. Este es un signo inequívoco de que tu hambre seguramente no es real. Por  el contrario, si paramos al estar saciados, seguramente estábamos respondiendo a una sensación de hambre física.



¿Te sientes culpable al terminar?


Si tu respuesta es sí, lo habitual (salvo algunas excepciones de patologías concretas o de una mala relación con la comida) es que no estés cubriendo un hambre física, sino que hayas comido por hambre emocional. Al responder a las demandas reales de tu cuerpo, lo habitual es sentirse satisfecho, la culpabilidad por el contrario suele indicar que has comido sin hambre, no lo más adecuado y en mayor cantidad de lo necesario.


Buscar la solución a este hambre emocional es posible, ya sea por tu cuenta o con la ayuda de un dietista-nutricionista o de un psicólogo o coach, pero detectarlo es sin duda el primer paso. Si empiezas a ser consciente de cuando esa sensación de hambre es real o no será cuando puedas empezar a buscar la solución.

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