De Irán a Pakistán

La necesidad de encontrar un lugar en dónde cobijarme me asaltó nada más pasar la frontera iraní. Pedaleé con fuerza durante tres horas sin poder sacarme de la cabeza el aviso del grave peligro que corría de ser víctima de un asalto con violencia en el territorio persa. Nada más llegar a Khajal, entré en un pequeño local para escapar del frío de la noche. Fue allí dónde conocí a Ali, un hombre que, sin dudarlo un segundo, que me ofreció pasar la noche en su humilde taller. Había encontrado lo que estaba buscando.
Javier Colorado -
De Irán a Pakistán
De Irán a Pakistán

La necesidad de encontrar un lugar en dónde cobijarme me asaltó nada más pasar la frontera iraní. Pedaleé con fuerza durante tres horas sin poder sacarme de la cabeza el aviso del grave peligro que corría de ser víctima de un asalto con violencia en el territorio persa. Nada más llegar a Khajal, entré en un pequeño local para escapar del frío de la noche. Fue allí dónde conocí a Ali, un hombre que, sin dudarlo un segundo, que me ofreció pasar la noche en su humilde taller. Había encontrado lo que estaba buscando.

Después de ofrecerme una surtida cena, Alí sacó de una bolsa una plasta negra y arranco una porción como si de plastelina se tratase. Le dio forma plana y circular, lo unió a un trozo de alambre y calentó otro en el fuego hasta que este se puso al rojo vivo. Con una mano sujetaba el fino metal con la extraña sustancia en su extremo, y con la otra le acercaba el incandescente hierro. Sorprendido por la desconocida situación, le pregunté sobre aquella extraña sustancia, pero no entendí en ese momento la explicación. Mas adelante del viaje, me comentaron que era opio.



En mi camino a Teherán, me advirtieron en repetidas ocasiones del peligro que corría de recibir un violento atraco en Irán. Pero la verdad, es que en ningún momento temí por mi seguridad. La amabilidad y hospitalidad iraní, pronto alejaron todos los temores de mi mente. El dia de Nochebuena, pedaleando para llegar a la ciudad de Tabriz, conocí a Akbar en medio de la carretera. Este amante de la bicicleta, el deporte y la aventura, me obsequio con una bebida energética, comida y la lista de amigos suyos en Irán para que me hospedaran.

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Antes de llegar al centro de la ciudad de Tabriz, paré a las afueras para cenar en un restaurante. Entré en un discreto establecimiento y allí conocí a un al joven iraní de 21 años que trabajaba en la cocina. Casualmente también se llamaba igual que mi primer anfitrión en el país, Ali. No solo me dio de cenar, sino que también me ofreció quedarme a dormir en el almacén del restaurante, donde el pasó también la noche para hacerme compañía. Nuestros diferentes gustos futbolisticos no impidieron que creciera nuestra amistad

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En tan señaladas fechas, la melancolía que me producía estar  lejos de la familia, fue levemente mitigadas al poder dormir caliente bajo techo, con el estómago lleno y en agradable compañía. A medida que avanzaba hacia Teherán, cada día hacia menos frío e iba dejando la nieve atrás. Las temperaturas se acercaban cada vez mas a los 0ºC por la noche, y de día rondaban los 10 ºC. En la ciudad de Zanjan conocí a Baback, un iraní que me prestó su teléfono para llamar a Behnam, uno de los contactos de la lista de Akbar.

Behenam me hospedó en su casa, compartió conmigo su pasión por la bicicleta y la escalada. Mientras cenábamos, me contó lo duro que se le hacia vivir en Irán, a raíz de que ganaba muy poco dinero en su trabajo, y cada vez que se emprendía en un viaje con su bicicleta fuera del país, el cambio de moneda le acortaba los días de aventura. No dudé ni un segundo en mostrarle mi apoyo, para que si en un futuro tiene intenciones de venir a España en busca de trabajo, que siempre tuviera en cuenta que mi casa y mi amistad estarían siempre a su disposición.

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Después de atravesar las ciudades de Tabriz, Miyaned, Zanjan, Qazvin, Nazarabad, finalmente llegaba a Teherán. Nada mas llegar al centro, busqué un teléfono público en la estación de autobuses para llamar a Tazu. Pero antes de llegar a la cabina, la bicicleta y mi aspecto de turista llaman rápidamente la atención de los iraníes, formándose un revuelo de gente alrededor mío en cuestión de segundos, dispuestos ayudarme.  Uno de ellos saca rápidamente su teléfono móvil para llamarla, me pone en contacto con ella y me comunica que por la mañana se había lesionado la rodilla, y que no le es posible venir a buscarme. Pero el amable ciudadano se ofrece a buscar la dirección y a guiarme en coche hasta la su casa.

Tanto a ella como a mi nos parece bien, por lo que me pongo en camino siguiendo al vehículo con mi bicicleta, atravesando el caótico trafico de Teherán. Pero al llegar a nuestro destino, algo no iba bien. Tazu había salido urgentemente de su casa con la excusa de ir al hospital a raíz de su lesión en la rodilla, debido a que aquel amable ciudadano la había comunicado que era un policía de incógnito. Al parecer, esta terminantemente prohibido que una mujer soltera reciba a un invitado en su casa. La única solución para aquella situación, fue pasar la noche en un hotel totalmente alejado de mis posibilidades económicas, y esperar al día siguiente hasta que todo el temporal hubiera pasado.

Por la mañana vuelvo a ponerme en contacto con Tazu por medio del teléfono del hotel, y me hospeda esa noche en su casa. Era el día de Fin de año y también el aniversario de la muerte del profeta Mohamad. Esa misma noche me invita a una fiesta y me tomo las uvas a las 00:00 siguiendo nuestra tradición. Ademas tenían preparado un bufet de carnes, arroces, guarniciones, postres...fue una gran cena de noche vieja, que me hizo sentir en familia.

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Al irme a dormir esa noche, antes de cerrar los ojos miro la hora y justo eran las 02:30, las 00:00 en España. La melancolía se apodero de mi mente, imaginando a mis familiares y amigos tomando las uvas, disfrutando de la Noche Vieja y dando la bienvenida al año nuevo. Al despertar, seguí con una tradición para mi de año nuevo. Ver una película de dibujos animados acurrucado en el sofá, tapado con una calentita manta. Tazu me hizo sentir como en mi propia casa. En los días venideros, Tazu me hospeda en su hogar, me enseño la ciudad y me llevo de excursión a los Montes Alborz.

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Intento trabajar todos los días en mis publicaciones de las redes sociales, pero desde que se acabó la monarquía en Irán hace mas de 30 años, el país vive bajo una estricta censura. No puedo acceder ni a Facebook y ni al Twitter, y mi tarjeta de crédito no es aceptada en ningún banco. Empiezo con el tramite para el visado pakistaní y finalmente me es concedido. Antes de despedirme de Tazu y de su gran hospitalidad, consigo encontrar una agencia de viajes que me proporciona dinero en metálico, a traves de una transferencia bancaria bajo unos fuertes intereses del 11%. Después de agradecer a Tazu toda su generosidad y con el visado de Pakistán en mi pasaporte, pongo rumbo a la ciudad de Zahedan para coger un tren, atravesar Pakistan, y llegar a la India. Salgo a contrarreloj. Tramitar el visado me llevo demasiados días. Tomo la decisión para acortar distancias de no visitar las ciudades de Esfahan y Shiraz. Aun así me separan mas de 1400 Kilómetros hasta Zahedan, pero estoy decidido a pedalear con fuerza para llegar a tiempo al tren que sale en 10 días.

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El desierto es llano y no tengo ningún puerto de montaña, pero el tiempo es muy variable. Un día el sol brilla y la temperatura es de 18 ºC de día y 3ºC de noche, consiguiendo avanzar mas de 140 Kilómetros por etapa. Pero otros días me enfrento a fuertes nevadas, temperaturas bajo cero o tormentas de arena, relentizando mi avance y acortando las etapas, pero derramando sudor en todas y cada una de ellas para conseguir llegar a tiempo a mi destino.

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Atravieso las ciudades de Qom, Kashan, Naein, Ardakan, Yazd, Kerman y Bam. Pero un nuevo problema se presenta. La cubierta de la rueda trasera esta muy deteriorada después de más de 8000 Kilómetros y los pinchazos no dejan de producirse, y la imposibilidad de acceder a repuestos me lleva a valerme de mi ingenio. Cambio de posición la cubierta  delantera y la instalo en la rueda trasera, ya que esta apenas contaba con 4000 Kilómetros y estaba en mejores condiciones. Para reforzar la rueda que tanto peso aguanta y soporta la tracción, abrí en canal una de las cámaras pinchadas, la utilice de envoltura para la cámara en perfectas condiciones, e introduciendo ambas unidas de nuevo en la cubierta de la rueda, otorgando una barrera extra a los pinchazos a mi fiel compañera. El invento funciono y una vez mas conseguí seguir adelante, pero lamentablemente no llegue a tiempo a la ciudad de Zahedan y el tren salió sin mi en su interior.

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Desde la ciudad de Bam hasta Zahedan, pedalee 149 Kilometros y avancé ese mismo día los últimos 150 en autobús, para llegar con tiempo suficiente a la ciudad de Zahedan antes de que finalizara mi visado. Una vez allí, debía informarme de los autobuses disponibles para llegar hasta Quetta, utilizando el único medio de transporte que se amoldaba a mi bolsillo.

Después de pasar la noche en la estación de autobuses, me veo obligado a alquilar un coche privado para llegar a la frontera con Pakistan, puesto que en el abarrotado autobús no quedaba espacio para mi equipaje. Pero pude evitar pedalear en aquella carretera, la cual las autoridades iraníes me habían desaconsejado transitar con mi bicicleta.

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Cuando llegué al paso fronterizo, me despedía de un país que me había tratado con gran cariño y respeto. De los 28 días que duro mi estancia, fui hospedado 21 de ellos, recibiendo alimento y el aprecio de esta encantadora población. Por delante me quedaba atravesar Pakistán, llegar en autobús hasta Quetta y viajar desde allí en tren hasta Lahore y así alcanzar la India. En mi paso por Irán me enfrenté a nuevos retos y obstáculos. En la vida nos cruzamos a diario con nuevos baches en el camino, pero sólo nosotros podemos decidir enfrentarlos y superarlos para seguir adelante.

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