Diario de viaje: Relato de la fatídica etapa de Pakistán

Si habéis seguido mis diarios de viaje, ya estaréis al tanto de las dificultades con las que me encontré a mi paso por Irán. Pero al final resultaron no ser nada en comparación con lo que me esperaba en la siguiente ruta de mi viaje al mundo: el Pakistán. Un atentado a mitad del camino, metralla en mi cabeza y varios fallecidos resumen una experiencia que intentaré explicaros desde un principio.
Javier Colorado -
Diario de viaje: Relato de la fatídica etapa de Pakistán
Diario de viaje: Relato de la fatídica etapa de Pakistán

Si habéis seguido mis diarios de viaje, ya estaréis al tanto de las dificultades con las que me encontré a mi paso por Irán. Pero al final resultaron no ser nada en comparación con lo que me esperaba en la siguiente ruta de mi viaje al mundo: el Pakistán. Un atentado a mitad del camino, metralla en mi cabeza y varios fallecidos resumen una experiencia que intentaré explicaros desde un principio.

Nada más pasar la frontera y entrar en Pakistán, un agente me conduce al cuartel de policía. Hablo con el hombre al mando y le comunico mis intenciones de viajar en autobús hasta la ciudad de Quetta, para luego llegar a Lahore en tren. Acto seguido me comunica que el autobús no es un medio seguro y que a partir de ese momento hasta mi llegada a Quetta, estaría bajo la escolta de los Levis de Beluchistan.



Esa noche la pasé en el cuartel, bajo su protección, y a la mañana siguiente me subo junto todo mi material en un vehículo de los Levis de Beluchistan. En cada punto de control, registraron mi pasaporte, me cambiaron de escoltas  (a medida que acababa la juridisticción de unos y comenzaba la de otros) también de vehículo.

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En la mañana de mi tercer día en Pakistán, me escoltaron en un nuevo vehículo. A medida que avanzábamos hacia Quetta, los puestos de control eran mas numerosos debido a la zona de riesgo que atravesábamos, y ningún vehículo circulaba sin la protección de las fuerzas de orden pakistaníes.

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Al atardecer y a escasos kilómetros de llegar a mi destino, me dispuse a realizar un último cambio de vehículo en un nuevo puesto de control. Pero la situación era diferente: la presencia de militares era la más numerosa que había visto hasta el momento, y una larga caravana de vehículos se adentraba por la carretera entres las rocosas montañas. Saqué mi cámara de video para grabar una toma del vídeo documental que estaba llevando acabo de la región. En ese momento en que estaba levantado en el maletero de la furgoneta pick up, ocurrió la tragedia. Una ensordecedora detonación seguida de una enorme bola de fuego, destrozando un autobús de pasajeros y provocando la muerte de 24 inocentes.

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Paralizado por el terrorífico acontecimiento, permanezco inmóvil varios segundos observando la devastadora explosión. Sólo el sonido de los disparos y el silbido de las balas, hacen que reaccione, salte del maletero y corra para salvar mi vida, poniéndome a cubierto detras de una pequeña casa que estaba a escasos metros de mi posición. Todos los civiles abandonaron rápidamente la zona, todos menos yo. Estaba bajo la protección de los Levis de Beluchistan y debía permanecer con ellos. Me ordenaron que volviera al vehículo y esperé durante  horas, observando el continuo ir y venir de militares y fuerzas del orden pakistaníes, a que pudieran trasladarme de forma segura a un cuartel situado a pocos kilómetros y pasar la noche bajo tu tutela.

Una vez en el cuartel, me esforcé por dormir unas horas, pero tenía la mente poblada de imágenes del terror de la guerra. Los Levis de Beluchistan consiguieron calmar mi estado, tratándome en todo momento con tremendo amor y cariño. Los Levis de Beluchistan, para mi los héroes de Beluchistan, me acogieron en sus brazos en todo momento, compartieron su comida conmigo ofreciéndome las raciones mas abundantes, me proporcionaron siempre el lugar mas cálido y confortable de la habitación para dormir, y en ningún momento me pidieron nada a cambio. Su único deseo es que toda persona que pase por ese lugar, pueda hacerlo de una forma libre y segura.

Por la mañana pasamos enfrente de los restos del autobús que sufrió el atentado del día anterior, y avanzamos por la única carretera que llega a Quetta atravesando la montaña. Sólo mi vehículo se adentró en la zona; en su interior sólo vamos el conductor y un escolta que viaja en la parte trasera junto a mi. En el momento en que dejamos atrás los restos metálicos del vehículo carbonizado con 24 almas, todo mi cuerpo se queda rígido y en tensión al ser consciente de la peligrosa zona que nos disponíamos a atravesar. A los pocos minutos, detona una granada de mano a nuestro paso, alcanzándome una esquirla metálica de metralla en la cabeza. Rápidamente nos ponemos el escolta y yo a cubierto, tumbándonos en el suelo del maletero mientras el conductor acelera a fondo para escapar de las ráfagas de disparos.

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La sangre empieza a brotar de la herida y pronto forma un charco de sangre. El conductor me lleva a una clínica cercana sin perder ni un sólo segundo, donde me hacen un primer análisis y recibo atención sanitaria. Gracias a Dios, el escolta y el conductor salen ilesos y solo sufro una herida leve.

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Tan pronto como me fue posible, me trasladaron al hospital militar de Quetta, donde me hiceron un chequeo completo y recibí la atención del alto mando militar; el cual me puso inmediatamente en contacto con mi embajada. El ejercito militar pakistaní, tomo la decisión de ponerme a salvo evacuándome en un avión de pasajeros hasta la ciudad de Lahore, donde me hospedé en un hotel.

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Pasé toda la noche en vela sin poder dormir ni un solo segundo. A las 10:00 de la mañana se presentaron varios hombres del servicio de inteligencia militar pakistaníes, para comunicarme de que era noticia en todo el país, que mi imagen, mi ubicación y mis intenciones de ir a la India, eran de dominio publico. Podía ser nuevamente el medio para enviar el mensaje de terror por parte de los criminales que asolan el país de Pakistán. Pero no iba a dar ni un solo paso sin comunicárselo a mi embajada, la cual decidió, que antes de ser trasladado, debía recuperarme emocionalmente, para evitar ser ingresado por skock postraumático sin estar bajo la tutela de mi embajada. Por lo que me quedé ese día en el hotel, fui escoltado en todo momento por los servicios especiales de seguridad del gobierno pakistaní, y a las 23:00, después de mas de 52 horas estando despierto, conseguí encontrar 7 horas de descanso. Por la mañana me escoltaron hasta la frontera, donde salí de Pakistan y entré en la India.

Lamentablemente, estos sucesos  sólo tienen eco en los medios de comunicación internacionales, cuando un turista extranjero se ve envuelto en ellos. Pero la realidad,  es que el conflicto bélico esta a las puertas de las casas de los  ciudadanos pakistaníes, y  diariamente policías y militares, dan la vida por proteger a los  ciudadanos de a pie del terror de la guerra. Siempre estaré eternamente agradecido a las Fuerzas de Seguridad Pakistaníes, a la Embajada Española y al Ministerio de Asuntos Exteriores Español. En mi corazón siempre llevaré a los 24 fallecidos en el atentado del 21 de Enero, a los policías que perdieron la vida en los ataques del 22 de Enero, y a todos los Levis que protegen día a día la libertad de Beluchistán.

Cuando entré en la India, se acabó la jurisdicción de la escolta. Me subí de nuevo a la bicicleta, la cual no había montado desde mi ultima etapa a Zahedan, y pedaleé hasta la ciudad de Amritsar. Apenas fueron 30 Kilómetros, pero en cada pedaleada un mensaje cobraba cada vez mas fuerza en mi cabeza: "Se acabo vivir con miedo".

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En la noche que pasé en el hotel de Dalbandin, me dejaron leer un libro de un fotógrafo europeo, que viajo en coche hasta Bangladesh recogiendo las ideas de libertad de las personas que fotografiaba por el camino. Esa noche pensé mucho en mi idea de libertad, y escribí en mi diario de viaje personal, que ser libre significa:

Vivir aprendiendo de las derrotas, y compartiendo las victorias personales,


vivir sin temer perseguir un sueño, luchando por el cada día,


vivir mostrándonos al mundo, tal y como somos,


vivir agradecidos, de ver una nueva mañana,


vivir, sin miedo.

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