Fracasar te ayuda a triunfar

Mis padres decidieron quitarme las ruedecitas laterales de la bicicleta a los 3 años para proponerme mi primer reto deportivo: ir sin ellas. Mamé la salud y ejercicio físico desde que aterricé en este mundo.
Fito Florensa -
Fracasar te ayuda a triunfar
Fracasar te ayuda a triunfar

Mis padres decidieron quitarme las ruedecitas laterales de la bicicleta a los 3 años para proponerme mi primer reto deportivo: ir sin ellas. Mamé la salud y ejercicio físico desde que aterricé en este mundo.

Cuando acompañaba a mi padre a los hospitales donde trabajaba, él me recordaba los problemas que conllevaba superar las autolimitaciones, no practicar deporte o infringir reglas básicas en la práctica deportiva. También me instruía sobre los  graves efectos de la inactividad a largo plazo. Como la obesidad y las diferentes enfermedades derivadas de la misma.

Desde los 5 a los 9 años practiqué trial en el Campeonato de Cataluña llegando a quedar 2º y 3º, pero a los 8 años tuve un accidente leve que me asustó.

Así que a los 9 años aparté esta práctica y comencé con el fútbol sala. A los 12 años fiché por el U.E. Cornellá de “futbol 11” y, en tres años, el Real Madrid se fijó en mí. Fui a realizar unas pruebas  supervisadas en aquel entonces por Vicente Del Bosque, director técnico del fútbol base pero, finalmente, acabé jugando en las categorías inferiores del F.C. Barcelona. Ahí tuve la oportunidad de compartir vestuario con un jugador y persona excepcional, Andrés Iniesta. Pero el rápido ascenso hacia el éxito en este deporte, fue leve en comparación con la dramática caída en picado. No podía gestionar la presión de jugar a ese nivel y encajar ciertos “golpes” a tan temprana edad. El R.C.D. Español me rescató a los 17 años, pero en la transición de equipo me rompí el cuádriceps, 10cm x 2’5cm, y estuve 8 meses sin jugar. Mi máximo sueño en la vida, ser jugador de futbol profesional, se desmoronaba día a día. A esos niveles no tienes tiempo para estar mal. Al día siguiente otro ocupa tu lugar. Todos dependemos de nuestros resultados en el trabajo sea cual sea el estado de ánimo, y es lógico. Aunque el “sirves hasta que sirves”, no se lleva tan bien cuando eres adolescente.

A los 18 años ya no jugaba a fútbol y comencé a practicar fitness, como concepto de salud, pero nada en mi vida cotidiana me producía los mismos niveles de adrenalina que cuando competía. Pensé, entonces, en las artes marciales como afición. Ocho años de práctica me ayudaron a reencontrarme y a adquirir valores tan simples como la nobleza, superación y motivación. Más que a golpear bien, aprendí a luchar por lo que quería. Comenzar y acabar la Licenciatura en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte  para, posteriormente, ser entrenador personal.

Nunca llegué a ser nada en ningún deporte. Es la historia de repetidos “fracasos”. Pero estos fracasos han venido acompañados de un aprendizaje continuo.  Las personas aprendemos por impactos emocionales, y solo te sentirás vivo cuando salgas de tu zona de confort. Prepárate para fracasar en la mayoría de intentos y aprende de los errores. Actualmente mi experiencia me lleva a la siguiente reflexión: buena alimentación, cultivar tu mente, hacer ejercicio, trabajar en lo que te gusta y estar con los tuyos = FELICIDAD.

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