Como pez en el agua

Entrenando para la travesía del Estrecho de Gibraltar, con Jordi y Gemma, allá por 2001. (Foto: Daniel Julián)
Sergio Fernández Tolosa -
Como pez en el agua
Como pez en el agua

Entrenando para la travesía del Estrecho de Gibraltar, con Jordi y Gemma, allá por 2001. (Foto: Daniel Julián)

De los tres deportes que componen el triatlón, la natación es la que más respeto –y pereza– suele dar; especialmente a los entusiastas que se inician en esta disciplina sin haber pasado buena parte de su infancia entre corcheras. ¿Cuántas veces habré oído aquello de "si no has nadado de pequeño, es muy difícil llegar a aprender a nadar bien"? De acuerdo: es difícil, pero no imposible. La prueba son todos los duatletas que han progresado hasta surcar los mares como si hubiesen nacido recubiertos de escamas, con aleta dorsal y respirando por branquias.

VOLVER A NADAR


Diez años sin pisar una piscina puede que sean muchos años. Pero es lo que tiene la vida, que va pasando y cuando menos te lo esperas, te dice que tienes cuarenta palos y que hace más de una década que ni corres un triatlón, ni haces un maratón (ni uno ni medio), ni nada de nada… Así que me he puesto las pilas, y ante las molestias en los sóleos y gemelos que me produce correr, he decidido que lo mejor sería alternar actividades –correr, andar, gimnasio, kayac de mar, nadar, hacer ferratas, lo que sea– para hacer ejercicio todos los días. Porque pedalear es muy bonito, pero ya lo dicen: en la variedad está el gusto.

Exista o no un objetivo definido a medio o largo plazo, planificar mínimamente una rutina de entrenamientos es siempre recomendable. De pronto, todo tiene lógica. Recuperas tus libretas de entrenos de hace años, las analizas, y ves que todo cuadra. Yo corría, y bastante. Pero también nadaba. Y también caminaba mucho, muchísimo. Y claro, era joven… Bueno, mejor dejemos de lado las evidencias.

Tras observar estos patrones y lo que me gustaría hacer en los próximos meses, he decidido incluir la natación en mis planes un día a la semana (uno de momento). Creo que me servirá para descargar las piernas, que al nadar parece que se estiran, trabajar el cardio y, de paso, rememorar viejos tiempos.

PRIMERAS SESIONES ACUÁTICAS


Para empezar, lo mejor es ir a la piscina. El mar vendrá en una segunda fase. En aguas tranquilas podremos "remar" mejor e ir ganando técnica, o "recordando" técnica.

Ahora mismo llevo dos sesiones, y estoy muy contento: el primer día logré hacer 2.000 metros cambiando de estilo en algo menos de una hora, y en la segunda sesión, siete días después, unos 2.500. Puede que parezca insignificante, pero para mí, en estos momentos, es una gesta prácticamente heroica, algo inimaginable hace sólo un par de semanas. Más aún teniendo en cuenta que he ido a una piscina de 50 metros, que siempre me habían parecido que eran lo que empieza cuando acaba el infinito...

A partir de ahora, mi intención no es cubrir más metros. Es hacerlo mejor. Para ello, seguiré trabajando en el gimnasio, ganando fuerza-resistencia, y esta semana empezaré a hacer series cortas, con algunos sprints, aceleraciones de 25 metros, seguramente.

La verdad es que me parece realmente excitante poder volver algún día a sentir que nadas sin cansarte, a placer. Pero para ello queda un largo camino en el que no faltarán entretenimientos de toda clase. Es lo bueno de cruzar entrenamientos. Que todo suma, y que te permite cambiar de espacio, de paisaje, de compañía...

NUEVOS TIEMPOS, NUEVAS TECNOLOGÍAS


Como si de un viaje en el tiempo se tratara, y después de tantos años sin pisar una piscina en condiciones, estos días he percibido sutiles pero destacables cambios: de entrada, he visto mucha gente nadando. Y cuando digo nadando, me refiero a que nadan. No van a hacer la medusa, poniéndose en remojo, dejándose llevar por las corrientes y parando media hora entre un largo y otro. Nadan de verdad. Traen su entrenamientos impresos en un papel plastificado. Hacen su estiramientos previos, su calentamiento, sus series, sus metros de técnica y sus metros suaves finales. Todo ello me ha sorprendido, la verdad. Y para bien.

timex El mítico Timex 100 Lap, qué tiempos...

He de decir que también he visto mucha tecnología. Hace 15 años creo que era el único que nadaba con reloj –en la piscina del SAF de la UAB usaba un Timex Indiglo 100 Lap con correa de velcro, con el que grababa mis series de mil– pero hoy soy de los pocos que chapotea sin reloj. Es la grandísima ventaja de ir a una piscina con cronos –en plural, uno en cada punta, y sincronizados– de los de toda la vida, con sus cuatro agujas, una verde, otra roja, otra amarilla y otra azul. "Salimos rojo arriba, a 45", cada 5 segundos…". Y es que una piscina sin cronos no es una piscina.

También he visto gente escuchando música. Me pregunto cómo se concentran. Yo no puedo ni correr con auriculares. También he visto más tattoos. Y las gafas de natación son cada vez más grandes. Y se han multiplicado los carriles reservados: carril lento, carril rápido (¿?), carril de cursillistas, carril del curso de salvamento de futuros auxiliares de vuelo, carril de jubilados, carril de triatletas…

Lo que sí es realmente positivo es la proliferación de aletas, manoplas, tubos, bidones de hidratación, etc. Percibo que los entrenamientos ya no se valoran por los miles de metros que nadas, si no por la calidad de los metros que haces.

Evidentemente, hay cosas que no han cambiado: sigue habiendo gente con alergia a la ducha previa a lanzarse a la piscina. Me gustaría verles en Islandia, donde hay que ducharse con jabón los 6 puntos "calientes" del cuerpo, y sin bañador, antes de ponerse en remojo en las aguas de la piscina...

important-parts-to-wash-600x800 Los 6 puntos que hay que lavarse con jabón antes de zambullirse en una piscina pública de Islandia.

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