Crónica de la etapa 2, falso llano

[caption id="attachment_577" align="alignleft" width="300" caption="Alfonso y Serafín, a punto de tomar la salida el segundo día."]
Sergio Fernández Tolosa -
Crónica de la etapa 2, falso llano
Crónica de la etapa 2, falso llano

[caption id="attachment_577" align="alignleft" width="300" caption="Alfonso y Serafín, a punto de tomar la salida el segundo día."]

Amanece medio nublado, que no es poco. Buen augurio, sin duda, aunque dure escasos minutos. Es hora de seguir reponiendo fuerzas, misión que iniciamos la tarde anterior nada más llegar, comiendo arroz blanco y pasta hasta la saciedad, combinándolo con un batido de proteínas que sirve para recuperarse tras esfuerzos prolongados y que aparte de oler a Nesquik sabe a algo parecido al Nesquik. Para merendar, de haber tenido, yo habría mojado galletas, pero me tuve que contentar con el batido y un pedazo de pan que robé del comedor.

Aunque no haya hambre, hay que desayunar. A estas horas de la madrugada hay quien tiene problemas para masticar y tragar. Yo personalmente suelo poder comer a cualquier hora. Luego hay que pasar el control de firmas, cerrar el bolsón y llevarlo al camión, que lo transportará hasta el siguiente campamento, recoger los 3 litros de agua obligatorios según el reglamento (nadie nadie nadie los lleva, y nunca nunca nunca lo controla ningún juez de carrera). Luego a estirar los músculos durante 10 segundos (perdón, exagero, 5 segundos) y hacia el arco de salida, donde se amontonan 300 y pico ciclistas.

Ya sobre el tandem, hay que hacer una valoración de la situación: tenemos bielas nuevas y pedales delanteros nuevos, aunque éstos siguen estando montados al revés (no hemos encontrado pedales de repuesto Look o Cranck Brothers). Es decir, para calar hay que plantar primero el talón y luego la parte delantera del pie. Alfonso mantiene que resulta harto difícil. A Serafín no le cuesta tanto, y eso que él tiene un pedal del derecho y otro del revés. Se nota que lo suyo es la coordinación, por algo fue finalista en Mira quien baila.

Pese a las dificultades, mantenemos el optimismo: “Esto es infinitamente mejor que pedalear con el pie apoyado sobre el eje”.

[caption id="attachment_578" align="alignleft" width="300" caption="Salimos últimos, pero la remontada es espectacular."]Salimos últimos, pero la remontada es espectacular.

También ha mejorado la altura de la bici. Hinchar los amortiguadores ha sido una gran idea. Ernesto nos ayudó anoche a valorar cuánta presión podíamos darles. Ahora están al máximo recomendable según el fabricante, pero pese a ello, cuando Serafín y Alfonso se montan, si sueltan el amortiguador trasero y lo ponen en posición “propedal”, por ejemplo, el eje de atrás y las bielas se acercan demasiado al suelo, a riesgo de chocar con las enormes piedras que abundan por estos caminos. Aún es peor si está en posición de descenso, pues todavía baja más. Por todo ello tomamos la dura decisión de llevar el amortiguador trasero siempre bloqueado. Y digo dura sobre todo por el confort que pierden las posaderas de mis dos compañero de equipo, que padecerán el traqueteo y los socavones el resto de la carrera.

Y parió la abuela...
No sabemos muy bien si por culpa del incesante traqueteo, por los nervios o por la naranja pelada y cortada que tomaron Alfonso y Serafín de postre anoche, a éste le crujen las tripas desde primera hora de la mañana.

Mares de piedras de apariencia interminable.

Todo parece que se deba a alguna bacteria infiltrada en el aparato digestivo, de esas que provocan aludes, corrimientos, estampidas e inundaciones incontrolables. Pero Serafín es fuerte y no se rinde. El año pasado también tuvo que lidiar con el ayuno porque no le entraba nada y se le escapaba todo. Es extraño, pero en el pelotón ya ha habido varios abandonos por diarrea. Hay gente que ante la primera dificultad se sube al coche escoba. Serafín ni se lo plantea. Alfonso dice que él también comió naranja y que de momento está bien, pero es que a cada uno le caen los alimentos de forma distinta.

Y así vamos avanzando. Con un comprimido de Fortasec a mano por si la cosa se va de madre y muchos sobres de Sueroral Hiposódico para reponer líquidos.

Abriendo huella
Rodamos a buen ritmo por una superpista cerca de 20 km. Es un terreno favorable para el tandem, que por fin saca provecho de la potencia y la inercia que dan los 185 kg que suma en total sobre las dos ruedas. A buen ritmo vamos pasando a algunos participantes que dan bandazos por la cuneta. Otros van más rectos. Es fácil deducir quienes son los que ayer se pasaron de ritmo y hoy andan tocados.

[caption id="attachment_580" align="alignleft" width="300" caption="Superando una loma para encontrar el control de paso, pedaleando de pie, algo imposible el año pasado con el tandem de pedaleo independiente."]Superando una loma para encontrar el control de paso, pedaleando de pie, algo imposible el año pasado con el tandem de pedaleo independiente.

Nosotros hemos dosificado las fuerzas. Como diría Miguel Induráin, vamos "regulando". Anna Vilà Roig (dorsal 270) se coloca a rueda de Alfonso y Serafín. Es lista, sabe aprovechar las circunstancias, pero pide permiso y da las gracias por aprovechar la super estela del tandem, ya que el viento hoy nos da en los morros desde hace rato.

Alfonso con viento de cara está en su salsa. El resto nos adaptamos al calor poco a poco. Con tantas prisas, al final el tandem incluso me adelanta y está a punto de saltarse el avituallamiento 2. “A la derecha!!!!!”, grito. Frenazo, maniobra y a beber*.

*Para el que no lo sepa, en la Titan Desert en los avituallamientos solo hay agua (a temperatura ambiente) y Powerade (solo en un avituallamiento por etapa), en neveras. En teoría nadie puede llevarse las botellas. El reglamento prevé sanciones a quien lo haga, pero en los resúmenes de TV se puede ver que hay algunos participantes que no pierden tiempo llenando sus botellines o sus camelbak. Se llevan la botella, van bebiendo durante un par de kilómetros y luego la tiran al suelo. Los que vamos atrás podemos dar fe de ello.

El paisaje varía más de lo que uno pueda pensar. Por la mañana avanzábamos por una llanura negruzca salpicada de acacias y a ambos lados de la pista, a varios kilómetros, se adivinaban cordones de dunas. Por la tarde, en cambio, nos hemos internado en una región semimontañosa de suaves contornos marcados por curvados pliegues multicolor. Mientras pedaleo, me pregunto si Alfonso tiene tiempo o fuerzas para saborear estos paisajes únicos, para describírselos a Serafín. Por si acaso, voy haciéndoles fotos.

Decisiones arbitrarias
Ya algo tocados y con ganas de otear el campamento en el horizonte, iniciamos la larga ascensión de la segunda parte de la etapa. Es tendida, con lo que en el tandem no sufren más de la cuenta, pero el viento sigue azotando cachetes en las mejillas.

Los últimos kilómetros se nos hacen cuesta arriba literalmente. Porque suben y porque el viento ha ganado fuerza y el camino es un caótico pedregal de esos que invitan a abandonar la bici y comprarse un dromedario.

[caption id="attachment_581" align="alignleft" width="224" caption="Con el navegador GPS y el rutómetro, para despejar las posibles dudas que ofrece el itinerario, totalmente flechado (incluso más que en ediciones anteriores)."]Con el navegador GPS y el rutómetro, para despejar las posibles dudas que ofrece el itinerario, totalmente flechado (incluso más que en ediciones anteriores).

Tras otros 100 km en cosa de 7 horas (minuto arriba, minuto abajo), llegamos a meta, de nuevo juntos, de la mano, con la esperanza de que el estómago de Serafín deje de dar la lata. Es hora de comer. Arroz blanco. “¡Qué sosez!”. Es lo que hay. Las bacterias no respetan a nadie.

Por la tarde podremos descansar, por primera vez. El tandem hoy sí ha aguantado. Solo hay que limpiar y lubricar las cadenas.

Luego en el briefing nos comunican la salomónica decisión de los comisarios de carrera respecto a lo acaecido durante la etapa: 15 minutos de penalización para los que hoy han tomado la carretera, algo que está prohibido por el reglamento, ahorrándose el via crucis de la última zona de la etapa, muy pedregosa y arenosa, donde era fácil perder 1 hora teniendo en cuenta la velocidad media del resto de la jornada.

“¡Qué poco! Lo llego a saber y también tomamos la carretera... Por 15 minutos...”, musitamos. Es lo que hay. Y seguimos engullendo arroz blanco.

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