Crónica de la etapa 3, montañas de verdad

[caption id="attachment_585" align="aligncenter" width="567" caption="El tandem de El Camino de los Satélites durante la laaaaaaarga ascensión de la primera parte de la etapa, por un paisaje de auténtica fantasia."]
Sergio Fernández Tolosa -
Crónica de la etapa 3, montañas de verdad
Crónica de la etapa 3, montañas de verdad

[caption id="attachment_585" align="aligncenter" width="567" caption="El tandem de El Camino de los Satélites durante la laaaaaaarga ascensión de la primera parte de la etapa, por un paisaje de auténtica fantasia."]

Es el día de la verdad. Hoy empieza la temida etapa maratón**, que por primera vez en la historia de la Titan Desert se desarrollará íntegramente por terreno de alta montaña.

Cuando nos inscribimos a la carrera sabíamos que este año habría más montaña que en ediciones anteriores, pero nadie sabía cuánta más. Y cuando se hicieron públicos los datos básicos del recorrido, apenas unas semanas antes de venir a Marruecos, un poco más y nos da un ataque.

Podríamos haber renunciado ipso facto, poner cualquier excusa, inventarnos una lesión, una gala, un trabajo de esos que no puedes dejar escapar. Pero no, estábamos en la parrilla de salida. Últimos, pero dispuestos a intentarlo una y otra vez.

[caption id="attachment_588" align="alignleft" width="300" caption="Perfil de la etapa 3, con 1.800 metros de ascensión acumulada."]Perfil de la etapa 3, con 1.800 metros de ascensión acumulada.

El perfil de la etapa no deja lugar a las dudas. Vamos a subir sin apenas descansillos durante los primeros 52 km, donde nos espera el segundo avituallamiento del día. Luego viene una bajada larga y rápida que pasará volando, y luego otro repecho que nos llevará hasta los 2.190 metros de altura en el km 72 de etapa.

En total son 100 km para los que nos dan 10 horas de tiempo. Parece mucho, pero en un tandem y por este tipo de terreno la cosa tiene más miga que un pan de kilo.

Hoy la gente no sale tan lanzada. Los primeros 20 km vamos en falso llano hacia unas montañas marrones que poco a poco van ganando presencia. Lo que parecían colinas redondeadas de suaves perfiles empieza a mostrarse como un muro inexpugnable. “¿Por dónde crees que irá el camino?”, pregunta Alfonso. Miro el mapa del TwoNav Aventura y deduzco que será por un valle semiescondido que se adivina tras un pueblo encaramado a una primera estribación de la sierra, pero la pregunta queda en el aire. Habrá tiempo para descubrirlo. Vamos a ir paso a paso. No pensaremos en la meta. Disfrutaremos del camino. De cada kilómetro. De cada rampa. De cada curva.

[caption id="attachment_589" align="alignleft" width="300" caption="Alfonso, como piloto, y Serafín, en el papel de "motor auxiliar"."]Alfonso, como piloto, y Serafín, en el papel de "motor auxiliar".

El camino finalmente alcanza el pueblo, donde encontramos el primer muro de la etapa. Alfonso y Serafín se ponen de pie y lo suben echando el corazón por la boca. Son apenas 100 metros pero ahí ya queda claro lo que cuesta subir cuestas del 15% en un tandem de montaña. Yo calculo que el doble que en una bici individual*.

*En Collserola, donde suelo entrenar, he comparado el esfuerzo que hago en bici normal y en tandem en algunas subidas. En rampas del 10%, para ir a 10 km/h en mi mountain bike el corazón bombea a 160 pulsaciones por minuto. Para subir (sin importar la velocidad, que nunca pasa de los 7 km/h) en el tandem me pongo a 170 pulsaciones.

Por eso admiro más que nadie lo que están haciendo estos chicos. Mis chicos. Así me refiero a ellos cuando hablo con otros participantes de la carrera. A veces, en las largas ascensiones se demoran un poco. Cabecean, resoplan, miden sus fuerzas... Yo puedo ir más ligero que ellos y sin querer me avanzo unos metros. Entonces me doy cuenta de que debo esperarles y me detengo, lo que me permite disfrutar del paisaje. Entonces pasa algún otro corredor, resoplando también, y me anima a seguir. Y le digo: “Estoy esperando a mis chicos”.

El paisaje pasa lento a nuestro alrededor. Da tiempo de observarlo todo. Tras una mata, entre unas piedras, un lagarto de mil colores luce una cresta que ya la querrían muchos punk.

Agua para los sedientos del camino, gentileza del destino.

De vez en cuando, en el margen del camino, una pequeña construcción de piedras da sombra a un bidón de plástico cubierto de trapos y ropas. De la tapa cuelga una taza metálica atada con un cordel. Es agua para quien quiera beber. El calor aprieta y seguro que esa agua está más fresca que la de nuestros bidones, que llevan horas al sol. O la del camelbak, que va pegado a la espalda, otra fuente de calor que convierte el agua en té insípido con un cierto regusto a goma. Pero nadie osa beber de esos bidones. Ni siquiera yo, que en mis viajes he bebido aguas de toda clase de pozos. En otras circunstancias no dudaría en echar al menos un vistazo, pero aquí no oso ni acercarme a la tentación. Nos lo jugamos todo. Hay que mantenerse sano, aunque ello implique pasar un poco de sed.

Cuando nos acercamos al ecuador de la etapa (km 48) el desnivel se dispara y tenemos que andar un rato. Al llegar al avituallamiento 2 (km 51) nos atrapa el coche escoba. Vamos de los últimos y aquí varios de los que nos rodean deciden subirse al coche, desde donde voces poco pacientes nos invitan a abandonar. “No llegáis. Lleváis 7 horas para 50 km. Os queda la mitad y solo 3 horas”, dicen.

El ritmo de ascensión ha sido bastante precario, pero aún albergamos esperanzas. Quién sabe, igual el descenso nos permite ganar tiempo al cronómetro. Además, no nos apetece nada hacer el resto de etapa dentro de un 4x4. ¡Eso sí que sería duro!

Enfilamos el descenso encarando un nuevo valle, verde, norteño, y empezamos enseguida el segundo puerto del día. Allí nos cruzamos con un fotógrafo de la carrera que nos lanza un optimista mensaje: “Habéis pasado lo peor. Ahora no es tan duro...”. No sabemos qué pensar, pero seguimos pedaleando con ilusión. El viento es fresco, el cielo se ha cubierto y hasta parece que vaya a llover. Sería lo que faltaba para completar el día.

[caption id="attachment_593" align="alignleft" width="224" caption="Espectactador de excepción de la Titan Desert 2010, desde su palco climatizado."]Espectactador de excepción de la Titan Desert 2010, desde su palco.

Los minutos pasan rápido y coronamos el segundo y definitivo puerto con un margen de 75 minutos para entrar en meta. Quedan 32 km de aparente descenso. Estamos cargados de emoción, pero dudamos entre dejar rienda suelta a la motivación o contenerla un poco, pues nunca se sabe, el descenso puede ser tramposo y esconder tramos poco ciclables y hacernos perder mucho tiempo.

La duda dura medio segundo. Hay que pensar en positivo, así que nos lanzamos pendiente abajo sin ni siquiera parar a mirar el paisaje, que imagino espléndido en profundidad por el rabillo del ojo. Pedaleo como nunca en bajada, e intento abrir camino, anticipándome a los peores obstáculos, avisando a Alfonso si encuentro alguno que destaque sobre los otros. He de concentrarme, pues estoy cansado, muy cansado, y solo me apetece dejarme llevar por la fuerza de la gravedad, cayendo lentamente hasta la línea de meta. No quiero ni imaginar cómo deben de estar ellos dos, sobre todo Alfonso, que no descansa ni un segundo a los mandos del tandem. Pese a ello, noto cómo apura en cada curva y cómo pedalea entre un zig-zag y otro. Eso me motiva a poner piñón pequeño, plato grande, y avanzarme siempre a inspeccionar el descenso.

Es un descenso meteórico en toda regla, aunque el último kilómetro esconde una ligera subida. Vamos encendidos. La tensión nos traiciona. O los nervios. Hace horas que nos negamos a sacar la bandera blanca. Muchas horas. Casi 10 horas. Ahora quedan 10 minutos para que se cierre el control y nos faltan apenas 800 metros. El GPS no miente. Los ojos tampoco. Alfonso no baja el ritmo. El tandem sigue tensando la cadena. Le pido que aminore, le argumento que llegamos de sobras. Pero no se fía de mis cálculos. Demasiadas emociones. Demasiadas endorfinas. Van a tope. Llevan tantas horas de esfuerzo que quizá ya no sientan dolor. Están en la cresta de la ola. Lo están consiguiendo. No me lo creo ni yo. Estamos entrando en meta, de nuevo de la mano, bajo un arco sonoro de aplausos. Lo hemos conseguido. Ahora a tratar de recuperarnos y mañana más.

[caption id="attachment_594" align="aligncenter" width="539" caption="Llegamos a tiempo, también para disfrutar de un inolvidable puesta de sol en el campamento."]Llegamos a tiempo, también para disfrutar de un inolvidable puesta de sol en el campamento.

**La etapa maratón de la Titan Desert se reparte en 2 jornadas, con un campamento nocturno en el que los participantes reciben comida y techo (toldo, exactamente), pero no disponen de servicio mecánico ni pueden ducharse ni recibir masajes por parte de ningún fisioterapeuta. Además han de cargar ellos mismos con su ropa de abrigo para pasar la noche y llevar sus propias barritas energéticas, bebidas isotónicas, etc. Este año, pese a que todos debían llevar su saco de dormir, la organización facilitó mantas para evitar que nadie pasara frío durante la noche. Fue una sorpresa que libró a más de uno de tiritar durante toda la noche, pues estábamos a 1.700 metros de altitud y sí hacía un poco de fresco.

Te recomendamos

El nuevo Peugeot 508 apuesta por cambiar tu concepto de berlina...

En noviembre queremos que cuides de ti...

¿Qué pasa cuando eres deportista pero tu cuerpo rechaza alimentos como los cereales, ...

Las fibras capilares son una gran solución contra la pérdida de pelo...

Buff® se reinventa con el tejido DryFlx® ...

Puedes entrenar en casa igual (o mejor) que en un gimnasio...