Crónica de la etapa 5, la cuesta final

Sergio Fernández Tolosa -
Crónica de la etapa 5, la cuesta final
Crónica de la etapa 5, la cuesta final



No lloramos. Somos felices. Hemos completado la Titan Desert 2010 en tandem. La más dura de la historia. La que tiene más montaña. La que más nivel de participantes ha alcanzado hasta la fecha. También la que menos abandonos se ha cobrado. Estos días hemos tenido el coche escoba cerca muchas veces. Cuando encarábamos el puerto del tercer día. Cuando se volatilizó el plato grande. Cuando solo entraba el piñón grande. Cuando ya ni ése entraba. Cuando intentábamos superar los 15 km/h en bajada porque ya solo podíamos poner el plato pequeño...

[caption id="attachment_625" align="aligncenter" width="567" caption="Últimas subidas de la Titan Desert 2010."]Últimas subidas de la Titan Desert 2010.

El quinto día amanece despejado. Nuestras mentes también lo están. Tras el madrugón (ya algo habitual para nuestros organismos) descubrimos que la salida se ha pospuesto una hora porque la etapa es significativamente más corta que otros días. Los que siguen en carrera se consideran ya finishers. Solo son 55 km con 450 metros de desnivel positivo a ganar. Un trámite sin dificultad en comparación a lo de los últimos días.

Serafín está más animado que anoche, pero sigue visiblemente molesto con la decisión de la organización y así lo transmite al periodista de Marca Josu Garai: “Estoy decepcionado con la decisión de la organización”.

Link a la noticia y entrevista: http://php.marca.com/2010/05/11/ciclismo/1273596450.html 

[caption id="attachment_626" align="alignleft" width="224" caption="El "saltador de obstáculos" con Alfonso, procurando no romper la cadena del tandem en un repecho."]El "saltador de obstáculos" con Alfonso, procurando no romper la cadena del tandem en un repecho.

Tras la entrevista, Josu escribe un reportaje y le bautiza con un nuevo título: El saltador de obstáculos. Exactamente así nos hemos sentido estos días. Mil y un obstáculos cada día. Mil tropiezos y caídas. Mil remontadas. Mil crisis superadas. Mil alegrías.

Con entusiasmo y emoción, partimos del último campamento en dirección a Ouarzazate. El terreno es un sube y baja constante que va por caminos en bastante buen estado si se compara a los de otros días. Somos optimistas, pero la etapa habrá que ganársela metro a metro.

Más que para orientarme (hay flechas por todas partes), pongo en marcha el GPS para contabilizar exactamente los metros de desnivel acumulados e ir cantándoles la cifra a Alfonso y Serafín, para los que todos los datos son relevantes. Los 450 metros de ascensión acumulada previstos para hoy pueden parecer una minucia, pero hay que tener en cuenta el estado del tandem, que a estas alturas emite más lamentos que un condenado a galeras. Serafín y Alfonso también dan muestras de fatiga. De entrada salimos muy bien, marcando un ritmo alto, pero enseguida comienzan los desajustes con la trasmisión y Alfonso se ve obligado a hacer acrobacias con el desviador. El plato mediano tiene más curvas que una pamela de ésas que llevan las aristócratas en las revistas del corazón y cada vez da más problemas para girar sin hacer saltar la cadena, que a estas alturas ya casi podría servir para batir un record Guinness de salto a la comba (si la carrera dura un día más habría que sacarle unos cuantos eslabones, pues cada vez la veo más cerca del suelo).

Apoyo incondicional en los avituallamientos para el tandem.

El paisaje cambia de color cuando pasamos un gran oued y se encarama por una montaña de tierra arcillosa, muy roja, que esconde estratos verdes, amarillentos, grises... El tandem avanza renqueante a pocos metros del coche escoba. En algunos repechos intento ayudarles con leves empujones, tirando de la correa de la mochila de Serafín, pero es más fácil desestabilizarles que aportarles un poco de inercia extra.

A mitad de camino, en una de las cuestas más duras, nos topamos con un nutrido grupo de coches Nissan estacionados en los márgenes del camino. Imagino que son los VIP de Nissan, patrocinador de la prueba. Nos tiran fotos y nos lanzan ánimos desde ambos lados de la pista.

Al coronar, nos espera un largo altiplano que tiende a bajar. El viento da de cara, con lo que impide dejarse llevar, y ahora solo nos queda un cartucho: plato pequeño y piñón pequeño. Es una combinación poco aconsejable porque la cadena trabaja muy cruzada, pero es la única que nos permite ir a más de 12 km/h en un terreno claramente favorable en el que de ir en plato mediano y grande podríamos duplicar fácilmente la velocidad media.

No es de extrañar que desde los coches escoba (hasta 4 vehículos nos escoltaron en el altiplano) nos lleguen ondas cargadas de amistosas maldiciones. Menuda paciencia tienen... Pero no menos que Serafín y Alfonso, que ya tienen el culo deshecho de tanto traqueteo y cada minuto se les eterniza medio siglo.

Con nuestros amigos de los puntos de control y avituallamientos, ya en la meta final.

Al llegar a meta, tras recibir el fósil de finishers por parte de Manu Tajada, responsable de los itinerarios de la Titan Desert, los miembros del equipo de controles, avituallamientos y coche escoba nos piden una foto de familia. Ellos nos han animado todos los días de forma incondicional. Entre foto y foto (había media docena de cámaras), sin embargo, uno de ellos nos inquiere: “¡Ahora ibais pisando huevos!”. El pobre no se ha dado cuenta de que no podíamos ir más rápido con aquel desarrollo y el viento en contra. Al enseñarle el tandem se queda de piedra y sin palabras.

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