Educación para todos y todas

Una vez, bajo un árbol, en una pequeña aldea del norte de Namibia, cerca de la frontera con Angola, tuve la suerte de compartir unas horas de sombra y conversación con un chico joven que había montado una pequeña tienda de refrescos. La pista que pasaba a pocos metros de su modesto negocio era ancha, de tierra y gravilla. Me detuve allí para aliviarme del calor del mediodía, y porque vi entre las secas ramas de las acacias un cartel rojo con letras blancas y amarillas muy internacional que es sinónimo de "brebaje con burbujas y azúcares simples", una bebida refrescante que se suele tomar refrigerada, pero que en algunos rincones de África se toma a temperatura de "lleva todo el día a la sombra".
Sergio Fernández Tolosa -
Educación para todos y todas
Educación para todos y todas

Una vez, bajo un árbol, en una pequeña aldea del norte de Namibia, cerca de la frontera con Angola, tuve la suerte de compartir unas horas de sombra y conversación con un chico joven que había montado una pequeña tienda de refrescos. La pista que pasaba a pocos metros de su modesto negocio era ancha, de tierra y gravilla. Me detuve allí para aliviarme del calor del mediodía, y porque vi entre las secas ramas de las acacias un cartel rojo con letras blancas y amarillas muy internacional que es sinónimo de "brebaje con burbujas y azúcares simples", una bebida refrescante que se suele tomar refrigerada, pero que en algunos rincones de África se toma a temperatura de "lleva todo el día a la sombra".

Pasamos unas 5 horas (las de más calor) hablando de todo un poco, pero sobre todo de Namibia y de los namibios. Nos rodeaban un montón de niños y niñas que observaban y escuchaban atentos. Era domingo. Por eso había tantos niños. El resto de días están en la escuela, a unos 80 km de allí. Es algo habitual en las zonas rurales de Namibia, es decir, prácticamente todo el país. Los niños en edad escolar suelen estar internados de lunes a sábado. Reciben alojamiento, manutención, uniforme, material escolar y formación por unos 100 euros al año. No sé a vosotros, pero a mí me pareció sorprendentemente barato, pero para una familia de pastores en Namibia que tiene, pongamos por caso, 5 hijos, 5 por 100 representan 500 euros al año y eso puede ser para ellos una cifra desorbitada, seguramente toda su renta anual.

Por eso algunos niños de los que nos rodeaban no estaban escolarizados. Mi anfitrión los señalaba con disimulo, hablando en inglés, y pronto empecé a advertir que los que no iban a la escuela miraban y se comportaban de una manera distinta.

Al cabo de un rato paró allí una furgoneta. Se bajaron 3 turistas y me preguntaron si era suizo. Les dije que no. Habían visto mi bicicleta al lado de la pista, toda cargada, y esperaban haber encontrado a un compatriota. Luego repartieron dulces entre los chavales y se marcharon. El chico me dijo que era la primera vez que hacía escala allí un coche con turistas. "Estos niños solo han visto blancos al otro lado del cristal de los coches todoterreno que pasan por aquí, casi a diario, en dirección a las cataratas del río Kunene y a los poblados himba. Pero aquí nunca paran".

Al cabo de un rato, algunos niños y también niñas empezaron a preguntarme cosas en inglés, sobre mi viaje, mi bicicleta, mi trabajo... Los que no iban a la escuela no entendían nada y se fueron a jugar a sacarle los clavos a una madera.

Os invito a visitar el web www.masalladeldakar.org 

Entrar e informarse cuesta solo un click de ratón. Juan Díaz cruzará media África en bicicleta. Si queréis participar en la costrucción de una escuela, podéis patrocinar kilómetros. Le esperan 7.000 km de travesía. Ya tiene mecenas para los primeros 390 km. Creo que merece la pena intentarlo. ¡Ánimo Juan! 

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Más allá del Dakar

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