Equipo, empatía y compromiso

En una carrera de aventura como la Titan Desert, gran parte del reto consiste en explorar los propios límites y descubrir la fortaleza interior de uno mismo al desubicarse del propio entorno y reubicarse en un entorno hostil, soportando unas condiciones excepcionalmente duras. Los desafíos puede desenmascararnos y destapar facetas desconocidas de las personas. En un tandem el descubrimiento puede ir más allá porque uno aprende más de sí mismo cuando está en situaciones extremas codo con codo con otra u otras personas que cuando está solo.
Sergio Fernández Tolosa -
Equipo, empatía y compromiso
Equipo, empatía y compromiso

En una carrera de aventura como la Titan Desert, gran parte del reto consiste en explorar los propios límites y descubrir la fortaleza interior de uno mismo al desubicarse del propio entorno y reubicarse en un entorno hostil, soportando unas condiciones excepcionalmente duras. Los desafíos puede desenmascararnos y destapar facetas desconocidas de las personas. En un tandem el descubrimiento puede ir más allá porque uno aprende más de sí mismo cuando está en situaciones extremas codo con codo con otra u otras personas que cuando está solo.

Suena a tópico pero formar parte de un equipo me permite entrenar más duro. Es el compromiso. Es la consecuencia de un pacto tácito entre caballeros. Desde que Serafín me propuso participar en la Titan Desert 2009, he soñado con las dunas, los oueds y los interminables pedregales del Sáhara todos los días. Los visualizo cada vez que jadeo sobre la bicicleta. Cada vez que antes de llegar a casa de mis “paseos” por la montaña de Collserola me desvío para tomar el camino más duro, por muy cansado que esté. Lo veo con los ojos cerrados cada vez que bebo un vaso de agua. Lo mismo me ocurre con la comida. Cada plato de pasta que engullo tras un laaaaaaaargo entrenamiento me teletransporta a lo que viviré en esos cinco días de esfuerzo continuado. Y cada grupo de tres series de quince repeticiones de sentadillas en el gimnasio me recuerda lo duras que serán las rampas de los puertos del Atlas en las últimas dos etapas, cuando las energías ya sean sólo un espejismo.

Entrenamiento mental


Desde que me llamó Serafín (a principios de febrero) no he faltado ni una solo vez a mi sesión diaria de entrenamiento psicológico. Imagino siempre lo mismo: una inmensa planicie grisácea cubierta por un halo de nebulosa creada por el calor de mediodía. Es la peor hora para hacer cualquier cosa en el desierto. El termómetro al sol marca 50 grados centígrados. A la sombra hay cuarenta, pero no hay ninguna sombra en muchos kilómetros. En un lugar tan espacioso parece contradictorio que uno pueda sentirse atrapado, pero puede ocurrirte. Por eso tengo pensamientos positivos: libertad, libertad, libertad.

No tengo EP (entrenador personal), pero esta vez tengo compañero de equipo. Y eso me ayuda a entrenar con más disciplina. Aunque Serafín se curte en Pamplona (www.onfitnesscenter.com)y yo en Barcelona (www.dir.es) hablamos a diario sobre lo que hacemos y deshacemos, lo que sentimos en las piernas, en la cabeza, en la espalda... Nos hemos “visto” sólo una vez, pero compartimos la misma ilusión. Tenemos el mismo objetivo. Vamos a darlo todo para conseguirlo entre los dos.

El uno por el otro


En el tandem, si uno de los dos falla, el equipo puede fallar. Ahora mismo ninguno de los dos considera tal posibilidad, pero en realidad, si por una causa u otra no alcanzásemos nuestro objetivo no ocurriría absolutamente nada. La vida seguiría tal cual. Analizaríamos las posibles causas del inesperado naufragio y extraeríamos lecciones seguramente válidas para futuros desafíos. Y es que de los fracasos se aprende más que de los éxitos. Sobre este tema, Serafín me dijo un día: “El fracaso no existe. Existen las vicisitudes. El todo es más que la suma de las partes. Sin fracasos no habría éxitos. Sin reveses no podríamos saborear los buenos momentos. Hay que saber relativizar, aprender a pasar página y buscar nuevos retos”.

En el tandem, si uno de los dos atraviesa un mal momento, el otro puede animarle. Serafín cree más en la cooperación que en la competición. En equipo las cosas salen mejor. La comunicación es vital. También la capacidad empática, un don innato que también se puede desarrollar cuando ya te han crecido los pelos en las piernas y que va más allá de la mera observación.

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