Espítiru de campeón

[caption id="attachment_769" align="aligncenter" width="850" caption="¡Esto es jauja!"]
Sergio Fernández Tolosa -
Espítiru de campeón
Espítiru de campeón

[caption id="attachment_769" align="aligncenter" width="850" caption="¡Esto es jauja!"]

Estos días de absoluta “marea roja” la gente va por la calle con una cara de felicidad que asombra. Me imagino yo que será algo efímero, que la droga tendrá un efecto temporal, que el buenrollismo no durará para siempre. Lo digo por el repartidor que me cedió el paso con una sonrisa de oreja a oreja el lunes a primera hora, con la cabina del camión decorada con una gigantesca bandera de España, al que sólo le faltó decirme: “¡Pasa campeón! ¡Me encanta tu bici!”.

Hay quien dice que la economía española crecerá un no sé cuánto por cien. Perdonen que discrepe, aunque no tenga ni idea de fútbol y menos aún de “su” economía. Me refiero a la macroeconomía, la que por mucho que la entiendas jamás llegas a asumir, pues es algo inabarcable, como el universo, que dicen que es infinito.

Lo que más me choca de esta afirmación tan simplista es que consideren que la gente, como ahora está feliz, vaya a consumir más, y que este comportamiento suponga un giro en positivo definitivo para nuestra economía. Me temo que las cosas no van exactamente así. Ojalá. Si fuera así de fácil, pues salgo ahora mismo a la calle, me compro una pantalla plana enorme, un aparato de aire acondicionado enorme, una caja de cervezas enorme, una docena de pizzas congeladas enormes, un microondas enorme y me tumbo a la bartola en un sofá nuevo enorme y entre peli y peli me miro las noticias, que de las celebraciones de la victoria de la roja pasarán en cosa de una semanita o dos como mucho a destacar con asombro “la remontada histórica de la economía española”.

Ser competitivos, trabajadores, creativos, humildes, ambiciosos, valientes, solidarios, inconformistas, etecé, etecé, etecé... no tiene nada que ver con el éxito a medio y largo plazo. ¡Qué va! Los jugadores de la selección española, los únicos que han ganado este Mundial 2010, saben que las cosas no se consiguen comprándose una gameboy. Hay que sudar. Soñar es muy bonito, pero sin sudor no hay goles, igual uno de chiripa una vez en la vida, pero esos golpes de suerte no cuentan para levantar las economías mundiales.

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