Ninguno somos Kilian Jornet

Con motivo de la elección como aventurero del año de Kilian Jornet por parte de National Geographic, estos días se ha escrito y hablado mucho –aún más– sobre lo que ya se conoce como "efecto Kilian".
Sergio Fernández Tolosa -
Ninguno somos Kilian Jornet
Ninguno somos Kilian Jornet

Con motivo de la elección como aventurero del año de Kilian Jornet por parte de National Geographic, estos días se ha escrito y hablado mucho –aún más– sobre lo que ya se conoce como "efecto Kilian".

En La Vanguardia del viernes 14 de febrero venía un artículo del periodista y escritor Francesc-Marc Álvaro sobre la preocupación que despierta en las federaciones de montaña y entidades excursionistas la difusión de los retos de Kilian, que en estas esferas se perciben desde hace tiempo como un mal ejemplo que podría conducir a muchas personas que, sin contar con la preparación adecuada, podrían llegar a creer que, ante la facilidad con que Kilian sube y baja montañas con poco material, ellos también son capaces de hacer lo mismo, es decir, practicar alpinismo casi a pelo, como un rebeco, subiendo y bajando a remotas cimas corriendo, en pocas horas, sin llevar agua ni comida, ni tan siquiera abrigo.

El autor también alerta, y con acierto, sobre la falsa creencia que últimamente se está intentando imponer desde casi todos los ámbitos: que todos podemos hacer todo aquello que nos propongamos.

Kilian Jornet en la meta de Pitturina, su victoria más reciente en la Copa del Mundo de Esquí de Montaña, hace apenas unos días (foto: ISMF Press Office)

Por supuesto que me gustaría ser capaz de correr como Kilian. Y esquiar como él sería realmente maravilloso. O quizá no, porque lo que vemos en los vídeos, sentados en una cómoda butaca, no tiene nada que ver con la realidad. Allá arriba hace frío. Todo duele. Hasta respirar. Desde el sofá, todo parece fácil. Incluso emocionarse. Pero la vida real no es una película. Cuando te dan un puñetazo, pierdes el conocimiento, además de los dientes. No existen los superhéroes, ni los superhombres.

Puede que soñar sea gratis –yo hace tiempo que lo pongo en duda–, pero hacer los sueños realidad no es nada fácil. Kilian lleva toda su vida preparándose, entrenando con determinación absoluta. Intentar emularle implica mucho más que calzarse unas zapatillas y echar a correr por un sendero sin final. Quien crea lo contrario ha de ser muy fantasioso.

Me encantaría poder correr como Kilian, y nadar como un delfín. También me gustaría componer como Mozart, escribir como Cortázar, retratar como Cartier-Bresson, cantar como Pavarotti, o como Montserrat Caballé –y, a la vez, como Freddie Mercury–, inventar como Da Vinci y, por supuesto, vivir y convencer como Gandhi.

Pero no. No puedo emular a ninguno de ellos. Y no por no poder hacer lo que ellos sí hacen, o hicieron, ni ser como ellos, ni vivir como ellos, dejo de admirarles.

Adelante, Kilian. Nos vemos en las montañas.

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