Lodoterapia biker

[caption id="attachment_952" align="aligncenter" width="567" caption="Las ruedas no giran. Solución: arrastrar la bicicleta."]
Sergio Fernández Tolosa -
Lodoterapia biker
Lodoterapia biker

[caption id="attachment_952" align="aligncenter" width="567" caption="Las ruedas no giran. Solución: arrastrar la bicicleta."]

Hace dos semanas empezó oficialmente la temporada en nuestra libreta de entrenamientos. Nos hemos planteado nuevos retos de cara a la primavera y el verano, sobre todo, en los que vamos a necesitar mayor potencia. La resistencia ya sabemos cómo se gana. La fuerza ya es otro cantar. Pero estamos en el camino...

Lluvia en Bardenas Reales.

Hace dos semanas una persona experta en la materia, licenciada en ciencias de la educación física, nos habló de la importancia de tener un cuerpo equilibrado, en el que la fuerza nace desde el centro del organismo. Nos habló de Pilates, de Puyol (el futbolista), de una grúa humana en la que de poco sirve tener un brazo hiperfuerte si ese brazo no trabaja unido a un tronco igual de fuerte. Nos habló de los abdominales, de esos músculos que para la mayoría de los mortales son invisibles, pero también imprescindibles.

Dos semanas después de iniciar el trabajo en el gimnasio, me siento más fuerte en general, más tonificado, más recto, más ágil. Lo he comprobado en una sesión sorprendentemente dura en la prospección de una ruta por las Bardenas Reales, en Navarra, en la que un diluvio convirtió una simple pista normalmente ciclable sin problema en plato grande en una trampa de arcilla en la que a los pocos metros ya nos vimos obligados a arrastrar las bicis. No digo empujar, no, digo arrastrar. Las ruedas se bloquearon en pocos segundos. Había que agarrar las mountain bikes, que pesaban más de 30 kilos con tanto barro pegado, tirando del manillar y del sillín, y caminar marcha atrás deslizándolas sobre la alfombra marrón.

[caption id="attachment_948" align="alignleft" width="224" caption="Voy cruzando el río... sabes que te quiero... lo he pasado maaaal..."]Voy cruzando el río... sabes que te quiero... lo he pasado maaaal...

Fueron 8 kilómetros muy duros. Los tomamos con resignación. Como una prueba más de nuestra fortaleza mental. Sobre todo porque no sabíamos si serían 8 kilómetros o 18 kilómetros. ¡Bendita incertidumbre! La aventura nos esperaba tras el vadeo de un río color terroso en el que nos echamos unas risas que pronto se convirtieron en maldiciones. Por suerte, la dificultad nos pilló con el tronco estructurado, al menos más estructurado que si hubiésemos topado con la trampa de barro hace sólo un mes.

Por suerte, no siempre llueve en las Bardenas Reales. Es un lugar mágico ideal para practicar el mountain bike en los días secos. Sus paisajes hiperáridos parecen de otro planeta. Es un pequeño pero bello desierto, de formas erosionadas fantásticas. Y es cercano, muy cercano.

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