Prueba superada

Ayer probé el spinning virtual y he de reconocer que me gustó más de lo que había pensado. El técnico está en la pantalla todo el tiempo. Es de carne y hueso, habla claro, da explicaciones sobre la etapa (léase sesión), da consejos (al principio explica paso por paso cómo se debe ajustar la bicicleta, por ejemplo, luego te dice cuándo conviene beber...), da las gracias por venir, al final pregunta qué tal ha ido (sin duda, en este caso, es una cuestión retórica), pero la verdad es que el que ofreció la sesión era un gran comunicador: animó al personal, saludó al terminar, incluso sudaba... La música sonó un poco más baja de lo habitual, pero la sensación que tuve fue que si quieres trabajar y tienes unas mínimas nociones el sistema es más que válido. Por contra, de entrada eché en falta la figura del monitor para crear sensación de grupo (algo que, por otra parte, sólo consiguen los técnicos con suficiente carisma), y, evidentemente, alguien cualificado que te eche un cable si no te has sentado bien o si das botes sobre la bici como si cabalgaras sobre un potro salvaje o que tome medidas para ventilar la sala cuando el calor se hace insoportable. También pude comprobar que, a falta de una figura humana presente con la que establecer una cierta comunicación real, entre los asistentes hubo un poco más de empatía de lo habitual. Deben de ser cosas de la psique social. En fin, prueba superada. Si ya tienes experiencia en clases de spinning, la versión virtual puede funcionar, ni que sea esporádicamente. Sin embargo, intentaré seguir yendo a clases guiadas. No quiero imaginar ni un segundo un futuro en que todas las sesiones sean virtuales. ¿Quién traerá pastitas para todos el día de su cumpleaños? ¿Quién rellenará los bidones de los que más beben en las sesiones dobles? ¿Quién repartirá toallas para todos los que se han olvidado de cogerla? ¿Quién te aclarará si el 75% de tu frecuencia cardíaca máxima es mayor o menor que tu frecuencia cardíaca máxima?
Sergio Fernández Tolosa -
Prueba superada

Ayer probé el spinning virtual y he de reconocer que me gustó más de lo que había pensado. El técnico está en la pantalla todo el tiempo. Es de carne y hueso, habla claro, da explicaciones sobre la etapa (léase sesión), da consejos (al principio explica paso por paso cómo se debe ajustar la bicicleta, por ejemplo, luego te dice cuándo conviene beber...), da las gracias por venir, al final pregunta qué tal ha ido (sin duda, en este caso, es una cuestión retórica), pero la verdad es que el que ofreció la sesión era un gran comunicador: animó al personal, saludó al terminar, incluso sudaba... La música sonó un poco más baja de lo habitual, pero la sensación que tuve fue que si quieres trabajar y tienes unas mínimas nociones el sistema es más que válido. Por contra, de entrada eché en falta la figura del monitor para crear sensación de grupo (algo que, por otra parte, sólo consiguen los técnicos con suficiente carisma), y, evidentemente, alguien cualificado que te eche un cable si no te has sentado bien o si das botes sobre la bici como si cabalgaras sobre un potro salvaje o que tome medidas para ventilar la sala cuando el calor se hace insoportable. También pude comprobar que, a falta de una figura humana presente con la que establecer una cierta comunicación real, entre los asistentes hubo un poco más de empatía de lo habitual. Deben de ser cosas de la psique social. En fin, prueba superada. Si ya tienes experiencia en clases de spinning, la versión virtual puede funcionar, ni que sea esporádicamente. Sin embargo, intentaré seguir yendo a clases guiadas. No quiero imaginar ni un segundo un futuro en que todas las sesiones sean virtuales. ¿Quién traerá pastitas para todos el día de su cumpleaños? ¿Quién rellenará los bidones de los que más beben en las sesiones dobles? ¿Quién repartirá toallas para todos los que se han olvidado de cogerla? ¿Quién te aclarará si el 75% de tu frecuencia cardíaca máxima es mayor o menor que tu frecuencia cardíaca máxima?

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