¿Seré capaz? Cavilaciones bajo la lluvia...

Sergio Fernández Tolosa -
¿Seré capaz? Cavilaciones bajo la lluvia...
¿Seré capaz? Cavilaciones bajo la lluvia...




Es imposible saber a ciencia cierta si seremos capaces o no de completar un reto deportivo como la Titan Desert. Cualquier cálculo de probabilidades será, a priori, subjetivo y totalmente aproximado. Sólo los que disponen de equipos médicos y reciben un seguimiento inidividualizado de sus entrenamientos y avances pueden prever con garantías cuál será su rendimiento. El resto debemos guiarnos por un “falso doctor”, un mal denominado “sentido común” que puede jugarnos malas pasadas si no sabemos reconocer los síntomas correctamente y parar en el momento adecuado. La motivación y la autoconfianza son claves, pero hay que ser realistas. En exceso pueden ser muy peligrosas.


Cuando me llamó Serafín Zubiri para participar en la Titan Desert 2009, he de reconocer que llevaba tiempo deseándolo. Me refiero a que en el fondo de mi ser deseaba regresar a esta carrera a mandos de un tandem. Quería volver a la Titan Desert formando parte de un equipo plenamente capaz de afrontar los 500 kilómetros de su complejo recorrido. Un equipo dispuesto a entrenar a diario durante varios meses y a enfrentarse a la que se anunciaba como la edición más dura de la historia de la carrera. Por eso, aquella llamada telefónica me supo a gloria y sin dudarlo un instante respondí: “Sí, vamos a la Titan Desert”.

Experiencia previa

El año anterior había ido a la Titan Desert en un tandem con Joaquín Sánchez, aficionado al ciclismo de montaña de Jerez de la Frontera, invidente también. La iniciativa nació con muy buenas intenciones, pero casi acaba mal. Mal de verdad, porque tras 180 km de pedaleo por el desierto, sin carta de aviso alguno, a Joaquín le sobrevino una especie de golpe de calor que lo dejó completamente fuera de combate. De repente, en mitad de una interminable llanura desierta, a pocos kilómetros de la meta de la segunda etapa, Joaquín me pidió que parase en una sombra. La lucecita roja de su cuadro de mandos se había encendido cuando ya era demasiado tarde. El chivato de exceso de temperatura en su motor había fallado.

Sin sombras

“Aquí no hay sombras, Joaquín”, le contesté. Poco más allá, junto a un arbusto reseco, se desvaneció. Por suerte, tras una llamada telefónica (es obligatorio llevar un móvil que funcione en Marruecos) apareció el médico de carrera en pocos minutos y después de reanimarlo con agua fresca y suero bebible, lo condujeron hasta meta en una ambulancia para administrarle suero intravenoso durante toda la noche. Estaba completamente deshidratado. “Fundido”, me dijo uno de los médicos. ¡Le inyectaron tres bolsas de suero en el brazo izquierdo y otras tres en el derecho en apenas unas horas! Aún y así, pasó varios días zombi, recuperándose del esfuerzo. Está claro que Joaquín llegó más allá de su límite.

Por suerte todo quedó en un mal susto y yo aprendí que antes de ir a una carrera (o un reto deportivo) como la Titan Desert no se pueden cometer errores de cálculo ni de apreciación ni de las propias fuerzas ni de las ajenas.

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