Sin miedo (o sin remedio) se aprende más

[caption id="attachment_1364" align="alignleft" width="225" caption="Preparándome un vendaje funcional de tobillo para mountain bike, tras una noche de vivac en la sierra de Gredos"]
Sergio Fernández Tolosa -
Sin miedo (o sin remedio) se aprende más
Sin miedo (o sin remedio) se aprende más

[caption id="attachment_1364" align="alignleft" width="225" caption="Preparándome un vendaje funcional de tobillo para mountain bike, tras una noche de vivac en la sierra de Gredos"]

Hace cosa de unas semanas me hice un esguince en el tobillo –sí, otra vez, aunque pensándolo bien, habían pasado 7 años desde la última torcedura seria– y todavía arrastro las molestias que conlleva pisar una sola vez en falso: 10 días de reposo con la pata en alto, baños de frío y calor, otros 10 días con la pata inflamada y dolorida, paciencia, más paciencia, aún más paciencia...

Una vez superadas las primeras fases de recuperación, Sylvie, mi fisioterapeuta, después de practicarme unos masajes un poco dolorosos –evidentemente, "un poco" sólo sería cierto si yo fuese hijo de John Rambo– y bajarme el hinchazón que me había producido el lamentable vendaje que me habían hecho en urgencias, me enseñó a hacerme unos vendajes muy distintos y también muy prácticos que sirven para estabilizar la articulación y poder seguir con mi actividad habitual. La verdad es que parece mentira que con un poco de esparadrapo se pueda reforzar tantísimo el tobillo. Desde el primer momento, me pareció algo absolutamente genial y lo he estado utilizando todos los días en que necesitaba protección extra.

Por prudencia, sigo sin correr, pero la mountain bike hace semanas que me lleva por toda clase de caminos, sendas y trialeras. De hecho, tuvimos que ir a hacer la Tracks del Penedès –la nueva creación de la red de rutas Tracks, que se caracteriza por sus trazados más bien técnicos–, y en bastantes tramos me di cuenta de que prefería bajar sobre la bicicleta que caminando. En esas bajadas de fe, comprendí la comunión que he logrado establecer con mi Trek Fuel EX 8. Algunas trialeras que en otras ocasiones no habría osado encarar con las manos en el manillar, los pies sobre los pedales y el culo prácticamente apoyado sobre la rueda trasera, esta vez las hacía sin pensar. ¿La razón? Me parecía más fácil bajar sobre la bici que caminando con mi "pata-medio-chula". Y así, venciendo al miedo, aunque fuese evitando otro miedo, me he dado cuenta de que puedo hacer bajadas que antes no creía ciclables para mí.

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