No conviertas tu dieta en un castigo

Ya hayas empezado a cuidarte hace poco o lleves un tiempo, llega un momento en que la alimentación sana corre peligro de aburrir. Miras esa pechuga de pavo con brócoli al vapor. Y el plato te devuelve la mirada, desafiante. Empezaste a preparar platos semejantes lleno de motivación e ilusión, y tras unas semanas (siendo optimista) sientes la necesidad de mandar a freír (si, freír) espárragos el plato de pechuga seca y pedir una pizza. Antes de que lances el plato por los aires, párate un momento y reflexiona. ¿Vale la pena? ¿Estoy haciéndolo bien? ¿Por qué me resulta tan difícil a mí? ¿Le pasa a todos?
Francesc Gascó -
No conviertas tu dieta en un castigo
No conviertas tu dieta en un castigo

Ya hayas empezado a cuidarte hace poco o lleves un tiempo, llega un momento en que la alimentación sana corre peligro de aburrir. Miras esa pechuga de pavo con brócoli al vapor. Y el plato te devuelve la mirada, desafiante. Empezaste a preparar platos semejantes lleno de motivación e ilusión, y tras unas semanas (siendo optimista) sientes la necesidad de mandar a freír (si, freír) espárragos el plato de pechuga seca y pedir una pizza. Antes de que lances el plato por los aires, párate un momento y reflexiona. ¿Vale la pena? ¿Estoy haciéndolo bien? ¿Por qué me resulta tan difícil a mí? ¿Le pasa a todos?

Yo empecé en serio a entrenar y cuidarme hace unos 3 años. Y claro, empecé con mi pechuga a la plancha, mis ensaladitas, y ese tipo de cosas “de cajón”. Pero pronto me cansé de esos bocados de pollo seco. Y muchas veces caí en la tentación y corrí a por comida precocinada o rápida. ¿Y luego? Mis remordimientos me obligaban a ponerme a dieta de nuevo. Y la hacía más estricta aún “para compensar”, lo cual me llevaba a sentir esa ansiedad de nuevo. ¿Qué estaba haciendo mal?

Mi consejo es simple: no conviertas tu dieta en un castigo, sino en un modo de vida. Tras años leyendo MH y más siendo de formación biológica tenía un montón de conocimientos sobre alimentos acumulando polvo. Los rescaté, volví a informarme, y traté de hacer esa “dieta” todo lo atractiva que pudiese. Por un lado, me permití saltármela a la torera en ocasiones, que normalmente se restringen a comidas especiales los fines de semana. Y es que, la mejor manera de no sentir ansiedad al pensar en una pizza cuatro quesos es visitar un restaurante italiano de vez en cuando y matar el gusanillo.

Por otro lado, me dispuse a “disfrazar” todos los platos de mi dieta diaria o, por decirlo de otra manera, crear “réplicas” sanas de comidas más “normales” o incluso de las que nunca esperarías ver entre la alimentación diaria de alguien que se cuida. Empecé a experimentar con la harina de avena, las claras de huevo, el pollo, y poco a poco fueron tomando forma unos platos apetitosos a la par que sanos.

Y ese es el motivo por el que escribo estas líneas. Si te interesa “tunear” tu dieta o convertir tus platos favoritos en versiones más sanas que puedas comer a diario sin sentirte mal, bienvenido. ¡Espero que te sirva y lo disfrutes!

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