9 iconos para llevar

Prendas y accesorios que nunca han perdido su lugar privilegiado en el armario masculino.
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9 iconos para llevar

La mayor parte proviene del ‘sportwear’ y de la tradición inglesa pero el cine ha sido su altavoz y fuente de difusión. Haz clic en el que más te guste y descubre su historia.

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Con sombrero

Blando, de fieltro y con una cinta de gros grain que lo rodea y lo hace inconfundible, el borsalino recibe su nombre del dueño de la firma italiana que los empezó a fabricar en 1857, Giuseppe Borsalino. El sombrero formó parte del vestuario masculino hasta la década de los sesenta, cuando empezó a caer en desuso.

Que el presidente John Fitzgerald Kennedy dejara de ponérselo parece ser que ayudó a su extinción, hasta que a finales de los noventa este clásico del guardarropa masculino vuelve a ocupar el centro de interés. El hecho de que líderes musicales como Liam Gallagher, de Oasis, aparecieran en público con sombrero a mediados de los noventa volvió a ponerlo de moda. Y ahí sigue.

Un complemento que funciona como toque de sofisticación llevado con traje o polo, a lo Sinatra, o con cuello alto y americana como lo inmortalizaron Jean Paul Belmondo y Alain Delon. El sombrero es uno de los básicos imprescindibles para esta temporada pero, por lo que se ha podido ver en las pasarelas, la gorra le ha sacado clara ventaja al clásico borsalino.

Así que, si quieres estar a la última, aunque no renuncies al borsalino opta por una gorra con visera y realizada en tejidos nobles y en versión de lujo. Un ejemplo más de cómo una prenda propia del universo deportivo, adoptada por las clases altas en los años veinte y treinta y que identifica a la clase trabajadora desde principios del siglo XX, se ha convertido a día de hoy en una importante clave de estilo.

 

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Las gafas de aviador

La costumbre de esconderse tras unas gafas de sol está estrechamente relacionada con el cine, concretamente con las estrellas de la gran pantalla que empezaron a usarlas en los cincuenta para intentar pasar desapercibidas. El tamaño, grande o muy grande, y el color, negro, acabaron por delatar más que disimular su presencia.

Lo cierto es que, desde entonces, las gafas de sol entran en el universo de los complementos de moda para quedarse. De todos los modelos las Aviator, creadas por Ray Ban en 1937 para proteger del sol a los pilotos de avión, y la Wayfarer, diseñada en 1952, son las que mejor han sobrevivido a las distintas modas y cambios estéticos. La primera, con forma de gota de agua y con cristal de color verde, es actualmente un clásico que han revisado la mayor parte de diseñadores.

Otro modelo que ha gozado de un especial revival en los últimos cinco años es el Wayfarer. Son las gafas con montura de pasta que popularizó en los cincuenta el rockero Buddy Holly y que conquistaron el corazón de Bob Dylan en los sesenta, Warhol en los setenta, o Tom Cruise en los ochenta. El actor contribuyó decisivamente a reeditar su éxito al lucirlas en la película Risky Bussines en 1983.

La revisión ochentera de la década de los cincuenta las volvió a poner de moda, de la misma manera que el regreso de los ochenta como fuente de inspiración de la última década en la moda las coloca, otra vez, de rigurosa actualidad. Su gran valor es su demostrada capacidad para quedar bien con cualquier look y para declinarse en divertidos colores.

 

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Imprescindible trench

Creada para los militares en 1914 y acuñada por la firma Burberry, esta pieza pasa rápidamente a la vida civil gracias a su sentido práctico. Su función como gabardina impermeable se comunicaba en la publicidad que lanzó la marca en torno a la Primera Guerra Mundial con el slogan ‘no protege de las balas, pero sí de la lluvia’.

El cine puso también de su parte para ascenderla a la categoría de ícono siendo un imprescindible de los protagonistas del cine negro de ambos lados del Atlántico. ¿El que mejor la ha llevado? Muchos responderían a la pregunta con un sólo nombre: Humphrey Bogart. Su estilo informal y fácilmente adaptable para ser combinado con otras prendas ha hecho de esta pieza un básico del guardarropa masculino que ha transgredido las fronteras del tiempo.

Se la puede ver en casi todos los colores de la paleta de los neutros, aunque el clásico es de un inconfundible y sofisticado color beige. Bogart nos enseñó a combinarla con traje cruzado, camisa, corbata y sombrero borsalino, muy al estilo elegante y sobrio de los años cuarenta.

En los cincuenta Paul Newman luce la gabardina sobre un traje de tres botones; en los sesenta se llevaba con jerséis de cuello alto y, en las últimas décadas, la hemos visto en primavera puesta directamente sobre la camiseta, con calzado deportivo tipo Converse.

 

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Barbour, el sportwear chic

Nacida como chubasquero a finales del siglo XIX, la prenda lleva el apellido del dueño de la marca que lo fabricó en 1890, John Barbour. Pensada en principio para que las clases altas inglesas disfrutaran de sus hobbies al aire libre sin mojarse, se incorpora a la vida urbana en los ochenta, una década que se caracterizó por pasar revista y recuperar los mejores clásicos de la moda masculina.

El pasado del Barbour está directamente vinculado con el de la aristocracia inglesa, que lo utilizaba para la caza y como básico para disfrutar de sus salidas por el campo. Por ello, originariamente estaba realizada en algodón y cubierta con una capa de cera que impedía el paso de la omnipresente lluvia y la humedad, una función que en la actualidad cumplen con eficacia las microfibras.

El color verde caqui y la multiplicidad de bolsillos lo convierten en una prenda muy práctica para el entorno urbano. La vuelta de los acolchados –una tendencia apuntada en las pasarelas– es la perfecta invitación para volver a sacar del armario este clásico indestructible que nunca pasa del todo de moda.

Para darle un toque actual llévalo encima de la americana o sobre un jersey de cuello alto, como solía hacer el siempre estiloso y muchas veces añorado Steve McQueen.

 

 

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¡Qué traje!

El dos piezas es sin duda el símbolo de la indumentaria masculina desde el siglo XIX, el básico masculino por excelencia que se define por una combinación de pantalón largo y chaqueta, acompañado siempre de chaleco, camisa y, por supuesto, corbata. Así, a la manera tradicional, lo siguen realizando los sastres de la londinense Savile Row, la meca del traje a medida hasta nuestros días, con proporciones anatómicas y líneas cercanas al cuerpo.

Pero, más allá de esta prestigiosa tradición, el traje ha experimentado múltiples transformaciones en sus proporciones según las décadas. En los años cincuenta se empieza a llevar sin chaleco y, desde los sesenta, está permitido lucirlo sin camisa y combinado con prendas más informales, como polos o jerséis.

La temporada los propone marcando silueta, con el largo del pantalón por encima del zapato y con chaqueta de tres botones hasta la cadera. Lo último es ponerte el traje sobre un jersey de cuello pico y confiar en las superposiciones, bajo prendas exteriores como un impermeables o un trench. Pero ¡atención!, cuando no se llevan a cuerpo las normas no escritas dictan el uso de camisa y corbata. 

En cuanto a los colores, la temporada apunta hacia gamas oscuras, líneas depuradas y una fuerte y rotunda apuesta por el negro. Una silueta que tiene mucho que ver con la inspiración de los sesenta. 

 

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¿Interior o exterior?

Diseñados como indumentaria íntima en los años treinta, en los noventa salen al exterior siguiendo la tendencia inspirada en el estilo de los barrios marginales de Los Angeles. Una moda que, en las últimas temporadas, ha desaparecido casi por completo barrida por la imparable subida de las cinturas de los pantalones que comporta la reinterpretación moderna de las dos décadas que imponen su ley en el mundo de la moda: los cincuenta y los ochenta.

La ropa interior masculina, tal como ahora la conocemos, es el resultado de convertir en dos piezas los monos de algodón que llevaban los hombres hasta los años treinta. Entonces apareció la camiseta y el calzón. Concretamente, fue la firma Cooper la que diseñó en 1934 el conocido modelo con la pieza en forma de Y invertida que se ha mantenido casi intacta hasta hoy.

Clark Gable fue el primero en lucir camiseta en la gran pantalla al quitarse seductoramente la camisa en el film Sucedió una noche. Mark Wahlberg, junto a Kate Moss, inmortalizó los calzoncillos en las mediáticas campañas de Calvin Klein a principios de los noventa.

 

 

 

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Mocasín

Ligero y cómodo, en los años treinta aparece en los Estados Unidos como la alternativa al zapato de cordones. Allí se los conoce como penny por la costumbre que adquirieron los estudiantes de ponerse un penique en la solapa del empeine para que les diera suerte.

Hay mocasines con flecos y borlas aunque el más deseado es el famoso Horsebit, creado por Guccio Gucci en 1957, que transmite de manera inevitable el glamour y el estilo seductor de la Dolce Vita italiana de los cincuenta. Clark Gable, John Wayne, el muy elegante Fred Astaire, Dustin Hofman o Peter Sellers son algunas de las estrellas de Hollywood que acudían a sus tiendas para calzarse el mítico modelo, que se convirtió en el zapato preferido de los más estilosos.

Desde entonces, el brillo del estribo en el empeine del mocasín es un imprescindible del casual chic que combina especialmente bien con pantalones al tobillo y de línea cercana al cuerpo, o con una ligera vuelta en el bajo. Un consejo de estilo a tener en cuenta: en verano es mucho mejor llevarlos sin calcetines

 

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Cuello alto

El jersey de cuello alto, también llamado cisne, supuso toda una revolución en los años sesenta. Llevado por los más estilosos, era la alternativa a la fórmula tradicional de americana + pantalón + camisa. Una nueva opción que asumen rápidamente intelectuales y artistas y que, gracias al privilegiado escaparate y la fuerza del cine, se extiende por los armarios de los hombres de la generación de los sesenta.

Nacida en la calle, quienes dejaron grabada la nueva fórmula en el subconsciente colectivo fueron actores como Steve McQueen, Robert Redford o Jean Paul Belmondo. en el mítico título Al final de la escapada. De hecho, el cuello alto fue casi el uniforme de la Nouvelle Vague francesa.

Este otoño rinde homenaje a todos ellos y lo propone llevado con cazadora, a lo Belmondo, con americana, a lo Redford, o debajo de la camisa para darle un aire muy de los setenta. El negro manda pero los más atrevidos y modernos seguro que se deciden por el burdeos, el color estrella de ahora mismo.

 

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Denim forever

El pantalón vaquero de cinco bolsillos se convirtió en la prenda fetiche de la juventud de finales de los cuarenta y el básico inamovible del armario de muchas tribus urbanas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, continúan siendo una metáfora de juventud y libertad.

Marlon Brando los inmortalizó en 1953 en el cartel publicitario de la película Salvaje lanzándolo al universo de las estrellas. Se trataba de un Levis 501, combinado con una cazadora perfecto y una simple t-shirt, como dictaba el look de las pandillas marginales de la década.

Una prenda realizada en sarga de algodón y teñida en azul índigo que surgió a finales del siglo XIX como ropa de trabajo especialmente resistente y que ídolos generacionales como James Dean convirtiron en icono de rebeldía de la juventud de los cincuenta. La fórmula, simple pero contundente, ha conquistado la moda en los cinco continentes hasta el día de hoy.

Su ADN ‘trabajador’ lo hace especialmente indicado para una imagen informal aunque Tom Ford le dió un giro revolucionario y elegante al llevarlo con un blazer negro, o incluso con esmoquin y zapatos de cordones.

 

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