José Mourinho, la fuerza del enemigo

Mourinho sufre. Escribimos esto cuando la distancia que separa al Real Madrid de su máximo rival ha tomado dimensiones preocupantes, y su equipo no vive su mejor momento. No vamos a entrar aquí en odios o filias.
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José Mourinho, la fuerza del enemigo
José Mourinho, la fuerza del enemigo

Más allá de apreciar o despreciar sus maneras, nadie puede negar que Mourinho jamás defrauda. Fiel a su personaje y a esa ruidosa seguridad en sí mismo, el técnico nos regala perlas y descubre lo positivo que es tener enemigos (y aprovecharse de ellos) o contar con una hoja de ruta que, más que galáctica, parece estratosférica. 

Seamos claros: muchas veces da la imagen de entrenador antipático. ¿Necesita tener ‘enemigos’?

Es mejor. No definitivo, pero sí mejor. Especialmente cuando tenemos éxito. Cuando todo sale bien siempre tienes tendencia a relajarte un poco. Algo que nunca te pasa si estás al tanto de los rumores y el runrún a tu alrededor, y sientes que tus rivales están a la espera de que te relajes para alcanzarte. El término enemigo es algo que no tiene sentido en mi vida personal, pero sí en el fútbol.

Incluso de niños competimos unos contra otros, queremos ganar a nuestros amigos; y en esos breves instantes que dura una partida de canicas, se transforman en enemigos. Quieren lo mismo que tú: vencer. La sensación de competición en el fútbol es buena, te hace sentir vivo.

¿Es fácil ser líder?

Es algo natural, algo que nace con nosotros. Y en esta profesión es esencial. Cuando piso el campo sé quién soy y lo que se espera de mí. Desde el momento en el que me pongo a trabajar soy consciente de que tengo que estar a la altura. Pero la presión es algo que no me asusta. Cuando estoy de vacaciones, echo de menos todo esto.

“Quien sólo entiende de fútbol no sabe nada de fútbol”. Palabras suyas.

Es que para ser realmente buenos en nuestra profesión no nos podemos poner límites. Cuando dije esta frase lo que quería decir es que, además del fútbol, es importante conocer otras áreas que complementan este deporte, como bioquímica, biología, estadística, anatomía, liderazgo... Sabiendo un poco de todo serás mucho en lo que haces.

En mi caso, es algo que me permite ganar más el respeto entre mis jugadores. Les demuestro que no me limito a asignar la posición en que van a jugar en el próximo partido, que estoy algunos niveles por encima de la simple cultura de juego, y que eso los ayudará a alcanzar los objetivos colectivos y personales.

¿Qué hace para reinventarse?

Tengo varios objetivos: ser el primer entrenador en ganar la Liga de Campeones con tres clubes diferentes, conseguir ser campeón en los tres campeonatos mundiales más importantes (Inglaterra, Italia y España) y, más tarde, conquistar algo por primera vez con la selección nacional de Portugal. Son objetivos relacionados con el fútbol, pero diferentes y difíciles de alcanzar.

 

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¿Algún lujo del que no se prive?

Relojes. Creo que es la joya masculina por excelencia. Pero como estoy a la espera de cerrar un negocio, no puedo revelar mi marca preferida.

Debe ser una de las personas que se pasa más tiempo en aviones y hoteles. ¿Algún consejo?

Lo importante es sentirse cómodo. Soy de los que se duchan varias veces al día, incluso excesivamente. Por lo demás, llevo siempre en mi maleta un champú, una buena crema hidratante corporal y otra para el rostro. Más fácil imposible.

¿Su mayor defecto como entrenador?

Ser honesto. En el fútbol la honestidad es una mala cualidad. Tengo que callarme, decir sólo lo que las personas quieren oír y no lo que realmente pienso y no puedo ir contra el sistema y las instituciones. Por todo esto, mi honestidad es lo que me causa más problemas como entrenador.

¿Cómo se dirige a los jugadores de un equipo hacia un mismo objetivo?

Para empezar es necesario tener un poco de suerte. Piensa que no es posible cambiar por completo la personalidad de una persona. De esta forma, antes de afrontar una nueva temporada, intento saber lo máximo sobre todos los miembros que pertenecerán a mi grupo. Y antes de comprar a un jugador el proceso es exactamente el mismo: conocer  su personalidad, su forma de ser y todo lo demás.

Por eso digo que es necesario tener una pizca de suerte para liderar a un equipo que tiene un mismo objetivo: ganar. Cuando uno se encuentra con un equipo formado por individualistas y egocéntricos que anteponen sus objetivos personales a los colectivos, el trabajo se hace mucho más difícil.

Se considera entonces un entrenador con suerte…

He tenido una suerte inmensa, es cierto. En el Chelsea, por ejemplo, la mitad de mi equipo era africano, algo único y que creaba una familia increíble. Había 12 jugadores llegados de países africanos como Ghana, Costa de Marfil, Camerún o el Congo. Por otra parte, 12 más venían del resto de Europa.

Las nacionalidades son diferentes, pero las ganas de vencer son siempre las mismas. Sin embargo, hay aspectos que, como entrenador, no puedo descuidar. Me refiero, por ejemplo, a dirigirme a mis hombres en el idioma local: si estuviese en España todos tenemos que hablar español, si estuviese en Italia tendría que ser italiano.

El hecho de emplear siempre un idioma en el vestuario pone a todo el grupo remando en la misma dirección. En mi caso, tras haber trabajado en varios países, he podido aprender otros idiomas, que es lo ideal para mantener conversaciones privadas con tus jugadores fuera del grupo. Comunicarse en su lengua manteniendo charlas más serias es tremendamente importante para establecer otro tipo de relación y proximidad.

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Actualmente, parece que la imagen de un entrenador es más importante que el currículo. ¿La apariencia es esencial para esta profesión?

¿Cuántos entrenadores hay que van a la moda, con sus peinados y con sus gafas de pasta? ¡Muchos! Parece que hoy en día la estética es lo único que importa. ¿Y cuántos de ellos ganaron alguna cosa? ¡Cero!

El estilo, el modo en que nos vestimos, la edad y una cara bonita nunca van a ganar un partido. Es nuestra calidad como entrenadores y la calidad de nuestros jugadores la que gana los encuentros. El fútbol no está relacionado con la imagen, sólo con las cualidades y capacidades de cada uno.

Si tuviese que escoger el conjunto ideal de la cabeza a los pies, ¿cuál sería su selección en términos de marcas?

Antes de nada, ¿cuánto me pagan esas marcas para responder a esta pregunta? (Risas) No obstante, no tengo ningún problema en decir que, desde un punto de vista deportivo, siempre vestiría Adidas de la cabeza a los pies. Ya lo hacía cuando era niño y tenía que pagar por ello. De hecho, antes de contar con el patrocionio de la marca, gasté bastante dinero en esta manía mía. ¡Por eso ahora me parece bien que sean las marcas y no yo el que paga! ¡Y que lo hagan con intereses! (Risas).

Desde un punto de vista, digamos, social, soy un hombre Armani: en sus tiendas encuentro siempre las prendas que me gustan o lo que me apetece en ese momento. De este modo me ahorro andar
de un lado a otro buscando ropa.

A juzgar por su propia experiencia, ¿diría que es más complicado entrenar al Real Madrid o educar a sus hijos?

Tengo que confesar que ninguna de las dos tareas es fácil. Pero es obvio que siento mucha más responsabilidad con mis hijos. Me considero un privilegiado: como no paso mucho tiempo en casa, disfruto de lo que considero la mejor parte. La madre es la que tiene que lidiar con la educación y las tareas más complicadas.

Es mi gran apoyo. Me da la sensación de que soy más el padre que juega que el padre que educa. En lo que se refiere al Real Madrid es diferente: para mis jugadores, soy el padre malo. 

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