Así de fácil es plantar tu propio huerto

Aprende, en cuatro sencillos pasos, a hacer de tu balcón un pequeño paraíso
Julio César Ortega -
Así de fácil es plantar tu propio huerto
Así de fácil es plantar tu propio huerto

Ya sabes que el vocabulario nutricional es como el Universo: está en continua expansión. Ahora que ya sabemos la diferencia entre vegetariano y vegano, y que hemos conseguido no confundir el bulgur con la quinoa, un nuevo concepto ha llegado a nuestras cocinas (bueno, vale, no es tan nuevo... pero tampoco es que esté en boca de todos a diario): localvoro. No es más que el consumidor que apuesta por los productos locales. Razones para ello hay de sobra, empezando por la calidad de la comida.

El diario The New York Times lo desvelaba en este artículo: bacalao pescado en Noruega, enviado a China para ser fileteado y devuelto a Noruega para su venta. Puede que te parezca cosa de locos, pero es como funciona el mercado mundial de la alimentación hoy en día. Y ocurre que cuando un producto recorre una distancia muy grande desde su origen hasta tu plato, es necesario que se vea sometido a procesos de cortado, manipulado, refrigeración o congelación, envasado... que suelen repercutir negativamente en su valor nutricional. Un estudio del Departamento de Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Pennsylvania (EE.UU.) concluyó que la verdura pierde una gran parte de sus nutrientes cuando pasa varios días refrigerada. En concreto, observaron cómo las espinacas perdían la mitad de su contenido en ácido fólico en siete días. Por no hablar de los daños al medio ambiente, como los gases de efecto invernadero que produce el transporte de estas mercancías o la destrucción de las especies autóctonas. Los localvoros más férreos sólo consumen lo que ellos mismos producen, aunque tampoco te vamos a pedir aquí que te pongas en plan amish de la noche a la mañana.

¿Aún no te convence eso de apostar por la comida kilómetro 0? Puede que descubrir lo fácil (y divertido) que resulta plantar tu propio huerto te haga cambiar de idea. No hace falta que tengas una parcela. ¡Basta con el balcón de tu casa! Descubre en las páginas siguientes las claves para crear tu propio huerto urbano.

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 1. El lugar adecuado

Lo importante, como de costumbre, no es el tamaño, sino lo que sepas hacer con él. No necesitas una parcela que se mida en hectáreas para disponer de algunos vegetales frescos que cuidar antes de echarte al gaznate. Te bastará con un balcón o incluso con un alféizar ancho, lo más resguardado posible de las corrientes de aire. Lo ideal es que tenga orientación sur, para aprovechar al máximo las horas de sol. ¿Tu balcón está más bien en penumbra? Entonces, opta por los vegetales de hoja, como la coliflor, lechuga, escarola, acelga o espinaca. Los rabanitos, las judías, el apio y la remolacha también pueden crecer con poca luz. Para sitios soleados, los tomates, las berenjenas y los pimientos.

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2. El espacio ideal

Aunque no te hará falta mucho sitio, cada una de las macetas debería tener entre 7 y 15 centímetros de profundidad. Los recipientes de cerámica respetan mucho más la temperatura de la tierra y permiten un mejor drenaje que los de plástico, aunque el inconveniente es que pesan más. Los hay incluso de mezcla de fibras textiles, totalmente respetuosas con el medio ambiente. Si vas a poner las plantas en el suelo, las jardineras son una buena opción.

Las aromáticas (menta o hierbabuena) son las que menos espacio necesitan, y las de los frutos carnosos (como el pimiento o las naranjas) son las que más ocupan. Si no tienes experiencia, puedes empezar con unas acelgas o espinacas.

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3. Una buena base

El mejor sustrato es el más sencillo de conseguir: el compost. Se trata de una mezcla de estiércol y restos forestales. El compost es la mejor opción porque aporta a las plantas los nutrientes que necesitan (sobre todo, nitrógeno, fósforo y potasio) y retiene la humedad. Lo más recomendable es abonar, como mínimo, dos veces al año, por lo general, entre octubre y los meses de invierno. Para ello, basta con espolvorear compost nuevo por encima y presionar ligeramente. Si el anterior ha perdido firmeza o color, lo mejor es extraerlo y sustituirlo por compost nuevo. Para hacerlo, te bastará con una pala pequeña. Puedes hacerte con las semillas en cualquier tienda, pero si prefieres no empezar desde cero y disponer de un pequeño bulbo desde el principio, acércate a una cooperativa agrícola.

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4. El agua, fuente de vida

El riego es uno de los puntos críticos de tu huerto urbano. En concreto, el drenaje es un aspecto que muchos novatos suelen olvidar. Para no caer en uno de los errores más típicos, coloca una pequeña capa de piedras (idealmente, de arcilla) bajo el compost, en la parte baja de la maceta, que su vez debería tener unos agujeros en el fondo para asegurar que las plantas de tu huerto puedan deshacerse del agua sobrante. Coloca un plato debajo de cada maceta o una bandeja debajo de varias. Técnicamente, el riego por goteo es la mejor manera de mantener tu pequeño vergel bien regado. Si te parece complicado, opta por la clásica regadera. Averigua aquí si el agua del grifo de tu ciudad contiene mucha cal y, de ser así, utiliza agua mineral o aprovecha la del aire acondicionado, pero recuerda que, cuanto menos minerales tenga el agua, más abono necesitará. Evita el agua destilada, porque suele llevar sulfato de cobre.

Por lo general, los vegetales de hoja grande (lechuga, acelgas...) requieren un riego frecuente y abundante. Las de hoja pequeña (cebollas o apios) piden un riego más moderado. Las plantas de frutos carnosos (como el tomate) varían sus demandas de agua según la época del año: suele reducirse durante la floración y aumentarse después de recoger los frutos.

Por último, apunta un truco para mantener la humedad durante los meses de verano: la técnica del acolchado. Se trata sencillamente decubrir la tierra con algún material orgánico, como unas hojas, ramitas pequeñas o virutas de madera.

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