Curiosidades, mitos y verdades sobre los helados

Ni son tan adictivos como las drogas (como algunos han llegado a decir), ni tampoco son malos para la garganta...
Raúl Gorrías -
Curiosidades, mitos y verdades sobre los helados
Curiosidades, mitos y verdades sobre los helados

Después de un sofocante mes de julio en el que hemos sudado a mares por culpa de las olas de calor, al fin llega agosto. Es momento de cerrar el ordenador, de olvidarte de la cara de tu jefe durante unas semanas y de acampar en la playa hasta aburrirte. Pero además de la sombrilla, del bañador, de la crema y de las palas, hay otro elemento que nos acompaña cuando estamos tirados a la bartola: el helado.

Pues bien, ahora que ya sabes que estos tentempiés se han convertido en nuestro snack favorito en verano y que nuestro sabor preferido es el chocolate, es momento de que conozcas algunas de las curiosidades y mitos que rodean a este alimento.

Los helados no son adictivos

Dos diarios británicos apuntaron que los helados de crema podían llegar a ser tan adictivos como la cocaína a raíz de las conclusiones de este estudio científico. Sin embargo, la propia institución sanitaria del Reino Unido, el NHS, lo desmintió. Activan los sistemas de recompensa de nuestro cerebro, lo cual nos impulsa a querer siempre “un poquito más”, pero en ningún caso puede llegar a compararse con el efecto que producen las drogas. De todos modos, esto es como todo, cuanto más comas, menos lo disfrutarás, porque la sensación de placer disminuirá si lo conviertes en una costumbre.

Los helados no engordan…

Si no comes todos los días. Es lógico, ningún alimento en pequeñas cantidades puede tener un efecto devastador en la báscula. Una ración de helado ronda aproximadamente las 270 calorías (siempre y cuando no lo adornes con un ‘topping’), un valor que puede ser similar al de otros muchos alimentos que puedes llegar a tomar a lo largo del día. Lo dicho, si no te hinchas a helados, tu barriga no sufrirá consecuencias. Pero si aun así te preocupa este aspecto, aquí tienes unas prácticas recetas para disfrutar de los helados sin llenarte de calorías innecesariamente.

Publicidad

Estando a dieta, puedes comer helado

El hecho de tomar helado, con un cierto control y mesura, no rompe por completo una alimentación saludable. Por lo general, 100 gramos de helado de base láctea aportan entre un 5% y un 12% de las cantidades diarias de energía recomendadas. De todos modos, si estás tratando de perder peso, puedes hacer helados caseros tal y como te propone nuestra experta nutricionista Anabel Fernández. En su defecto, también puedes tratar de consumir helados con pocas grasas o azúcares añadidos. Y si estás que te sales, prueba la dieta del cucurucho…

¿No aportan valores nutricionales?

Los helados no son ni chucherías ni golosinas, son postres que están catalogados como alimentos de valor energético medio ricos en ricos en calcio y proteínas, así como también en vitaminas del grupo B, concretamente la vitamina B2.

No son malos para la garganta

No es que sean perjudiciales, sino que incluso pueden llegar a ser buenos cuando tienes dolor de garganta, sobre todo si la tienes inflamada. Y es que el efecto hielo puede llegar a calmar la irritación y la sensación de calentura. De hecho, hay algunos cantantes que suelen echar mano de estos alimentos para mejorar su voz cuando notan la garganta fatigada.

¿Los helados provocan dolor de cabeza?

Seguramente, alguna vez te ha dolido la cabeza durante unos segundos después de tomar algo frío. Esto es debido a que, debido a la temperatura, se contraen de forma brusca los vasos sanguíneos del paladar (una medida que el cuerpo toma por defecto para reducir la pérdida de calor corporal). Ello se acaba traduciendo en un incremento de la presión en ciertos puntos de la cabeza. Así pues, si te metes el helado directamente en el paladar, probablemente sufras molestias ahí arriba. Lo que debes hacer para evitar esa sensación es ingerirlos sin ponerlos en contacto con esta zona del cuerpo. Saboréalo y disfrútalo poco a poco para evitar el ansia que acaba provocando que te lo metas directamente en el paladar.

Publicidad

¿Y qué pasa con las caries?

Obviamente, los helados contienen azúcar, que es lo que acaba provocando las caries. Aun así, si te cepillas los dientes a menudo, no deberías tener semejante problema. Es más, el helado es un alimento poco cariogénico, precisamente porque no suele permanecer demasiado tiempo en la boca y porque activa la salivación, la cual puede ayudar a neutralizar los ácidos que dañan los dientes. Así pues, la aparición de caries o no dependerá de tu higiene bucal.

¿Se pueden comer helados siendo diabético o vegetariano?

Sí en ambos casos. En el primeo, debes tener mucha precaución, ya que es puedes disfrutar de este placer de vez en cuando pero de forma moderada y en cantidades reducidas. Escoge los que tienen poco azúcar y pocas grasas. En el caso de los vegetarianos, es posible zamparse las variantes tanto de hielo como de crema, porque en la dieta no se prohíben ni los lácteos ni los huevos. En caso de ser vegano, los de hielo serían tu opción más idónea. Aun así, lo recomendable es que le eches un vistazo a las etiquetas para saber qué estás consumiendo. 

Un surtido de curiosidades

- ¡El helado lo inventaron los chinos! Aunque luego fueron los romanos los que perfeccionaron la técnica.

- París fue la ciudad que acogió la primera heladería de la historia, en 1660.

- El helado más caro del mundo cuesta la friolera de...¡25.000 dólares! Se vende en Nueva York, en la 'Frozen Haute Chocolate'

- Nueva Zelanda es el país que más helados consume, con una media de 26,3 litros por cápita. En España, estamos en torno a los 6,5 litros

Publicidad
Te recomendamos

En noviembre queremos que cuides de ti...

¿Qué pasa cuando eres deportista pero tu cuerpo rechaza alimentos como los cereales, ...

Las fibras capilares son una gran solución contra la pérdida de pelo...

Buff® se reinventa con el tejido DryFlx® ...

Puedes entrenar en casa igual (o mejor) que en un gimnasio...

Lo retro está otra vez aquí, ¡y este complemento no podía ser menos!...