¿Eres adicto a la comida?

Descubre lo último sobre la conexión existente entre el cerebro y el hambre, y, de paso, conoce por qué comes de la palma de la mano de las empresas alimentarias.
Julio César Ortega -
¿Eres adicto a la comida?
¿Eres adicto a la comida?

Estamos en el planeta gracias a las grasas. Eran el carburante más adecuado para la supervivencia de los cavernícolas, cuyo gasto calórico era ingente comparado con el nuestro. El problema es que hoy en día nos pasamos la mayor parte del tiempo sentados en nuestros despachos (o tirados en el sofá de casa), por lo que quemamos muchas menos calorías que nuestros antepasados, aunque seguimos compartiendo con ellos el placer que le provocan a nuestro cerebro los alimentos ricos en grasas y de alto contenido en azúcar. ¿Lo pillas? Los alimentos que deseas no son realmente los que tu organismo necesita.

Acaba con la costumbre

Consigue que las calorías que ingieres duren más. Ten en cuenta que ya no necesitas hincharte de combustible para ir a cazar un mastodonte; elige pues alimentos que contengan nutrientes y que te ayuden a mantener la energía. Lo ideal sería que tomaras unos 20 o 40 gramos de proteínas en cada toma, y entre 25 y 35 gramos de fibra a lo largo del día. Estos nutrientes satisfacen el apetito, a la vez que contribuyen a que merme la necesidad de comer en exceso. Por si fuera poco, te ayudarán a olvidarte de los antojos, consiguiendo que consumas menos calorías en tu siguiente toma. Incluso si vas a un restaurante con un bufé libre de pizza.

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Diversos estudios clínicos han constatado que existen paralelismos entre los cerebros de las personas adictas a la comida y los de las personas enganchadas a las drogas. La mecánica, básicamente, es la misma: al recibir un determinado estímulo, el cerebro segrega dopamina, que es el neurotransmisor encargado de transmitir placer. Y es ahí cuando te enganchas. El problema es que, al igual que los drogadictos, las personas adictas a la comida reinciden cuando intenten reprimir sus hábitos.

“Nuestra mente lleva fatal eso de las prohibiciones” comenta Raquel Linares, psicóloga clínica especializada en trastornos alimentarios del centro ABB de Trastornos de  la Conducta Alimentaria de Barcelona. “Lo prohibido nos resulta muy atractivo y conseguirlo genera una fuerte sensación de placer. Al final, terminamos cayendo en la tentación, y lo hacemos de un modo exagerado. Compensamos el capricho con creces, y eso crea un sentimiento de culpa, por lo que se vuelve a la prohibición y el círculo vicioso sigue rodando”.

Acaba con la costumbre

No es necesario que vayas a sesiones de psicoterapia para dejar de comer como escape emocional. Lo único que necesitas es cambiar tus hábitos de recompensa. Eso significa que has de aprender a reconocer las situaciones que te llevan a ingerir alimentos de esta forma concreta. “Es muy importante que analicemos la parte emocional de la adicción a la comida”, explica Raquel Linares “Debemos aprender a manejar el malestar origen de ese desorden y encauzarlo hacia hábitos saludables como, por ejemplo, hacer deporte”.

Una de las claves es, pues, descubrir qué es lo que desencadena esa ansiedad, aprender a gestionar el sentimiento emocional, comportarte de una manera positiva y, finalmente, saber felicitarte por haberlo conseguido.

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A todos nos ha pasado: pasamos un día horrible en el trabajo y lo primero que hacemos al llegar a casa es lanzarnos de cabeza a la nevera. “Cuando comemos de forma compulsiva, lo hacemos por varios motivos: porque estamos contentos, tristes, estresados, aburridos, ansiosos…”, explica Linares. “Además, vosotros los hombres habéis adquirido unas costumbres nada saludables en lo que respecta a la gestión de las emociones: os cuesta exteriorizar vuestros sentimientos, y eso puede derivar en conductas de este tipo”.

Acaba con la costumbre

Piensa en tu incipiente barriga y no en los ruidos de tu estómago. El quid de la cuestión está en echarle sangre fría. Imagínate la situación como un pulso entre el corto y el largo plazo. Al comer, casi todos nos centramos en la recompensa a corto plazo. Pero, según aseguran diversos estudios, si te paras a pensar en las consecuencias a largo plazo (es decir, en engordar o incluso en enfermar), activarás la corteza prefrontal: se trata del freno que tenemos en el cerebro para evitar comer en exceso.

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Es prácticamente imposible resistirse a sucumbir a platos, digamos, poco sanos.  Los restaurantes de comida rápida son baratos, sirven deprisa, están por todas partes y desprenden unos aromas que nos despiertan los mismos instintos que la sangre a los tiburones. Y lo peor es que  en casa tampoco estamos a salvo.  ¿O es que tu televisión no se llena de pizzas con irresistibles cantidades de queso fundido, bollería industrial o hamburguesas descomunales durante las pausas publicitarias?

Acaba con la costumbre

Limita el tiempo de exposición: pídele al camarero que te traiga la cuenta antes de ver la carta de postres, cambia de canal cuando empiecen los anuncios de comida, piénsatelo dos veces antes de ir al bufé libre de pizza, y si hay alguna hamburguesería cerca de tu casa, busca una ruta alternativa. Cuanto menos tropieces con estas tentaciones, más fácil te resultará no caer en ellas.

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Los últimos descubrimientos muestran que las mentes de las personas que comen en exceso se asemejan a las de los toxicómanos.

Lo prueban las neuroimágenes de la izquierda, realizadas por Gene-Jack Wang, director del Laboratorio Nacional de Brookhaven (EE.UU.). Cuando su equipo tomó imágenes de los cerebros de personas que comían en exceso y de adictos a la metanfetamina, se descubrió que ambos grupos tenían menos receptores libres de dopamina que los participantes sanos (se muestran en rojo).

¿Cuál es el problema? Que al igual que los adictos a la metanfetamina van necesitando mayor cantidad de droga, quienes comen de forma compulsiva necesitan ingerir cada vez más comida. Un círculo vicioso que puede llegar a reforzar el comportamiento adictivo.

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