Todo lo que debes saber sobre la grasa

No nos gusta la grasa. Nos han dicho que es mala. Que engorda. Que mata. ¿Es verdad todo lo que hemos oído de ella? Utiliza esta guía para conocer la grasa en sus múltiples formas y así sabrás huir de todo lo que te perjudica
Men's Health -
Todo lo que debes saber sobre la grasa
Todo lo que debes saber sobre la grasa

Primera revelación que acabará con algunos clichés muy arraigados: no habría vida si no existiera la grasa. Tu cuerpo necesita grasa para funcionar. Además, el tejido adiposo es inteligente; se trata de un órgano metabólico en constante actividad que, al igual que el cerebro o el sistema inmunológico, se comunica con el resto de tu organismo.

La grasa envía más de 400 señales al cuerpo. Tiene línea directa con el corazón, el hígado, el apetito, tu estado de ánimo y la fertilidad. Pero no toda la grasa se forma de la misma manera: hay de diferentes tipos, unos son beneficiosos y otros pueden ser muy dañinos.

Una investigación publicada el año pasado en la revista Nature descubrió que hasta la tercera parte de las personas consideradas obesas tienen un metabolismo que funciona a la perfección. Y sin embargo, los delgados que almacenan un exceso de grasa visceral -la adherida a los órganos internos- corren peligro.

Así que te ofrecemos un trato: revisa esta guía para averiguar dónde almacenas tu grasa corporal, pon en práctica los ejercicios que te proponemos para reducir el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, Alzheimer e infertilidad; cárgate de energía y, además, te quitarás de encima un par de agujeros del cinturón. ¿Firmas?

controla los lípidos

Si te pasas con las grasas hidrogenadas (piensa en las grasas animales, bollería industrial o patatas fritas), tendrás más glóbulos grasos circulando por la sangre (colesterol y triglicéridos). Ambos son esenciales para todas las células de tu organismo pero, en exceso, se acumulan en las paredes de las arterias, formando una sustancia denominada placa, que ralentiza el flujo sanguíneo hacia el corazón e incrementa el riesgo de dolencias cardíacas.

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1 protégete, corazón

Hay quienes, por naturaleza, tienden a acumular el exceso de calorías bajo el esternón o alrededor del corazón. Esto resulta perjudicial porque aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

2 Recurre a tu aliado

Gran parte de la grasa corporal se conoce como grasa blanca y almacena energía. También contamos con unos gramos de grasa marrón, localizada, por norma general, a lo largo de la espalda o la clavícula. Esta quema energía porque es termogénica, lo que significa que produce calor.

Este mecanismo evolucionó para evitar que los bebés tiriten de frío y los investigadores creen sirve para combartir la obesidad. Cuando nadas en agua fría, estimulas la grasa marrón, que a su vez recurre a la energía almacenada por la blanca a modo de combustible y se calcula que llega a quemar hasta 500 kcal diarias.

3 respira mejor

Aunque la grasa no se deposita en los pulmones, es capaz de dañarlos. Si el tejido adiposo se acumula en el pecho, los pulmones se comprimen. Un cuello demasiado grueso, por ejemplo, estrecha las vías respiratorias, por lo que la respiración se ve mermada. Debes consultar al médico si roncas, sientes comnolencia al conducir o fatiga constante en el trabajo.

4 combate la diabetes

A medida que acumulas grasa, ésta se filtra por el hígado, donde las consecuencias son nefastas. La grasa acumulada en el hígado está estrechamente relacionada con la diabetes del tipo 2, ya que este órgano reacciona y segrega más glucosa de la cuenta.

La grasa envía unas señales similares a aquellas que producimos al sufrir una infección o una lesión interna: te sientes fatigado, sin ganas de hacer ejercicio, por lo que se crea un círculo vicioso.

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El asesino que llevamos dentro

El exceso de grasa te puede condenar a padecer diabetes, enfermedades cardiovasculares y Alzheimer, y además ni siquiera hace falta que estés gordo para correr estos peligros. La grasa visceral asfixia a los órganos vitales y envía señales al metabolismo para que aumente la concentración de grasa en el hígado y el riego sanguíneo.

En periodos en los que comemos más de la cuenta, se desarrolla rápidamente. Un estudio danés descubrió que la gente que bebía un litro diario de refrescos de cola tenía un 23% más de grasa visceral y un 139% más de grasa hepática que quienes se decantaban por las bebidas sin azúcar.

produce grasa ‘beige’

Una esperanzadora investigación publicada en la revista Nature Medicine demuestra que realizar ejercicio aeróbico de forma continuada consigue que la grasa blanca acabe copiando funciones de su compañera marrón. Es decir, se quema por sí misma.

Cuando haces ejercicio, tus músculos envían una señal a las células adiposas para que produzcan calor. Esa es la razón por la que el ejercicio ayuda a adelgazar.

‘sex machine’

La grasa, en exceso, reduce tu testosterona y disminuye el riego sanguíneo del pene. Eso sí, investigaciones en el Journal of Sexual Medicine descubrieron que los hombres con sobrepeso que perdían entre un 5 y 10% de grasa ganaban tanto deseo sexual como función eréctil. Todo ventajas.

no te preocupes

La grasa subcutánea -la capa que se extiende debajo de la piel- es inofensiva para la salud. Se acumula en diversas zonas del cuerpo, aunque los hombres tienden a hacerlo en la barriga. Lo más molesto es que es la más difícil de combatir, pero es un problema más estético que de salud.

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La grasa es un depósito de energía y, precisamente, para hacer que desaparezca, debes quemarla. Existen algunas estrategias que dan mejores resultados en función de quién eres, qué tipo de grasa llevas encima y cómo se te da el deporte.

ritual de iniciación

Estás hecho un peso pesado, pero estás decidido a cambiar

En este caso, la clave es ir poco a poco. Márcate un plan realista y ejercita los músculos de mayor tamaño: glúteos, cuádriceps y gran dorsal. Si eres corpulento, tienes la fuerza a tu favor y estos ejercicios te irán como anillo al dedo. En el entrenamiento de fuerza, los descansos son vitales para mejorar tu capacidad aeróbica sin que acabes agotado.

a punto de caramelo

Estás regordete pero ágil, o flacucho y en baja forma

El factor de riesgo reside en la grasa visceral, así que la respuesta es el ejercicio sostenido aeróbico. Una investigación de la Universidad de Birmingham (Reino Unido) descubrió que, durante un entrenamiento de resistencia, quemas la mayor parte de la grasa cuando te encuentras entre un 68-79% de tu frecuencia cardíaca máxima.

el barriguitas

Estás delgado, pero la grasa subcutánea no se va ni a tiros.

Sé riguroso y lleva a cabo un entrenamiento a intervalos. Ya sea sobre la cinta, la bicicleta o incluso con pesas, debes establecer intervalos de 20 segundos de sprint, seguidos por medio minuto a un ritmo más pausado. Haz cinco repeticiones.

remate final

Estás en buena forma

Ahora sólo te queda ir a por el six-pack. Sigue las fases 1-3 e incrementa tu ‘termogénesis por actividades que no constituyen ejercicio’ (NEAT, son sus siglas en inglés), que se da siempre que realices algún movimiento fuera de tu entrenamiento normal, ya sea haciendo percusión con los dedos sobre la mesa de escritorio o cada vez que te levantes de la silla a coger el teléfono.

 

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