El corte de digestión: un mito a medias

Ni siquiera el término es correcto, ya que hay que referirse al proceso más bien como 'síndrome por inmersión o hidrocución'
Martín Iraola -
El corte de digestión: un mito a medias
El corte de digestión: un mito a medias

Seguro que te has pasado dos horas en la arena de la playa, esperando a poder zambullirte en el mar después de comer; retenido por tu madre bajo el pretexto de muerte fulminante. Un chapuzón antes de tiempo podía provocar el dichoso corte de digestión, tal y como te advertían los mayores una y otra vez.

La escena es familiar, común a muchos de nosotros, puede que incluso entrañable… pero innecesaria. Aquellos minutos de espera agónica bajo el sol abrasador fueron en vano. El corte de digestión de nuestra infancia no existe.

Los números no mienten

Las matemáticas, en su analítica frialdad, suelen dejar las cosas claras. De los 359.000 casos de ahogamiento que se producen en el mundo cada año, ninguno está directamente causado por un corte de digestión. Ninguno. Cero. Y son cifras de la Organización Mundial de la Salud, que saben mucho de esto. Así que deberías creértelo.

De hecho, el corte dichoso no tiene nada que ver con la digestión. Hasta su nombre es incorrecto. Olvídate de corte de digestión: en realidad estamos hablando del síndrome por inmersión o hidrocución. Y el problema no es tanto la comida como el termómetro. El nombre correcto es síndrome por inmersión o hidrocución, y hace acto de presencia cuando el cuerpo entra en contacto con agua fría.

El problema llega cuando se producen cambios en la presión arterial y en la frecuencia cardíaca, que dan lugar a síntomas como malestar general, náuseas o debilidad. La disminución de la presión arterial puede producir incluso pérdida de conocimiento o un infarto. Y si la persona está en el agua, pues claro, se puede ahogar.

Preparado por si acaso

A pesar de que la hidrocución es algo infrecuente, si quieres evitarlo deberías entrar en el agua poco a poco, refrescando cada parte del cuerpo antes de zambullirte por completo. Pon especial cuidado si el día es extremadamente caluroso.

Mantente alerta para detectar los síntomas de inmediato (en el caso improbable de que aparezcan): malestar generalizado con nauseas, vómitos, enrojecimiento de la piel, zumbido en los oídos y un pulso más débil.

Si eso ocurre ha llegado el momento de salir del agua, de guardar reposo y de tumbarse en el suelo con las piernas levantadas para aumentar la presión de la sangre en el cerebro.

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