Detén el reloj en cinco pasos

Te presentamos los últimos descubrimientos científicos para parar el tiempo.
Estefanía Mauri -
Detén el reloj en cinco pasos
Detén el reloj en cinco pasos

A partir de los 35 años, el paso del tiempo comienza a hacer de las suyas. Pero, ¿y si decidieras mantenerte como a los 35 toda la vida? Vamos a poner en tus manos las armas más sofisticadas que existen.

Descubrimientos científicos que pueden ayudarte a invertir el avance de las manecillas del reloj y a evitar el ataque del tiempo. Lee con atención nuestros consejos: son como botox para tu cerebro y tinte para tu ADN.

 

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El daño

Sólo los cerebros más sanos sobreviven a los 30, y la culpa no sólo la tienen esas cañitas tan refrescantes... Un reciente estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences ha demostrado que a partir de los 25 años, y por causas absolutamente naturales, el cerebro humano comienza a menguar. El problema básico es que esa pérdida de tamaño también conlleva una pérdida en la capacidad de señalización nerviosa.

¿El resultado? Tu memoria de trabajo (la capacidad de razonar, comprender y retener información a corto plazo) puede empezar a disminuir gradualmente, y es probable que acabes preguntándote dónde narices has dejado esa cañita...

Rebobina

Ponte a hacer malabares. En serio. Un estudio británico demostró, allá por 2009, que las personas que practicaban juegos de malabarismo durante seis semanas reforzaban la estructura interna de su cerebro. Que las pelotas se les cayeran continuamente no reducía este beneficioso efecto, más relacionado con el tiempo empleado en practicar, que con la habilidad adquirida. Según el director del estudio, el doctor Jan Scholz, “la práctica de una nueva habilidad fomenta la formación de mielina, la materia blanca que contribuye a la conducción de los impulsos nerviosos”.

¿Te apetece probar? Empieza con el típico juego de malabares con tres pelotas. Dedícale a tu nueva afición al menos 30 minutos al día, 5 días por semana. Si te da pereza este deporte, prueba con otra actividad que combine el aprendizaje con la actividad física: tiro al arco, surf, bolos…

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El daño

Aunque jamás te hayas acercado a un cigarrillo, y hayas evitado siempre los malos humos de los otros, es posible que el rendimiento de tus pulmones haya ido a la baja para cuando soples las velas de tu 40 cumpleaños. Piensa que estos órganos alcanzan su momento álgido hacia los 25 años, y empiezan a envejecer a partir de los treinta y tantos. Alrededor de esa edad, y según han demostrado investigadores de la Georgetown University (EE.UU.), los alveolos (esas minúsculas bolsitas de los pulmones, que captan el oxígeno para transferirlo al flujo sanguíneo y eliminar el dióxido de carbono) empiezan a perder superficie de contacto. Evidentemente, este fenómeno provoca que los pulmones sean menos eficientes a la hora de transportar oxígeno, y que te cueste más respirar cuando te machacas en el gimnasio.

Rebobina

Bebe leche. Un estudio publicado en el Journal of the American College of Nutrition ha demostrado que quienes toman dos raciones diarias de lácteos bajos en grasas (leche desnatada, yogur, queso blanco…) muestran menos indicios de daños pulmonares. Y todo el mérito es de la vitamina D, que ayuda a mejorar la función pulmonar.

Por si fuera poco, la leche es rica en vitamina A, considerada la responsable de activar los genes implicados en la generación de tejido pulmonar. Así las cosas, no te olvides de tomar dos o tres raciones de lácteos al día: estarás ingiriendo hasta 10 microgramos de vitamina D, y 455 de vitamina A, más que suficiente para conservar tus pulmones en perfecto estado de revista.

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El daño

Lo primero que deberías saber (te ofrecemos un master rápido sobre genética) es que existen unas tiras de ADN llamadas telómeros, que rematan los cromosomas y los protegen de mutaciones durante la división celular. El problema es que, cómo no, empiezan a acortarse y a romperse con la edad, y cuando no alcanzan un tamaño mínimo, tus células ya no son capaces de dividirse, y empiezan a deteriorarse. Para acabarlo de arreglar, al mismo tiempo, tus mitocondrias (las centrales energéticas de las células) empiezan a perder fuelle a ojos vista...


Rebobina

Medita. Según confirma un experimento llevado a cabo por la Universidad de California (EE.UU.), practicar meditación puede alargar la vida de los telómeros. Los voluntarios que reflexionaron regularmente a lo largo de un período de tres meses mostraron una telomerasa más activa (la telomerasa es el enzima que ayuda a proteger los telómeros).

El doctor Alfred W. Kaszniak, profesor de psicología y neurología y director del estudio, aconseja empezar con una sesión de 10 minutos antes del desayuno: “Siéntate en una postura cómoda, que te permita estar erguido, relajado y atento. Luego, concentrándote en la sensación que te provoca la respiración en la nariz o en la elevación o el descenso del abdomen, cuenta cada exhalación del 1 al 10 y vuelve a empezar”.

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El daño

Puede que tu corazón tenga los latidos contados. A partir de los 40 años, la elastina, una proteína flexible de la aorta, va desapareciendo, y su lugar lo ocupa el colágeno, una proteína más rígida y fibrosa. ¿El resultado? El corazón deja de bombear con tanta eficacia. Por si fuera poco, el cuerpo también empieza a sustituir los miocitos (células musculares) por tejido cicatrizado, con lo que el tamaño del corazón se reduce. Eso le obliga a trabajar más duro…. Y aumenta el riesgo de sufrir un infarto.

Rebobina

Corre. Cada minuto que pases en la cinta te ayudará a mantenerte joven. Los músculos de tu corazón y tus arterias estarán más flexibles, y rebajarás la frecuencia cardíaca en reposo, interrumpiendo el proceso de envejecimiento cardiovascular. Ten en cuenta que el entrenamiento interválico es ideal para ganar forma física, pero para la salud del corazón lo mejor es un ritmo constante. En un estudio publicado recientemente en el International Journal of Cardiology, se demostró que los hombres que corren a este ritmo (30 minutos 3 días por semana) muestran una mayor flexibilidad arterial, un mejor flujo sanguíneo y un aumento en el recuento de las células que reparan las paredes arteriales.

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El daño

Prepárate para recibir más malas noticias. En los hombres, el grosor de las trabéculas (ese material esponjoso que hay en el interior de los huesos) se encoge casi en un 30% entre los 24 y los 48 años. No lo decimos nosotros, lo asegura un estudio realizado en la Clínica Mayo (EE.UU.), que también detalla que hacia los 65 años de edad, la pérdida de estos elementos estructurales, que hacen que los huesos sean fuertes y resistentes, se acentúa todavía más.

Rebobina

Come muchas ciruelas. Al parecer, se trata de las frutas más efectivas a la hora de revertir la pérdida de masa ósea. Según el mismo estudio de la Clínica Mayo, los hombres que incorporan ciruelas a su dieta pueden llegar a aumentar su densidad ósea en un 11%. Los responsables son unos polifenoles, con potentes propiedades antioxidantes, que ayudan a combatir la osteoporosis. Por si fuera poco, las ciruelas pueden aumentar el contenido de magnesio en los huesos, haciéndolos más fuertes y densos. Procura comer al menos tres al día.

Si te cuesta zampártelas a palo seco, prueba a cortarlas en trozos y añadirlas a tus cereales, o a combinarlas con un puñado de frutos secos.  

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