Evita el dolor de espalda naturalmente

Plan de nueve puntos para acabar con el dolor
MARCOS CASTILLO -
Evita el dolor de espalda naturalmente
Evita el dolor de espalda naturalmente

Nada fastidia más a una persona que sufre de dolor de espalda que alguien le diga: “Es cosa de la cabeza”. Pero básicamente es eso lo que el cirujano raquídeo doctor David Hanscom, de Seattle (EE.UU.), ha dicho a más de 600 pacientes. Y después de tres a seis meses de seguir este plan –sin recetarles medicación, ejercicios o adelgazamiento– el 95% han obtenido mejorías.

¿Cómo? Aunque en algún momento de la vida la mayoría de la gente experimenta molestias lumbares, es frecuente que los médicos no descubran la causa. Suelen recetar analgésicos. Sólo en casos de dolor grave se recomienda la cirugía, que puede provocar pérdida de líquido raquídeo, lo que acarrea cefaleas, náuseas, disminución de la audición y otros trastornos. Incluso operar “con éxito” no siempre termina con el dolor. ¿Por qué? Las molestias en la espalda empiezan como un trastorno muscular pero terminan siendo uno de tipo neurológico. Se transmite por los nervios y los que se disparan juntos actúan juntos. En otras palabras: te vuelves más sensible al dolor en cualquier otra parte del cuerpo.

Por añadidura, los investigadores de la  Northwestern University (EE.UU.) que estudiaron exploraciones por resonancia magnética hechas a gente que padecía dolor de espalda constataron que la actividad cerebral relacionada con el dolor pasaba desde el centro de procesamiento del dolor en el cerebro a sus centros emocionales. Como el estrés, la ansiedad, la ira o la depresión son capaces de provocar una cefalea, también pueden causar un recrudecimiento del dolor de espalda. Sientes el mismo dolor, pero ahora el director de orquesta es un impulso neuronal distinto.

Es un ciclo en el que el dolor físico puede provocar dolor mental, y el mental puede el dolor físico. Es un pez que se muerde la cola. Pero en realidad es imposible decir cuál ha aparecido antes porque la interacción entre ambos es constante. Con este plan de nueve puntos puedes pelear con mejores armas.

FASE 1 ACALLA EL DOLOR

1.Comienza un diario del estrés. Dedica cinco minutos, dos veces al día, a describir (o grábalo en el teléfono) lo que te está irritando. Inmediatamente, rompe lo que has escrito o borra la grabación. Esto te ayudará a alejarte de los sentimientos negativos.

2. Conviértete en un minimeditador. Cada tanto, céntrate durante 15 segundos en sensaciones que no sean las de dolor, por ejemplo el gusto, el aroma y la temperatura de tu café. Estos actos de mindfulness pueden reducir las respuestas dolorosas.

3. Deja de desahogarte con los demás. Hablar de las heridas activa las vías del dolor. 

FASE 2 PERDONA Y OLVIDA 

4.Déjalo correr. Intenta “dejar de pensar”. En cuanto comienzas a pensar en cómo alguien te ha ofendido, di la palabra “stop” o “cambia” e intenta focalizar en otro pensamiento.

5. Realiza más cosas que te causen placer. Haz un viaje de fin de semana por carretera. Darte ese gusto eleva los neurotransmisores del sentirse bien, a la vez que blinda tu sistema nervioso para que sientas otros sentimientos que no sean dolor.

FASE 3 LIMPIA LA CASA

6.Organiza la parte desorganizada de tu vida. El desorden, ya sea dentro de una relación o dentro de un cajón de tu cómoda, promueve el estrés y la ira. Ataca una parte desorganizada de tu vida, y luego otra.

7. Haz nuevos amigos o reconecta con los viejos. Muchas personas dolidas se aíslan, lo cual empeora el dolor. Intenta quedar con tus amigos e, incluso, conocer a algunos nuevos. Ve al gimnasio, al café o a pasear el perro a la misma hora cada semana y coincidirás con personas con los mismos intereses que tú.

FASE 4 SÉ MENOS EGOCÉNTRICO

8. Procura sentirte pequeño. El dolor crónico de espalda puede consumir todo tu tiempo, así que intenta crear circunstancias que pongan las cosas en perspectiva. Algo tan sencillo como dormir bajo las estrellas o salir de caminata. No vives en un mundo de dolor; a la mayor parte del mundo no le duele nada.

9. Alivia el dolor de los demás. En  un refugio para animales, por ejemplo. Saber que estás mejorando el dolor de los demás te procurará cierto bienestar. Encuentra una actividad que seas capaz de desempeñar y que te interese.

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