¿Por qué pasas frío en verano?

Así te afecta el exceso de aire acondicionado de la oficina, de las tiendas...
Julio César Ortega -
¿Por qué pasas frío en verano?
¿Por qué pasas frío en verano?

“Oye, ¿no está el aire muy fuerte? ¡Estoy helada!”

“Esto es una nevera, mañana me traigo una chaquetita de casa”

“¿Os importa si subo un poco la temperatura del aire acondicionado?”

Seguramente has perdido la cuenta de las veces que has oído decir frases de este tipo a algunas de tus compañeras en la oficina durante estas fechas. O de las veces que alguien ha aprovechado que vas un momento al baño para cambiar a hurtadillas la temperatura del termostato. La guerra (fría) de sexos por el aire acondicionado es uno de los clásicos del verano, tanto en el trabajo como en casa. Y es una guerra perdida para ambos bandos. La razón es bien sencilla: los hombres desprendemos más calor y, por tanto, por lo general necesitamos que la temperatura esté más baja. En concreto, ellas se sienten mejor a 25 grados, mientras que la media nuestra es de 22. En la teoría, nosotros jugamos con una ventaja: los actuales protocolos de climatización de los edificios se rigen por una normativa aprobada en los años 60 que tomó como referencia el metabolismo de un hombre medio de 40 años, según recuerda un reciente estudio elaborado por el Hospital Universitario de Maastrich (Holanda) publicado en la revista Nature. En la práctica, las mujeres suelen gozar de una flexibilidad a la hora de vestir mucho mayor que los hombres: mientras a nosotros nos exigen traje, corbata y zapatos, ellas pueden llevar un vestido sin mangas con sandalias.

Sin embargo, hay lugares que en verano resultan demasiado fríos incluso para nosotros por un exceso de aire acondicionado. Y no hace falta que te vayas a Estados Unidos, donde los locales y oficinas son auténticos congeladores y el frío es TT en Twitter. Aquí, algunos ya hemos aprendido la lección y ni se nos ocurre coger un avión, un AVE o ir al cine en chanclas. Si no, date un paseo por la zona de tiendas de tu ciudad y compruébalo por ti mismo. Fíjate en lo siguiente: las tiendas más exclusivas son las que desprenden más frío. ¿Por qué? Pues porque el frío en verano es sinónimo de estatus. Se necesita mucha energía para refrigerar un local de manera constante (una variación de un solo grado supone una diferencia de gasto entre el 4% y el 6%). La energía es cara. Y demostrar que no sólo no escatimas en la factura de la luz, sino que puedes abultarla sin problemas, es una manera de prestigiar tu local. Forma parte del marketing sensorial o neuromarketing, de igual manera que el color de los muebles, la intensidad de la luz o los olores.

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En casa

Pero, ¿qué hay del aire acondicionado en casa?  Según un estudio publicado por el portal Idealista este agosto, sólo 3 de cada 10 viviendas disponen de aire acondicionado en España. Obviamente, está distribuido de manera desigual: allá donde el verano es más riguroso, hay más casas con estos aparatos que en las zonas más frescas. Así, Sevilla dobla la media nacional (60%), seguida de Córdoba (53,1%), mientras que en La Coruña y Lugo apenas el 0,5% de las casas tienen aire acondicionado. 

Para los españoles, la instalación de aire acondicionado dota a la vivienda de un valor extra, pero en absoluto es un aspecto clave a la hora de elegir casa, según este mismo estudio. Sin embargo, en un mes tan caluroso como el pasado julio, hemos sido tantos los que hemos tirado del aire que España ha batido récords en la demanda energética, según Red Eléctrica de España (puedes ver cuánto consumimos en tiempo real aquí). Debido a la ola de calor, la factura puede verse incrementada en unos 30 euros, según un estudio realizado por Mirubee, una app que te permite controlar el gasto energético de cada electrodoméstico por separado.

¿Quieres ahorrar en la factura de la luz? Pues quizá te convenga echar un vistazo a la facturación por horas (PVPC, por las siglas de ‘precio voluntario para el pequeño consumidor’), que entró en vigor el pasado 1 de julio. Para ello debes tener instalado un contador inteligente, y luego elegir entre la tarifa diurna o la nocturna. Después, es cuestión de consultar la curva de precios dentro de cada tarifa, que cambia cada día a las 20:15 horas según subasta. Como te podrás imaginar, las horas más caras son aquellas en las que la mayoría de la gente está en casa y despierta, es decir: entre las 2 de la tarde y las 11 de la noche. Sin embargo, el precio del kilovatio/hora tan sólo supone un poco más de un tercio del total del recibo. El resto son impuestos y cuotas fijas por cada kilovatio contratado. ¿En resumen? La diferencia entre encender el aire o poner la lavadora a las 6 de la tarde o a la 1 de la mañana es de apenas unos céntimos.

Pero sí hay algo que te puede hacer ahorrar más. La mayoría de los aparatos de aire acondicionado que se fabrican desde hace una década funcionan con tecnología inverter. Cuando vayas a comprar uno, asegúrate de que lo tenga. Este sistema, a diferencia del tradicional, evita los ciclos de encendido/apagado, lo que no sólo te permite ahorrar entre un 25% y un 50% en la factura de la luz (aunque el aparato en sí es más caro), sino que además mantiene una temperatura más estable en la estancia, ya que el aire no tiene que calentarse para que el aparato detecte que debe volver a activarse.

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En el coche

Atrás quedan esos coches en los que encender el aire acondicionado era prácticamente lo mismo que abrir la ventana. Además de más potentes y estables, los de ahora filtran mejor el aire procedente del exterior. Y aunque la mayoría de los gérmenes que hay en un coche entran por las puertas y las ventanas, los actuales sistemas de filtrado permiten reducir la presencia de alérgenos e incluyen desde ionizadores (que neutralizan los hongos y las bacterias) hasta polifenoles de semillas de uva que acaban con un 88% más de partículas (como los de Infiniti).

Por algo, el aire acondicionado es el extra de un coche preferido por los europeos, según una reciente encuesta realizada entre 2.501 conductores por la empresa de tecnología Honeywell, que también afirma, basada en otros estudios, que las temperaturas superiores a 22 grados pueden causar somnolencia y reducir la atención al volante. Pero casi la mitad de los encuestados (en España, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido) no lo enciende hasta que la temperatura dentro del vehículo alcanza los 28 grados.

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Efectos secundarios

Junto al poder de enfriar, la cualidad más importante del aire acondicionado es la de reducir la humedad, lo que normalmente se conoce como ‘resecar el ambiente’. Pero cuando la humedad ambiental baja del 30% (la ideal está en torno al 60%), empiezan los efectos secundarios: se resecan las mucosas y por ello puede aumentar el riesgo de sufrir rinitis, bronquitis, dermatitis o sequedad en los ojos. Unas consecuencias que notan especialmente los que son asmáticos. En algunos casos también se puede llegar a sufrir dolor de cabeza, debido a la contracción repentina de los vasos sanguíneos del cráneo. Por no hablar de la legionelosis, una inflamación de los pulmones producida por la legionella, una bacteria que se esconde, entre otros muchos lugares húmedos, en las torres de refrigeración que no reciben un correcto mantenimiento. Para el aparato que tienes en casa, basta con limpiar los filtros cada seis meses, si es que no tiene función de autolimpieza.

Sin embargo, no todo son inconvenientes. Los aparatos de aire acondicionado modernos suelen llevar filtros que purifican el aire, y así reducen la presencia de polvo, pelos de mascota, polen y polución, por lo que pueden ayudar a los asmáticos y alérgicos, según la estadounidense Clínica Mayo. Además, la reducción de la humedad ayuda a que se reproduzcan menos ácaros y hongos.

En el lugar de trabajo, una temperatura superior a los 26 grados o inferior a los 22, por lo general dificulta la concentración y afecta al rendimiento intelectual. Eso sí: mantente alejado de los chorros de aire directo, puesto que, además de un resfriado, podrían provocarte dolores de cabeza y contracturas musculares.

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