¿Qué me pasa, doctor?

Seguro que tienes preguntas que, ya sea por vergüenza o por despiste, nunca has formulado a tu médico. Aquí estamos para sacarte de dudas.
Samuel Valiente -
¿Qué me pasa, doctor?
¿Qué me pasa, doctor?

A. En la consulta

Si pido una segunda opinión, ¿mi médico se lo podría tomar mal?
Los médicos son personas, y por tanto, cada uno es un mundo. Por lo general, no debería haber ningún problema, aunque el doctor Andreu Fernández Codina, residente de Medicina Interna en el Hospital Vall d’Hebron (Barcelona), advierte de que normalmente “sirve para reafirmar un diagnóstico difícil de asumir por el paciente o la familia”. Vamos, que solemos pedir una segunda opinión cuando lo que oímos no nos gusta. En todo caso, hay que recordar que, como pacientes, tenemos el derecho a tener una segunda opinión médica, se enfade quien se enfade.

Nunca me hago chequeos rutinarios. ¿Estoy corriendo un riesgo?
Depende de tu edad. Si eres el lector tipo de Men’s Health, esto es, adulto joven sin patología de base, no tienes por qué hacerlo a no ser que tu médico te lo indique. Acude a él cuando tengas un problema, coméntale los síntomas que tienes y pregúntale sobre las pruebas sobre las que tengas dudas. Apórtale información sobre las enfermedades que ha habido en tu familia para que pueda indicarte las pruebas que deberías practicarte y las que no serán necesarias.

¿Cómo puedo saber si un médico de urgencias es realmente bueno?
La respuesta es sencilla: no puedes. Y de nada sirve que sea más simpático o menos o tenga cierta edad o vista elegantemente. La relación médico-paciente se basa en la confianza, así que sólo puedes presuponer que, en efecto, el profesional que te atiende cuando apareces por urgencias con la cabeza abierta va a saber tratarte. Piensa que ha sido contratado por la institución para la que trabaja, ya sea pública o privada, por lo que difícilmente será un cualquiera. Además, ese médico de urgencias no estará solo: si se encuentra con problemas que superan sus competencias, pedirá ayuda a especialistas. Eso sí, como bien recuerda Fernández Codina, que te traten con mejor o peor cara “dependerá del insomnio y la carga de trabajo” que lleve encima el médico. Todos podemos tener un mal día…

Me incomoda mucho hablar de temas personales con el médico. ¿Hay algún modo de que pueda evitar pasar por ese mal trago?
Por supuesto, nadie te pondrá una pistola en la cabeza para que le cuentes al médico un montón de detalles personales y vergonzosos, pero recuerda que eres tú el interesado y que, si evitas aportar toda la información necesaria, sólo tú saldrás perjudicado. Lo mejor es dejarse los remilgos en casa y mostrarse ante el médico como lo que es: un profesional de la salud dispuesto a ayudarte a resolver un problema y no un padre que te va a regañar. Claro que tampoco es bueno pasarse: es tu médico, no tu psicólogo ni confidente.

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B. Salud y deporte

La espalda me está matando y me han recomendado varios tratamientos: antiinflamatorios, acupuntura, masajes, hacer yoga… ¿cuál es el mejor?
Todos son efectivos, por lo que dependerá mucho del tipo de dolencia que padezcas. Conviene hallar la causa del dolor y, entonces, escoger la opción terapéutica más efectiva. Si hablamos de una lumbalgia aguda, bastará con calor local y reposo relativo de un par de días, junto con analgesia. Eso sí, como recomienda el doctor Albert Gargallo, residente de Traumatología del barcelonés Hospital Vall d’Hebron, posteriormente es recomendable crear fajas musculares naturales. ¿Cómo? Pues trabajando los músculos abdominales y dorsales. El yoga puede ser un buen método para conseguirlo.

A veces, al hacer ejercicio físico, sufro dolores de cabeza intensos y repentinos. ¿a qué se puede deber?
Ésta es una de esas preguntas imposibles de responder sin conocer el perfil completo del paciente, pues las causas pueden ser muchas y muy variadas. En cualquier caso, Gargallo apunta a cuestiones de “dilatación arterial y cambios de presiones sanguíneas” como causas probables. Para evitarlo, o cuando menos mitigarlo, es clave mantenerse bien hidratado durante la actividad física. Ya sabes: esa botella de agua nunca puede faltar.

Otras veces, durante o después de hacer deporte, vomito. ¿por qué?
A veces, cuando uno hace ejercicio, la mayor parte de la sangre va a los músculos que está trabajando. Esto deja diferentes órganos en reposo y, por tanto, si estás haciendo la digestión, ésta se puede parar, lo que provoca los desagradables vómitos. Pero, una vez más, lo mejor es indagar en busca de una respuesta, pues no siempre sucede por el mismo motivo. Los más futboleros recordarán los recientes vómitos de Leo Messi durante los partidos. Su causa aún sigue siendo un misterio incluso para él aunque, curiosamente, parecen haber desaparecido con una solución tan simple como es mascar chicle. Si te sucede a menudo, ve al médico.

El otro día me disloqué el hombro y me lo volví a colocar yo solo. ¿Debería ir al médico?
Hombre, pues sí. Una luxación no es precisamente un rasguño sin importancia. Quizá no necesites una visita urgente si has logrado colocar el hombro de nuevo en su lugar, pero lo más aconsejable es acudir al traumatólogo para comprobar si hay atrapamiento de nervios o fracturas que pueden provocarte daños colaterales. Aunque te encuentres bien, es importante realizar una exploración de cara a evitar lesiones crónicas.

He visto sangre en el papel higiénico durante algunos días. ¿Debería preocuparme?
Lo más probable es que se trate de hemorroides. Pero si tienes sangrado profuso con pérdida de peso, debilidad y otros síntomas, podría ser más grave.  Fernández Codina recomienda una visita al médico para que realice una exploración proctológica.

Fumo tres o cuatro cigarrillos al día. ¿Se me considera fumador? ¿Es peligroso?
Si fumas, eres fumador. Sean dos, cuatro o veinte cigarrillos al día. Aun así, el perjuicio es obviamente menor cuanto menos fumes, pues el efecto del tabaco es acumulativo.

A veces me sangra la nariz sin motivo aparente. ¿Es preocupante?
La nariz posee una especial fragilidad capilar que responde a cuestiones como cambios de temperatura o de presión, lo que puede ocasionar sangrados. Pero si ocurre de forma asidua conviene consultar con un otorrinolaringólogo.

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C. Descanso

Duermo menos de seis horas al día y no me siento cansado. ¿Es normal?
¡Qué suerte la tuya! Cada uno tiene sus biorritmos y, por tanto, puede que a ti te baste con seis o menos. Dicen que grandes personajes históricos como Churchill o Napoleón dormían apenas cuatro horas diarias, así que lo tuyo quizá sea más motivo de orgullo que de preocupación.

Me cuesta mucho despertarme. ¿Qué me pasa?
Si no descansas bien, puede deberse a un montón de causas: desde una mala postura hasta micro-despertares nocturnos, pasando por ronquidos o preocupaciones. Claro que quizá simplemente estés desmotivado. Analiza tu vida e intenta detectar la causa. Si no lo ves claro, habla con el especialista.

A veces estoy más cansado después de dormir muchas horas seguidas. ¿Por qué?
El cuerpo requiere de su periodo de descanso y su periodo de activación, y cualquier alteración rompe este balance y nos hace sentir más cansados, distraídos o incluso irascibles. Por otra parte, Tarín apunta a la probabilidad de que entres muchas veces en la fase REM, que es cuando el cerebro trabaja intensamente y consume más energía. Piensa que, si duermes muchas horas, también entras más veces en esta fase del sueño.

Tomo un somnífero un par de noches por semana. ¿Es peligroso?
Sí, lo es. Los somníferos crean dependencia, así que si abusas de ellos puedes desarrollar adicción, hasta el punto de resultarte casi imposible dormir sin consumirlos. Sólo debes tomarlos bajo prescripción médica. Y piensa que quizá atiborrarte a pastillas no sea el mejor remedio para tus problemas de insomnio: puede haber cuestiones emocionales o de estrés que estén influyendo.

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D. Accidentes

El otro día me llevé a la boca una cucharada demasiado caliente y me quemé la lengua. ¿cómo se curará más deprisa?
¿Sabes aquello de que el tiempo lo cura todo? Pues eso. Lo único que puedes hacer es esperar a que cicatrice. Tomar algo frío, como un helado, puede ayudar a mitigar las molestias, así como usar un analgésico local tipo colutorio. Pero no se puede acelerar el proceso. Y, aunque suene obvio: ¡evita más abrasiones!

Jugando a fútbol me di un trompazo y luego tosí un poco de sangre. No me ha vuelto a pasar, pero… ¿debería preocuparme?
Escupir sangre es algo muy escandaloso, lo sabemos, pero si no ha vuelto a pasar y no tienes ninguna dolencia asociada, no deberías darle mayor importancia, pues se trataría simplemente de una contusión. Pero si sucede otra vez o si sientes alguna molestia sospechosa, deberías acudir al médico para descartar algo más grave. No lo dejes pasar.

¿Cómo sé si me tienen que dar puntos en una herida?
La necesidad de puntos depende de muchos factores, tales como la profundidad, la zona de la herida o lo abierta que esté, algún déficit sensitivo o motor y un largo etcétera que tú, profano en medicina, no sabrás interpretar, pero que un profesional del sector conoce tan bien como el abecedario.

Me ha salido una ampolla gigante en el pie por correr. ¿Debería pincharla?
Sí, se pueden reventar para mitigar la molestia, pero piensa que, a no ser que lo hagas en unas condiciones óptimas de higiene, el riesgo de infección es elevado. Y entonces sí tendrás un problema. Si no crees que puedas hacerlo con las máximas garantías de seguridad, tienes dos opciones: acudir al centro de salud más cercano o esperar.

El concierto fue hace tres días y todavía me pitan los oídos. ¿Me pasa algo?
¿Tres días? Bueno, sin duda el concierto fue cañero, pero de momento no deberías preocuparte, pues, como dice el doctor Gargallo, “la exposición a ruidos fuertes durante horas puede dar sensación de pitido a lo largo de una semana”. En caso de que persista, acude al otorrino. Eso sí, es probable que hayas sufrido una ligera pérdida de audición, y eso es permanente: aunque los pitidos desaparezcan, las pérdidas son acumulativas. Piensa que por encima de 85 decibelios la audición ya se puede ver afectada… y un concierto de rock alcanza fácilmente los 110.

Si tengo una herida, ¿es peligroso nadar?
No es la mejor de las ideas. Por mucho que vendes la herida, estás expuesto a todo tipo de bacterias. El agua del mar suele estar sucia y contaminada, y la de las piscinas tampoco está exenta de agentes infecciosos. Además, el cloro puede irritar la herida. Así que podríamos decir que bañarte en esas condiciones sería como enviar una invitación cordial a millones de bacterias para que se acomoden en tu herida.

Me han puesto puntos. ¿Puedo hacer algo para que no me quede cicatriz?
La cicatrización es un rasgo personal: hay quien cicatriza maravillosamente y quien lo hace fatal. Y eso es como ser alto o bajito, calvo o con pelazo: no se puede cambiar. Aunque siempre se pueden tomar medidas: mantener la herida seca y limpia, evitar la incidencia directa del sol o aplicar alguna crema cicatrizante, como el aceite de rosa de mosqueta.

Llevo dos semanas con un moretón muy feo en el muslo y no se me va. ¿Es preocupante?
No debería ser nada del otro mundo. Piensa que los moretones fruto de golpes y contusiones suelen tardar varias semanas en desaparecer del todo. Además, el muslo es una zona con mucha musculatura y eso favorece la creación de hematomas extensos y profundos que tardan en resolverse. En todo caso, si ves que no ha mejorado nada en estas dos semanas, convendría una valoración médica.

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E. Medicación

Me han recetado unas pastillas y me he tomado una de más por error. ¿Qué hago?
En principio no debería pasar nada, pues las dosis de medicamento recetadas por los médicos están muy por debajo de los niveles tóxicos. Aun así, habría que valorar de qué pastillas se trata, leer el prospecto y, en caso de duda, llamar a un centro de salud. Eso sí, la próxima vez ve con más cuidado: una sobreingesta de medicamentos nunca trae nada bueno.

Si tengo fiebre, ¿debería medicarme o dejar que la enfermedad siga su curso?
En una persona joven y sana, esto es, sin patologías de base, la fiebre debería mantenerse a raya a base de remedios caseros. Ya sabes: compresas frías, reposo y beber agua como si no hubiera mañana. Si esto no funciona… sí, lo has adivinado: ve al médico. Lo que no debes hacer nunca en estos casos es automedicarte. En serio: no lo hagas. Consultar a un profesional no cuesta tanto y puede ahorrarte disgustos.

Suelo tomar analgésicos para las molestias que tengo después de hacer deporte. ¿Hago bien?
Hombre, no es lo ideal. Aunque los analgésicos son los únicos fármacos que se saltan a la torera el dogma del “no a la automedicación”, lo cierto es que tomarlos constantemente no es una buena idea. Tal vez deberías plantearte hacer otro tipo de ejercicio, algo más suave, que no requiera analgesia posterior. No siempre machacarte más es lo más efectivo.

Le he pasado la gripe a mi novia. ¿Puedo compartir con ella mis medicinas?
¿Estás seguro de que es gripe? No es recomendable hacerse autodiagnósticos y menos si eso lleva a la automedicación. Lo ideal es que la vea un médico y entonces, una vez corroborado el diagnóstico, no hay problema en compartir la medicación siempre y cuando ella no presente ninguna alergia o patología de base que lo contraindique. En todo caso, para este tipo de enfermedades suelen recomendarse fármacos de tratamiento sintomático, ya sabes: paracetamol, ibuprofeno… Y con este tipo de medicamentos no suele haber problemas.

Un amigo combina medicamentos tradicionales con homeopáticos. ¿Es aconsejable?
Según el doctor Gargallo, los medicamentos homeopáticos contienen una concentración de principios activos equivalentes a “un grano de sal en un lago”, por lo que no existe riesgo… aunque tampoco efecto alguno. De hecho, todos coinciden en que la efectividad real de la homeopatía no está demostrada. Dependerá de las convicciones de cada uno el tomarlos o no. Eso sí, lo que está claro es que no entrañan ningún peligro para la salud.

No suelo leer el prospecto de los medicamentos que me recetan. ¿Estoy siendo irresponsable?
Irresponsable es una palabra muy fea. Digamos que siempre es recomendable leer los prospectos para estar preparados ante posibles efectos secundarios. Sin embargo, si tenemos claro el uso y la posología de los medicamentos en cuestión, no debemos obsesionarnos. Es más, hay quien malinterpreta la información de los prospectos, lo que puede llevar a temores infundados. Ojo con la hipocondria: a veces genera problemas donde no los hay.

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