Así te reconstruirá muy pronto la ciencia

Pero la pregunta es: ¿de verdad querrías vivir para siempre?
Xan Pita -
Así te reconstruirá muy pronto la ciencia
Así te reconstruirá muy pronto la ciencia

Algunas personas identifican el concepto de inmortalidad con fantasía. O creen que, aunque fuera posible, no la querrían. Llámalo arrogancia o, tal vez, ansiedad. Los avances biomédicos recientes en el ámbito de investigación de las células madre, reparación molecular, clonación, órganos sintéticos y cibernética ya están mejorando la esperanza de vida de las personas. Ahora, los científicos se atreven a creer que esos avances podrían, en poco tiempo, parar el proceso de envejecimiento de manera decisiva. Prolongar la vida. El final de la muerte, el bloqueo del último suspiro.

El proceso inicial del tratamiento es la peor parte: ingeniería tisular (creación de órganos en el laboratorio y trasplantes), terapia con células madre (inyección de células “reparadoras” en los pacientes) y medicina regenerativa molecular (reparación de células dentro del cuerpo). El pensamiento generalizado es que hay un 50% de posibilidades de conseguir todo esto en los próximos 25 años. Este tratamiento se utilizaría con personas de mediana edad cuyos cuerpos no hubieran sufrido ningún daño grave. Se garantizarían otros 30 años de vida saludable. Después, cuando el paciente regrese pasados otros 30, los nuevos tratamientos habrían mejorado. Se le rejuvenecería más tiempo. El tratamiento mejoraría de nuevo. El paciente no envejecería. En el negocio de la batalla contra la muerte esto se denomina “velocidad de escape de la longevidad”.

En los últimos dos años, las técnicas de criogenización disponibles han desatado una guerra de precios en las clínicas de todo el mundo. Desde las estadounidenses, que ofrecen un seguro para la vida eterna por 30 dólares al mes (unos 25 euros), hasta un centro en las afueras de Moscú, donde conservan tu cabeza por tan sólo 8.000 euros. Regresar del más allá es, de repente, menos disparatado. Aunque, por mucho o poco que pagues, la promesa es la misma: suspensión de tu ser hasta el momento en el que la muerte no sea la muerte nunca más.

A pesar de todo, estamos acostumbrados a la muerte. Es sólo una parte de la vida. La muerte nos domina psicológicamente. Nos hemos convencido de que es buena porque pensamos que no podemos hacer nada para evitarla. Tememos la inmortalidad porque nos es desconocida. Nos inventamos razones absurdas para justificar por qué sería mala. Decimos que nos aburriríamos, que seríamos demasiados, que los dictadores someterían a la gente de por vida. Preferimos la muerte. Pero la inmortalidad es demasiado importante para meterla debajo de la alfombra existencial. Después de todo, billones de vidas están en juego. La mía también. Para mí, bajito y no demasiado en forma, con historial de esclerosis en mi familia, ateo, la muerte es cada vez más real y aterradora. Los científicos afirman que no tiene por qué ser lo primero. Los filósofos dicen que lo segundo no debería preocuparme. ¿A quién deberíamos creer? Si los científicos tienen razón, ¿por qué no los acogemos como los salvadores de vidas dignas de este mundo? ¿Tememos más su vida eterna que nuestra propia muerte? Todo se reduce a inmortalistas vs. mortalistas. ¿De qué lado estás tú?

Publicidad

La vida tal y como la conocemos

Imagina que funcionase. La vida se convierte en un crucero en vez de en una carrera. No nos asusta envejecer (300 son los nuevos 30) y no necesitas estresarte por una eternidad de futuros mañanas. Sería glorioso pero no queremos eso. Para comenzar a averiguar por qué, hablamos con Ian Ground, profesor titular de filosofía del Centre for Lifelong Learning de la Sunderland University (Reino Unido). Nos dice que acaba de dar una clase sobre la inmortalidad y que todavía tiene los argumentos frescos en su cabeza. Perfecto.

Afirma que el mundo se convertiría en un lugar peor. La población aumentaría dramáticamente y los recursos básicos escasearían. Aumentaría la desigualdad. Los dictadores vivirían indefinidamente. Y, evidentemente, seríamos viejos. “Normalmente, las personas se vuelven más conservadoras cuando se hacen mayores”, asegura Ground. “Podrían resistirse al cambio. Entonces, ¿qué pasaría con la innovación? La sociedad podría anquilosarse. A la mayoría de nosotros no nos gustaría un mundo gobernado por nuestros abuelos”. También cabe destacar inconvenientes para el individuo. La cosa no se anima. “Los científicos creen que podemos seguir descubriendo cosas sobre el universo eternamente”, continúa. “Quizás sí, pero lo que no pretendemos es convertirnos simplemente en máquinas de adquisición de conocimientos para el resto de nuestra vida. Necesitamos sentir y relacionarnos, no sólo trabajar. Estamos familiarizados con la idea de nacimiento, crecimiento, desarrollo, periodo de madurez, decadencia gradual y, con suerte, retiro y muerte digna. No sabemos qué puede pasar si nos estancamos. No tenemos ni idea de si la mente humana puede sobrevivir a eso. Puede que, simplemente, lleguemos a aburrirnos de solemnidad”.

Publicidad

Una vida aburrida

El aburrimiento es un temor frecuente entre los mortalistas. Pero, ¿te aburrirías? ¿Sería la vida mucho más interesante? Podrías disfrutar de un año sabático en cada década. Tendrías una lista de tus ex novias a modo de Libro del Juicio Final. Y si la cosa se pone fea, sólo tendrías que tirar la toalla. Pero el periodista Bryan Appleyard, autor de Ciencia vs Humanismo, dice que el aburrimiento haría mella.

“Algunos gerontólogos dicen: ‘Si te aburres, ¿por qué no aprendes física cuántica o árabe?’ – explica–. Bueno, no quiero aprender árabe. El simple hecho de tener 200 años no me convierte en una persona más ávida de conocer cosas nuevas”. “Creo que hay una cuestión que los inmortalistas no entienden y es que uno se hastía de su propia personalidad pasado un cierto periodo de tiempo. La idea de seguir y seguir interesado en ser tú mismo es, cuanto menos, extraña. No creo que nadie lo soporte. Creo que acabarías terriblemente aburrido de ti mismo”. Si tienes un mínimo interés en la investigación sobre la inmortalidad, tarde o temprano te acabarás encontrando con el gerontólogo Aubrey De Grey. Este firme defensor del inmortalismo ha consagrado su carrera como investigador hacia la “velocidad de escape de la longevidad”.

Protagonista de vídeos memorables en YouTube, De Grey habla con un hipnótico acento británico. Su aspecto de druida haragán, con barba larga, vaqueros, zapatillas deportivas y ojos cristalinos, puede dar la impresión equivocada, pero a la hora de expresar su opinión el científico se muestra siempre ágil y con una respuesta preparada para sus críticos. “¿Que si vivir más sería aburrido? ¿Que los dictadores celebrarían más fiestas de cumpleaños?”, exclama Aubrey De Grey. “No estoy diciendo que los argumentos de Bryan Appleyard sean estúpidos; sólo que me parece  increíblemente absurdo utilizarlos como objeciones ante un problema crucial que tenemos hoy en día, concretamente la pérdida de la salud en la tercera edad. No quiero ser la clase de persona que condene a la humanidad a una muerte innecesariamente prematura sólo porque pensaba que sabía cómo sería la vida en el futuro”.

De Grey tiene una mente maravillosa. Estudió Ciencias de la Computación en la Universidad de Cambridge y se formó en Gerontología. En la actualidad, investiga sobre medicina regenerativa. Está convencido de que puede descubrir la inmortalidad biológica antes que las batas blancas del establishment científico tradicional.

Publicidad

Cómo te reconstruirá (muy pronto) la ciencia

1. Cerebro
Los investigadores han conseguido, con éxito, leer el pensamiento de los monos conectando sus cerebros a ordenadores durante un experimento. Algunas personas creen que éste es el primer paso para poder transferir una mente humana a un ordenador, impidiendo su decadencia para siempre. Dicen que será real en años.

2. Vista
Se están llevando a cabo experimentos para lograr que pacientes con ceguera degenerativa recuperen una visión limitada. Se trata de adherir al paciente una cámara que envía una imagen a la retina a través de impulsos electrónicos. Como resultado, el paciente puede ver formas que podría utilizar para abrirse camino.

3. Manos
El i-Limb, fabricado por la compañía escocesa Touch Bionics, utiliza sensores integrados que le dicen a cada uno de los dedos conectados de manera individual cuándo pueden sujetar un objeto de manera segura. Esto significa que el agarre se puede ir aumentando de manera gradual. Se está investigando para ayudar a los dedos.

4. Corazón
Cientos de personas tienen implantados en su cavidad torácica corazones artificiales de la firma estadounidense SynCardia. El corazón biónico se conecta a una bomba eléctrica y a una batería que se lleva externamente en una mochila. Una alarma permite que el paciente sepa cuándo la batería está baja.

5. Piernas
Las prótesis ya contienen rodillas hidráulicas controladas por ordenador que ajustan automáticamente su resistencia. Las escaleras siguen siendo un problema pero se están desarrollando articulaciones para poder subir. Las prótesis de pierna de “cuchillas” de fibra de carbono ya superan a algunas capacidades humanas.

 

Publicidad
Te recomendamos

¿Qué pasa cuando eres deportista pero tu cuerpo rechaza alimentos como los cereales, ...

Las fibras capilares son una gran solución contra la pérdida de pelo...

Buff® se reinventa con el tejido DryFlx® ...

Puedes entrenar en casa igual (o mejor) que en un gimnasio...

Ha llegado la hora de ponerle fin al problema y optar por el microinjerto capilar en ...

El DS 7 Crossback es el primer coche desarrollado desde cero por la marca premium fra...