El juego que pervierte su imaginación

Ella es una tigresa. Pero también tiene algo de payasa. Si juntas ambas cosas, conseguirás tener encuentros la mar de morbosos y divertidos
María Gómez -
El juego que pervierte su imaginación
Disfrázate para calentarla

1. Repartid papeles

Lo primero es proponerle que os disfracéis. En un estudio de la Universidad de Michigan (EE.UU.) se demostró que, cuando una mujer piensa en su fantasía sexual, a los 15 minutos libera testosterona, la hormona asociada con el deseo. Y eso funciona cuanto más específicas son las fantasías. Así que pregúntale, claramente, qué le parecería disfrazarse para ti. Si acepta, entrará en juego el imaginario de ambos. Igual ella se siente ridícula de doncella francesa, pero le encanta ir de enfermera morbosa o viceversa. Y a ti ¿qué te pone más? Llegar a un acuerdo puede dar lugar a una conversación subida de tono que caldee el ambiente.

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2. Créete el personaje

El disfraz no es más que el inicio. La mayoría de los juegos de cama tienen que ver con el poder: si ella va de inocente alumna, tú serás el estricto director del internado de señoritas. Si se decide por ir de ejecutiva agresiva, te va a tocar acatar sus órdenes. Y para que funcione de verdad, esto supone un cambio de actitud: representar el personaje. Si sois hábiles en el campo de la interpretación, podéis emplear algún acento: un sexy punto francés, un mandón toque alemán, un envolvente susurro italiano… Para que la cosa sea un éxito, no se trata únicamente de ponerse un disfraz, sino de representar un personaje y explorar otras facetas.

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3. Prepara el terreno

Después de hablar del tema, intercambia mensajes subidos de tono con ella para que ambos os vayáis poniendo en la piel de vuestros personajes. Id creando una historia. Volvamos al caso de que ella es una ingenua colegiala. Pregúntale si ha hecho sus deberes y dile que se prepare para el examen general, que no va a ser nada fácil. Con este tipo de diálogos conseguiréis dos cosas: calentar la atmósfera y tener claros los límites en los que os movéis. Y de vez en cuando, sal de la historia y regálale un refuerzo positivo: “Me muero de ganas de verte vestida de…”, “qué caliente me está poniendo todo esto”. De esta forma, también disiparás sus temores.

 

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4. Aprende la lección

Los disfraces sirven para meterse en la piel de otro personaje y desinhibirse. Hay fantasías que quizá ninguno de los dos se hubiera atrevido a verbalizar y mediante este juego se han podido hacer realidad. Por ello, no hace falta recurrir siempre a los disfraces para incorporar ese nueva modalidad en vuestros encuentros. ¿Le encantó ser una princesa cautiva a la que tuviste que atar para que no se moviera? Pues igual os podéis plantear ex-perimentar con el bondage. ¿Le gustó ser una descarada azafata a la que hiciste el amor en un lavabo público? Tal vez puedes empezar a pensar lugares en los que dar rienda suelta al exhibicionismo.  

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Disfraces que siempre funcionan

Enfermera

El disfraz: traje blanco con escote + medias blancas con ligas + gorro

El rol: ella decide cuándo y dónde tocarte, y tienes que hacerle caso.

 

Criada

El disfraz: corpiño negro + plumero + cofia + delantal

El rol: tú mandas, ella debe seguir las órdenes de su exigente patrón.

 

Colegiala

El disfraz: camisa blanca + falda escocesa corta + calcetines largos + coletas

El rol: esta inocente chica necesita un mentor que la guíe y la corrija.

 

Policía

El disfraz: camisa y pantalón azul + gorra + porra + gafas de sol + esposas

El rol: eres un chico malo y te has metido en líos. Ella tomará medidas.

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