Condonados a entendernos

Nuestra relación con los condones es complicada. El sexo es más divertido si no intervienen, pero también más peligroso...
Samuel Valiente -
Condonados a entendernos
El condón es tu amigo

Condón, profiláctico, goma, globo del amor, funda de sable… Hay mil formas de llamarlo pero sólo una de usarlo. Una forma que, siendo realistas, muchas veces no nos convence. El preservativo es ese pequeño entrometido que aparece en el momento más inoportuno, cuando todo es calor y olores y tacto, y no apetece que una barrera de plástico se interponga entre tú y el placer.

Sin embargo, esa barrera de plástico también se interpone entre tú y un montón de enfermedades, o entre tú y un embarazo no deseado. Y es por eso que existe. Y por eso tú mismo guardas, seguramente, un par en el cajón de tu mesita de noche esperando pacientemente a que suene la campana, aguardando turno para salir de la trinchera. Al fin y al cabo, algo es innegable: no nos gustará usarlos, pero hacerlo siempre es sinónimo de buenas noticias.

Siendo personas maduras, responsables y sensatas, podemos convenir que el condón es indiscutible cuando hablamos de sexo esporádico. Se trata de un efectivo método anticonceptivo porque protege de la tremendamente dolorosa gonorrea –un peligro creciente– hasta el sida, un mal que erróneamente tendemos a minimizar desde hace unos años.

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No hay mal que por bien no venga

Alicia Ortega es directora de marketing de Control, uno de los fabricantes de profilácticos más potentes de nuestro país. Lleva años trabajando con este producto y en todo ese tiempo ha aprendido a aceptar algo: “La gente percibe el preservativo como un mal necesario”. Ciertamente, el condón no es recibido con aplausos cuando toca meterse en faena, pero aun así lo usamos porque sabemos que dejarlo de lado puede traernos graves problemas.

A esta toma de conciencia hay que sumar, además, una normalización del producto en las últimas décadas. ¿Recuerdas cuando para comprar una caja de preservativos tenías que ir a la farmacia? ¿Y la vergüenza que te daba? Casi te sentías como si estuvieras haciendo algo ilegal. Ahora, sin embargo, los condones están bien visibles en cualquier supermercado, incluso en la zona de cajas, junto a los chicles y las pilas, para que no se te olvide reponer provisiones. Nadie te va a juzgar hoy día por llevar condones, sino más bien por lo contrario.

Por todo esto el preservativo es el método anticonceptivo más usado, aunque Ortega asegura que de un tiempo a esta parte “se está reduciendo su uso entre la gente joven”. Habla más de una tendencia que de una caída importante, pero lo cierto es que se percibe cierta “relajación ante las ETS y el embarazo no deseado” entre quienes apenas comienzan en esto del sexo. De todos modos, según el barómetro de Control de 2014, 7 de cada 10 jóvenes utilizan el preservativo masculino, un producto que, por cierto, seguimos adquiriendo generalmente los hombres. “Pese a la normalización en el punto de venta, las chicas suelen desentenderse de la compra”, explica Ortega.

Visto así no es de extrañar que el 23% de los hombres aseguren llevar preservativos siempre encima, frente a sólo el 13% de las mujeres. Quizá seamos más optimistas, ¿no? Pero, estemos más o menos concienciados sobre lo necesario de su uso, nuestra relación con los preservativos está lejos de ser idílica. Que si nos cortan el rollo, que si nos hacen perder sensibilidad, que si cuestan de poner

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Hola condón...¿adiós erección?

No, definitivamente: los condones no son muy populares. La cuestión es: ¿por qué? ¿Hemos llegado a Marte y nuestro ingenio como especie se acaba en una funda de látex? Pues suena duro, pero eso parece. El diseño básico de los preservativos actuales no dista demasiado del de los primeros modelos, surgidos a finales del siglo XIX.

Y eso, a la hora de la verdad, puede traernos más de un quebradero de cabeza. Marta Gómez Subils, psicoterapeuta especialista en sexualidad del Insituto Mensalus de Barcelona, nos explica cómo una simple goma puede ser un escollo en la vida sexual. No es broma: la disfunción eréctil asociada al condón puede convertirse en un problema grave si no se toman medidas, pues lo que puede ser una simple “cortada de rollo” puede llegar a cronificarse. Pongamos que una noche ligas. Subes con la chica a casa, no hay demasiada confianza, has bebido. Y, a la hora de sacar el preservativo, notas cómo tu erección decide dejarte tirado. Esa anécdota –bastante frecuente, en realidad– generalmente se queda en eso, en una anécdota. Pero en algunos casos puede ir más allá.

Si tu mente asocia el condón con el gatillazo, con la experiencia negativa, cada vez que llegue el momento de desenfundar, tu mente hará “clic” y… adiós erección. Lo mismo sucede con la sensación de “pérdida de sensibilidad”, también muy habitual en los usuarios resignados del condón. “Es cierto que con preservativo se experimenta una menor sensibilidad”, reconoce Gómez, aunque “en general no es tan real como pensamos, pues se nota más o menos en función de la atención que se le presta”. Esto quiere decir que si te pones un condón a regañadientes, es probable que durante la penetración estés demasiado pendiente de la sensibilidad de tu pene, lo cual no hace otra cosa que reafirmar esa percepción de menor sensibilidad. El poder de la mente, amigos.

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Cómo evitar el gatillazo

¿Cómo arreglamos esto? Marta Gómez recomienda, en primer lugar, “focalizar la atención en otras partes de tu cuerpo y del de la otra persona”. No te obsesiones con tu pene. Tienes a una chica bonita delante, hombre: bésala, acaríciala, mírale a los ojos. Háblale. Tienes mil cosas más que hacer, y seguramente más excitantes, que andar ahí obcecado con el tamaño de tu erección o en si notas más o menos sensibilidad. En cuanto a los gatillazos, también ayuda hacer partícipe a tu pareja sexual. ¿Por qué no le dices que te ponga ella el condón?

Y, por último, aunque parezca una tontería: si tienes problemas con el preservativo, familiarízate con él. Piensa que es ese compañero de trabajo al que no tienes más remedio que soportar y al que, después de mucho trato, acabas cogiendo cariño. Infórmate sobre cómo usarlo, probando diferentes modelos o ensayando en casa. Sí, ensayando. Ya sabes cómo. El caso es asumir que vas a seguir usando condón y que sólo tienes una opción: llevarte bien con él.

Eso es lo que podemos hacer por nuestra parte. En cuanto a la industria, siguen peleando por hacer que nuestro “mal necesario” sea cada vez menos malo. Alicia Ortega, de Control, nos explica que los fabricantes buscan mejorar el producto desde dos flancos muy concretos. El primero persigue una sensibilidad cada vez mayor. “Estamos fabricando preservativos cada vez más finos sin comprometer la seguridad”, asegura.

El segundo caballo de batalla es la colocación. “Seis de cada diez usuarios aseguran que se ponen el condón muy fácilmente… Lo cual significa que a cuatro de cada diez les cuesta”, revela Ortega, así que ese es otro flanco en el que se tratan de encontrar mejoras. Además, hay productos pensados para maximizar el placer: efecto retardante para él, puntos y estrías para ella, efecto frío o calor, aromas, sabores… En definitiva, un montón de inventos que, a falta de una revolución en el mercado del preservativo, nos van haciendo un poco más placentero aquello tan fastidioso y a la vez necesario que es cubrir a nuestro pequeño –o no tan pequeño– amigo en su momento de gloria.

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