El sexo en los tiempos de #MeToo

El silencio se ha roto. Tras la oleada de escándalos de acoso y abusos sexuales a tantas mujeres, las reglas de la seducción han cambiado. Una psicóloga te ofrece el manual para actuar en este nuevo escenario sin dejarte la libido por el camino.
Loola Pérez -
El sexo en los tiempos de #MeToo
El sexo en los tiempos de #MeToo

Pudo haber sido solamente una anécdota, pero lo cierto es que el movimiento #MeToo ha roto muchas telarañas. Tras la oleada de denuncias de acoso sexual, siendo el caso Weinstein el más espeluznante, muchos hombres han tomado conciencia sobre los comportamientos inadecuados e incluso violentos en la seducción y el flirteo. El grito se ha hecho viral y con ello se ha puesto sobre la mesa la enorme dimensión del problema. No se trataba de un hecho aislado.

En España, la sentencia condenatoria de La Manada o las lamentables situaciones de acoso a las que se enfrentó la periodista María Gómez durante el pasado Mundial han propiciado la continuidad del fenómeno. Como consecuencia, han aparecido nuevos temas de conversación, debates en cuanto a los modelos de masculinidad y feminidad, más vueltas sobre el consentimiento sexual y una mayor sensibilización hacia las víctimas. Ya no hay espacio para el silencio y la sociedad, por fin, parece despertar ante lo que es injusto, intolerable, intimidatorio e incluso aterrador.

Sin embargo, la iniciativa #MeToo también ha resucitado algunos fantasmas como la criminalización de la masculinidad, el pánico moral o la trivialización de la violencia sexual. Se ha generado un ambiente de caos y persecución donde todo hombre es tildado como sospechoso, así como un panorama social donde se premia una sensación generalizada, sensacionalista y exagerada de miedo y peligro. A esto hay que añadir los intentos de criminalizar la torpeza sexual de un hombre. Pero caer en el absurdo jamás salvará a ninguna mujer de la violencia sexual. Así, a riesgo de que la diferenciación pueda ser polémica, no es lo mismo recibir una foto-pene o un comentario de carácter sexual no deseado por un desconocido a que te violen en un portal. Estas simplificaciones son más un escollo para la lucha feminista que un ejercicio de honestidad y análisis serio. Por supuesto, conviene señalar cualquier comportamiento inadecuado, pero asimismo hacerlo sin recurrir a la exageración y la comparación desmedida.

El impacto del fenómeno #MeToo es claro: las reglas sobre el sexo están cambiando. ¿Cómo insinuarte cuando, en una fiesta, hay una chica que te atrae sin parecer un cerdo baboso? ¿Puede el sexting volverse en tu contra? ¿De verdad creemos que es necesario un consentimiento sexual por escrito para disfrutar plenamente de nuestra vida sexual?

El sexo en los tiempos de #MeToo

El sexo en los tiempos de #MeToo
Publicidad

El gran reto: meter ficha

Lo sabemos: corren tiempos difíciles para la seducción. A los últimos escándalos hay que sumar que las mujeres hemos subido el listón y con ello, redefinido nuestros límites. Ahora ya no sonreímos complacientes ante un piropo que se pasa de frenada sino que, por el contrario, contestamos con hostilidad para mostrar que nos sentimos incómodas. Si quieres halagarnos o hacernos un cumplido, no empieces por nuestro cuerpo.

A las mujeres nos gusta escuchar comentarios positivos, pero creemos que este tipo de halagos deberían ser más prudentes y respetuosos, especialmente cuando no nos conocen. ¿Entonces qué? Pues cambia el “no puedo dejar de mirarte las tetas” por “me gusta el mensaje de tu camiseta”. La diferencia es obvia, ¿verdad?

Nos gusta la amabilidad y la ternura. Mantener una actitud prudente ayuda a crear un contexto de mayor confianza. No muestres todas tus cartas al comienzo, siempre es más sexy ir de menos a más. Lo obsceno y sugerente puede tener cabida en otro capítulo, si acaso a ambos os va ese rollo, claro. Mientras tanto, piénsalo: ninguna mujer sueña con meter a Torrente en su cama.

El sexo en los tiempos de #MeToo

El sexo en los tiempos de #MeToo

Retírate a tiempo

Si te gusta, díselo. Pero no olvides que no está obligada a corresponderte. El hecho de haber sido amable contigo no significa que le atraigas sexualmente. ¿Acaso alguien que te trata entre algodones en una entrevista de trabajo o a quien le pareces simpático está obligado a contratarte? Sí, es frustrante, pero al igual que no te pones a rogar al personal de recursos humanos, tampoco lo hagas en esta ocasión.

No es agradable pasar a la friendzone, pero justo en esto consiste el juego de la seducción: a veces ganas y otras, pierdes. El consejo no es ningún misterio: no insistas, no seas pesado, no invadas su espacio personal. ¡No lo estropees! Pero baraja la posibilidad de que entre el “no” y el “sí”, habita el “no lo sé”. En este último caso, no seas impaciente. Tu contención hablará bien de ti: respetas que nos tomemos nuestro tiempo y haces un esfuerzo para no parecer un desesperado. Ella ya sabe cuál es tu interés y la pelota está en su tejado.

Asegúrate de que esté cómoda

Posiblemente muchas mujeres han recibido un beso que no deseaban y hayan contestado a semejante atrevimiento con un empujón o una bofetada. Al parecer, nuestra boca sellada a cal y canto no era señal suficiente para que un tío interpretara que o bien no nos apetecía o bien no era el momento más oportuno. Para evitar llegar a situaciones como esta, presta especial atención al lenguaje no verbal.

Vamos a imaginar que estás en una cita y todo progresa correctamente. Te apetece pasar al siguiente nivel y no meter la pata. Busca el acercamiento tocándole el brazo. Se trata de explorar el espacio personal de la otra persona sin crear una situación incómoda. Después puedes pasar a tocarle el muslo, la parte más cercana a la rodilla y por tanto, la más alejada de los genitales. Si te quita la mano, ¡mala suerte! Si la interacción fluye, pregúntale cómo se siente, si quiere que vayáis a un lugar más íntimo... Asegúrate de que no se siente intimidada.

Puede que la cita acabe con beso y sin coito. No está mal. Pon la guinda al pastel con un mensaje, justo después de despedirte: “Me ha encantado esta noche. Ahora me gustas más que antes. Espero verte pronto”. Una declaración de intenciones cargada de honestidad y erotismo. ¡Bravo!

El sexo en los tiempos de #MeToo

El sexo en los tiempos de #MeToo

Donde tengas la olla...

El lugar de trabajo es un entorno muy sugerente para ligar, pero también un medio que puede convertirse en hostil si las cosas no salen bien. Si te gusta arriesgar, adelante, pero no olvides que si das ese paso, debes ser responsable de aquello que estás haciendo. Una cosa es tener fantasías eróticas con tu jefa... y otra crear situaciones perturbadoras en tu departamento.

La erótica del poder también funciona a la inversa. Si tu compañera te llama jefe, persiste en un mutuo tonteo, sopesa muy bien los pros y los contras...

Comparte gastos

En pleno siglo XXI, a unas nos toca tirar el vestido de princesa y a otros quitarse la armadura. Los roles de género se han erosionado y cada vez es más frecuente que las citas se financien a medias. No obstante, en el hipotético caso de que quieras ser tú quien pague, no pienses que es un aval para que nos acostemos contigo...

El hecho de que tú invites no significa que estemos contrayendo una deuda. Piénsalo fríamente, porque también es muy lícito que no te apetezca ser tan generoso con nosotras hasta que la relación te ofrezca más entretenimiento.

El sexo en los tiempos de #MeToo

El sexo en los tiempos de #MeToo
Publicidad

¿Sólo sí es sí?

Ningún tipo me ha sacado un contrato antes de meterme con él en la cama. Además de extraño, sería sumamente antierótico... Pero el consentimiento sexual es básico. Debe estar presente. Pero no en plan firmar un contrato ante notario. Por suerte, existen otras formas para constatar que está teniendo lugar.

Ahora que ya tenemos bien aprendido que no es no, podemos pasar a la segunda lección: ¿basta un sí para dar consentimiento sexual? Depende. ¿De qué? Veámoslo.

a) Antes de tener sexo, da a conocer las condiciones. Para que un sí sea absolutamente un sí es necesario que el consentimiento sea claro, transparente, ¡cristalino! Nosotras queremos saber que vas a usar un condón, que no vas a poner mala cara si decimos que no a alguna práctica, que tu ex mujer es de verdad tu ex mujer y que no compartes habitación con la cuna de tus hijos...

b) Muchas situaciones de coqueteo se dan entre copas, y esto conlleva riesgos. Se empieza tomando una cerveza, acabas pidiendo una botella de vino y la cita continúa con unos gin tonics. Hay risas y seguramente, tú y ella os permitís ser más atrevidos. Sin embargo, el alcohol está lejos de ser un aliado en la seducción. Por el contrario, induce a muchos equívocos y situaciones lamentables. Si ella está borracha o drogada, asegúrate de ponerla a salvo. Quizá insista. Quizá se duerma. Quizá te vomite en los zapatos. Da igual, sea cual sea la cronología de los acontecimientos, una persona que ha tomado alcohol o drogas no está en plenas facultades para dar su consentimiento sexual.

c) Es posible que estéis ya metidos en faena y entonces… te diga que pares. Puede que no sea una experiencia habitual para ti, pero cualquier persona tiene derecho a cambiar de opinión. El consentimiento sexual es reversible. No la fuerces. Acepta que no quiere continuar. Respétala. Ofrécele un vaso de agua, vístete, quítale importancia y por muy frustrado que te sientas, no te comportes como un energúmeno. Sé un caballero.

d) Nuestro sí no es una barra libre de sexo. O lo que es lo mismo: podemos querer tener sexo contigo, pero eso no significa que vayamos a realizar todas las prácticas sexuales que caben en la lista de categorías de Redtube. No somos tu fantasía. No queremos que nos uses como una muñeca hinchable. Queremos compartir intimidad, placer, un buen momento. No nos trates como un objeto a tu merced, sino como una mujer que desea y a su vez, es deseada.

Un viejo verde no es atractivo

La pasada primavera, el cantante Mikel Izal y los cómicos Antonio Castelo y David Suárez fueron acusados de acoso. Las redes sociales ardieron indignadas, soltaron su particular furia contra los protagonistas y se despacharon a gusto con infinidad de descalificaciones. Lo que ellos habían hecho, más que un delito, parecía un comportamiento de mal gusto, una conducta que moralmente podría ser reprochable: ligar con una adolescente de entre 16 y 17 años. Es decir: una joven con edad suficiente, según recoge nuestro Código Penal y pese al escándalo de algunas gentes, para proporcionar consentimiento sexual.

Yo también ligaba a los 16 años con tipos que me doblaban la edad. Las diferencias entre esas chicas y yo seguramente sean muchas, pero quiero llamar la atención sobre una en concreto: jamás utilicé los mensajes privados y consentidos de carácter sexual para acusar a un tío de un delito cuando ya no me hacía caso. ¡Claro que me dolía y estaba muy rabiosa! Pero sabía perfectamente que mentir y manipular no estaba bien.

Ten algo en cuenta: en general, una chica adolescente no está preparada para actuar como una persona adulta, madura y responsable. Por tanto, aquellos tipos deberían tener, al menos, dos dedos de frente y un poquito más de conciencia. No voy a condenar el deseo, pero es muy recomendable aprender en qué contexto y ante qué persona tienes que guardarte las ganas.

El sexo en los tiempos de #MeToo

El sexo en los tiempos de #MeToo

El cortejo en la era del WiFi

Las apps para conocer gente llegaron a nuestra vida a modo de Cupido moderno. Facilitan la interacción, pero aquí también existen unas reglas y conviene, si no quieres fracasar, que tomes nota de algunas de ellas.

a) Elige una buena foto. Es decir, una imagen en la que salgas favorecido, natural y sin hacer el capullo... Las fotos con tus colegas, cerveza en mano, son sumamente ridículas y provocan que tú pases totalmente desapercibido (sobre todo si la competencia es alta). Evita también, por favor, aquellas donde salgas sin camiseta o delante del espejo.

b) Si entablas una conversación, recuerda que todo lo que digas puede ser utilizado en tu contra; es decir, puede ser enviado a otra persona, tomar forma de pantallazo, ser publicado o acabar, con un número de expediente, en una comisaría. Así que no vayas de listo porque puedes acabar, curiosamente, haciendo el tonto.

c) Las fotos de desnudo que una chica te envía de forma consentida y sin coacciones en una sesión de sexting son para ti y exclusivamente para ti. Como no eres un gañán, confío en que no se las enseñarás a tus amigos, no las publicarás y no las usarás en contra de ella si después no quiere acostarse contigo, ser tu pareja o acompañarte a comer a casa de tus padres.

d) Por muy convencido que estés de que tienes el pene más bonito del mundo, no nos interesa recibir un primer plano de él sin avisar y sin demandarlo. Aunque tú creas que una foto de ese tipo es casi una obra de arte, para nosotras parece más un material visual de carácter urológico. Si estáis haciendo sexting, antes de pasar una foto de esas características, sugiérelo y valora si a la chica en cuestión le apetece. Y aprovecha el cortejo online para mostrarnos algo distinto: que eres divertido, misterioso, que tienes inquietudes, que no estás desesperado, que sabes escuchar… que te diferencias, en definitiva, del resto. Suerte.

Publicidad
Te recomendamos

Mi Empresa Es Saludable presenta la publicación que resume los planes saludables gala...

Participa en nuevo sorteo de Deus ex Machina y puedes ganar este conjunto de tres pre...

En el número de diciembre te ayudamos a preparar las fiestas de Navidad...

Nadie se quiso perder la gala de los Premios Hombre del año 2018...

Si quieres estrenar coche nuevo, ésta es tu oportunidad: participa en Best Cars 2019,...

Las fibras capilares son una gran solución contra la pérdida de pelo...