Menos texto y mucho más sexo

Los smartphones se están cargando tu intimidad y, si no andas con ojo, van a hacer lo mismo con tu vida sexual.
Pedro Casado -
Menos texto y mucho más sexo
Menos texto y más sexo

¿Qué hacéis después de tener sexo? ¿Comentáis la jugada? ¿Os quedáis abrazados haciendo la cucharita? Si has contestado afirmativamente, ¡felicidades! Aunque si no es así, tienes el consuelo de no estar solo. El 38% de los españoles se precipitan sobre su móvil tras lanzar el último gemido, según una encuesta realizada por Pixmania, portal de productos tecnológicos. ¿Realmente hay algo tan importante esperándote? Seguramente no, pero vivimos tiempos de virtualidad exarcerbada, en los que un 53% de españoles se reconoce adicto a su móvil, según el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de la Ansiedad. Y es que, ¿quién no ha estado cenando con su novia y ha contestado whatsapps? El 57% de españoles, para ser exactos, según una encuesta de SexPlace. Y la mayoría, un 82%, ha tenido alguna bronca por ello. El problema es que es difícil quitarse del móvil. Y tampoco es necesario: huye de los errores más típicos.

Error garrafal nº1: lo llevas a todas partes

Las parejas que conversan mientras llevan smartphones –aun cuando no los utilicen– tienen menos empatía, según un estudio británico de 2012. Además, los teléfonos disminuían la sensación de cercanía entre ellos. La razón es que funcionan como megáfonos que te permiten mantener conversaciones con una audiencia mucho mayor. Y, a veces, preferimos la cantidad a la calidad.

La solución: Silenciad los móviles en las situaciones íntimas (una cena o la típica conversación de cómo os ha ido el día). Si es urgente, volverán a llamar. Y mantened los teléfonos fuera de vuestro campo visual. Verlo es demasiado tentador y acabarás consultándolo. También puedes poner la función “no molestar”, que permitirá que sólo suenen las llamadas que repitan tres veces y los contactos preferidos.

Error garrafal nº2: mensajeas demasiado

Haz este test: abre el registro de llamadas para comprobar cuándo fue la última vez que marcaste el número de tu chica. Después, cuenta los mensajes que le enviaste desde entonces. Ahora, piensa: ¿cuántas veces esos mensajes han dado lugar a malinterpretaciones? Los mensajes no tienen tono. Algo que tú dices con una intención puede ser interpretado de forma diferente. Siempre que puedas, es mejor que envíes un e-mail. Te permite más matices y, generalmente, también lo sueles repasar. El otro problema que tienen los mensajes es la inmediatez con la que se envían. Por ello, deberían estar prohibidos en caso de enfado, porque dices cosas sin pensar y al quedar escritas tienen más peso.

La solución: Emplea los mensajes para cosas positivas. Desde decirle que tienes ganas de verla hasta enviar algún mensaje caliente. También puedes emplearlos para las cuestiones prácticas, tipo “¿a qué hora vienes?”, pero si la respuesta va más allá de un número, llámala y explícaselo.

Error garrafal nº3: las redes sociales os mosquean

Está bien encontrar un like en Facebook o un tuit de tu pareja en el que te deja por las nubes. Pero, reconócelo, ése es uno entre muchos. El resto demuestra que cada uno tiene muchas cosas que explicar, aunque después, en la intimidad, no os comuniquéis tanto. Y por otra parte están los mosqueos derivados de vuestra actividad virtual: “¿Por qué esa chica te ha puesto un like?”, “¿quién será ese tipo del que se ha hecho amiga?” y suma y sigue.Hay parejas que no se tienen como amigos en las redes sociales para evitar este tipo de malentendidos. Sin embargo, tampoco hace falta ser tan radical. Basta con tomar algunas medidas.

La solución:  Mejora la comunicación. En las redes sociales sintetizamos lo que nos ocurre: “He conseguido un trabajo”, “qué fin de semana más divertido”. Ése no es el tipo de comunicación que se emplea en pareja. Lo que tú quieres saber o explicar es cómo os afectan esas cosas, por qué tomasteis tal o cual decisión, qué es lo que esperáis que ocurra… Ésa es la diferencia que hará que una conversación entre dos sea más interesante que un mensaje enviado a 500 amigos.
Y hablad claramente de esos amigos repentinos para quitarle hierro.

Error garrafal nº4: os controláis virtualmente

Las nuevas tecnologías mal utilizadas fomentan los celos e, incluso, la paranoia. “¿Por qué no me has contestado a un whatsapp, si tenía el doble clic y ponía que estabas en línea?”. “¿Era más importante colgar esa foto chorra que contestarme a un privado?”. “¿Por qué le pones más likes a ése/a que a mí?”. Y así, suma y sigue. Todos nos hemos visto involucrados en una situación similar en algún momento. Saber qué es lo que hace virtualmente el otro en todo momento sólo es fuente de supuestos agravios comparativos. Y todos contestamos a un mensaje tarde, porque vamos liados o porque queremos pensar bien la respuesta. Pero cuando nos lo hacen a nosotros, no nos parece que haya otra explicación que la desconsideración absoluta.

La solución:  Activa todas las funciones que te permiten estar fuera del radar. Por ejemplo, en Whatsapp puedes evitar que se vea tu última conexión, pero a cambio tú tampoco verás la de los demás. Si tu chica te pregunta si tienes que ocultar algo, dile que tu jefe te controla. La otra táctica es responder que ahora no puedes contestar porque lo quieres hacer con calma.

Error garrafal nº5: pierdes la noción del tiempo

Seguro que mientras lees este reportaje, te estás diciendo: “Mi caso no es tan extremo, yo no dedico tanto tiempo a la comunicación virtual”. Pero no se trata únicamente del tiempo que dedicas. Las redes sociales nos hacen perder la noción del tiempo. Una consulta rápida de Facebook puede acabar con un lapsus de tiempo perdido. Todo va muy rápido, ocurren demasiadas cosas y parece, además, que tienes que dar respuesta inmediata, con lo que los parámetros para medir el transcurso de los minutos resultan más intensos. Eso es justamente lo que hace que estos medios sean adictivos: todo pasa tan deprisa, que tienes la necesidad de consultarlo más a menudo. De alguna forma, piensas que si no te conectas, estás perdiéndote algo importante.

La solución: Para. Sal del círculo vicioso. Cuanto más alimentes la adicción, más hambre tendrá. Decide que durante un día no consultarás Facebook. Te darás cuenta de que no pasa absolutamente nada. Y ese día, haz más cosas con tu chica o, simplemente, actividades que te gusten. Verás que el balance es muy positivo y eso te ayudará a poner a las redes sociales en su justo lugar.

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