No: tu novia no puede espiar tu móvil

Y, si lo hace, puede exponerse a penas de cárcel. Averigua por qué.
Julio César Ortega -
No: tu novia no puede espiar tu móvil
No: tu novia no puede espiar tu móvil

Casi todos los hombres (al menos los de una cierta edad) hemos tenido en algún momento de nuestra vida una pareja celosa. Y demasiadas mujeres también. Lo de preguntar dónde y con quién estás, o lo de llamar a la oficina para comprobar si de verdad te has quedado hasta tarde entra más o menos en la normalidad, aunque también es cierto que estos gestos son, para muchos, una intolerable muestra de desconfianza. Cada pareja tiene sus propias reglas, pero lo que nunca deberías permitir (y, por supuesto, tampoco hacer) es que te espíe el teléfono móvil. Y, si lo hace, hay buenas noticias: la ley española te ampara.

El teléfono móvil es el objeto que más habla de cada uno de nosotros. Sabe dónde estamos en cada momento, nuestros gustos musicales, qué perfil de Facebook vemos con más frecuencia, nuestras conversaciones de Whatsapp, nuestras búsquedas en Internet, nuestras fotos (las publicables en Instagram y las que no)… Una mina de información, vamos. No en vano, perderlo es un auténtico drama urbano del siglo XXI.

Debido a tamaña información sensible sobre cada uno, entrar en el smartphone de alguien sin su consentimiento es un delito en España, tipificado en el artículo 197 del Código Penal.  Da igual si lo hace mientras estás en la ducha, si averigua tu código o patrón de desbloqueo, si consigue clonar tu huella dactilar, si lo has dejado abierto o si se hace con un software de espionaje (los hay, pero aquí no les vamos a hacer publicidad). Es un delito y, como tal, está castigado con penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses. Y ahora, es posible que pienses que nunca se ha aplicado dicha ley de una manera estricta. A lo mejor este caso te saca de dudas. ¿Crees que fue un episodio aislado? Echa un vistazo a este otro, que a su vez menciona penas anteriores.

Es posible que le hayas dado razones para desconfiar. Pero, incluso así, nada le otorga a ningún particular el derecho de acceder a la información de otro sin su voluntad expresa. Nadie parece tener dudas de lo que ocurriría si instalasen una cámara espía en su casa o si encontrase abierta una carta privada con su nombre en el sobre. Entonces, ¿por qué hay tanta gente que considera un mal menor espiar el móvil de otro?

Compartir contraseñas voluntariamente, para acceder al e-mail o a las redes sociales, es otro tema. Se trata de un acuerdo al que llegan algunas parejas, pero la mayoría de los psicólogos y terapeutas no lo recomiendan. Aunque esté pactado, no deja de ser una forma de control que responde a una demanda poco sana y una renuncia a un derecho tan fundamental como la privacidad. Nadie quiere exponer todos los detalles de su vida, gustos, anhelos, miedos o pensamientos, y nadie debe verse obligado a hacerlo.

Además, lo que para ti puede ser un simple chat amable con una amiga, para ella puede convertirse en la bomba que desate una guerra si lo encuentra en tu Whatsapp a hurtadillas, muy difícil de explicar y de poner en contexto. ¿Por qué se lo ocultaste? Tus razones tendrás, sean sólidas o no.

En cualquier caso, tener pareja no implica renunciar a tu privacidad. De hecho, conservar parcelas individuales es saludable para cualquier relación, sea sentimental o no. ¿Se te ocurriría intentar meterte cada noche en el dormitorio de tu mejor amigo con su pareja y pretender conservar su amistad? ¿Se te ocurriría airear tus intimidades en plena oficina? ¿Se te ocurriría preguntarle a tu jefe cómo se lo monta con su último ligue? Pues ahí tienes la respuesta. Se trata de respetar las distancias. Es fundamental. Siempre.

Si tienes dudas de tu pareja, habla con ella. Si notas que tu pareja tiene dudas de ti, también. Todas las relaciones pasan por baches, y no por ello se ponen a jugar a Sherlock Holmes. Si las dudas persisten a lo largo del tiempo, quizá haya llegado el momento de ponerle fin antes de estropearlo todo aún más.

Huye de los celos. Huye del control enfermizo. Pero, sobre todo, respeta y hazte respetar.

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