Infieles digitales

Todo cambia. Incluso las maneras de poner los cuernos. ¿Qué opinamos sobre los nuevos tipos de infidelidad?
BRIAN FERRANDIZ -
Infieles digitales
Infieles digitales

¿Sigues a tu ex en redes sociales? ¿Intercambias Whatsapps calientes con una desconocida o un desconocido? ¿Tienes pareja pero todavía no has borrado tu perfil en redes sociales de ligoteo? Si has contestado que sí a una de estas preguntas, debes saber que muchas mujeres (y algunos hombres) te consideran infiel. Lo dice una encuesta sobre la infidelidad realizada por nuestros colegas de Men's Health en Estados Unidos. Pero hay una brecha evidente entre géneros: las mujeres son más propensas que los hombres a considerar ciertos comportamientos como infidelidad.

A pesar de esto, parece que hay unanimidad en cuanto a los temas más genéricos (y obvios), como el hecho de practicar sexo fuera de la relación. El 100% coincide: son unos cuernos de cajón. Las diferencias empiezan a notarse al preguntar si dar un beso es traicionar a la pareja. Un 95% de las mujeres opina que sí, mientras que la cifra se reduce a un 81% en el caso de los hombres. 

Aunque gracias a las redes sociales existan nuevas maneras de relacionarnos, lo cierto es que hay cosas que nunca cambian. Una de ellas son las motivaciones que nos impulsan a ser infieles. Para Marta Arasanz, psicóloga y experta en sexualidad, las mujeres acostumbran a hacerlo porque su relación de pareja está completamente agotada. En cambio, los hombres podemos tener una relación que funcione perfectamente pero poner los cuernos por el simple deseo de experimentar. Arasanz explica que en muchas ocasiones la raíz de la infidelidad es que esperamos demasiadas cosas de nuestra pareja: queremos que sea nuestra mejor amiga, que nos haga de madre, que en la cama se mueva como una actriz porno y que traiga mucha pasta a casa. “Pedimos tantas cosas que es normal que no se cumplan nuestras expectativas”, afirma.

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El seductor

Jordi es un hombre de éxito que acostumbraba a serle infiel a su esposa. El perfil de sus conquistas siempre era el mismo: mujeres jóvenes e inexpertas que se dejaban impresionar por lujos y cenas caras. ¿Estamos simplemente ante un capullo al que le van las jovencitas? Nada de eso. El problema es mucho más complicado. A él le encantaba seducir, pero creía que a su esposa ya no le impresionaba nada de lo que él hiciera (ni dentro ni fuera de la cama). Ella misma es una mujer de éxito con una gran experiencia sexual. El hecho de no poder impresionarla provocaba que cuando se metía en la cama con ella se sintiera frustrado y su deseo cayera en picado. Esta situación propició que, en varias ocasiones, no pudiera mantener la erección.

Tras analizar el caso, Sánchez concluyó que el principal problema de Jordi era la falta de seducción. Por eso, su primera recomendación fue que le restara importancia al coito ya que, al fin y al cabo la finalidad era pasarlo bien, no impresionar a su mujer. Le propuso citarse con su pareja en un bar y que él iniciara un rol de seductor provocativo. Si lograba introducir este tipo de dinámicas en su vida marital, poco a poco incrementaría su deseo.

Lo que puedes hacer: ponte a 'dieta' digital

¿Cada noche os ponéis una serie antes de ir a dormir? ¡Ojo! Netflix y HBO podrían estar acabando con vuestra vida sexual. Te enganchas a una serie y, cuando te das cuenta, llevas dos meses sin tener sexo. ¡Bajad la dosis de ficción televisiva!

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El Pornstar frustrado

Juan se estaba planteando tener una aventura pero de momento tan sólo era una idea que le rondaba por la cabeza. Lo que le frenaba era que estaba muy enamorado de su mujer. Y no sólo eso: también pensaba que estaba buenísima. Entonces, ¿cuál era el problema? Pues que su vida sexual no le acababa de llenar. Él quería llevar el sexo al límite, en plan porno. Fantaseaba con la idea de hacer tríos con alguna amiga de su mujer y darle al sexo anal de vez en cuando.  La cuestión es que, cuando le proponía algo, siempre acababan discutiendo. “Lo primero que quise que entendiera Juan es que las pelis porno, al igual que Star Strek o Avatar, no son más que ficción. No hay que tomárselas como un manual de lo que debería ser el sexo. Son fantasías que pueden servir para motivar pero no para copiar al pie de la letra”, explica Sánchez.  Si realmente quería ampliar los horizontes de su vida sexual, debía empezar por dejar de exigir y  empezar a proponerse como candidato para probar cosas nuevas. Sánchez le recomendó que le demostrara a su mujer que el sexo anal era realmente estimulante. La idea era que su esposa le introdujera un plug anal.  Así ella podría comprobar que a él tampoco le importaba que se lo hicieran. En cuanto al trío, podía proponerle a su mujer que se iniciaran en esta práctica introduciendo a otro hombre en sus juegos. Sánchez explica que muchos hombres responden a este giro en la situación con mucha reticencia y es que “le pedimos comportamientos a nuestra pareja que luego nosotros somos incapaces de llevar a la práctica”, afirma.

Lo que puedes hacer: hablar de sexo

Comparte con ella aquellas cosas que te gustaría practicar en la cama. Podéis empezar con fantasías algo menos atrevidas. Si a ella le da algo de corte contártelo, puedes animarla a que te explique sus deseos por escrito. Una fórmula que da mucho juego es hacerlo a través de mensajitos: un mail, un Whatsapp o incluso dejándole notitas en el bolso. Una vez hayáis instaurado unos buenos márgenes de confianza, es muy posible que ambos os empecéis a soltar y que desarrolléis una vida sexual mucho más rica.

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 El que tiene miedo al rechazo

Carlos ya no quería serle infiel a su mujer. Acababa de dejar a su amante porque se sentía culpable. El problema no era que no quisiese a su esposa, sino que el sexo con ella le sabía a poco. Cuando se veía a escondidas con su amante, le pedía cosas como que le introdujera el dedo en el ano mientras le hacia una felación o que se subiera encima y le montara salvajemente.  La cuestión era que nunca le pedía este tipo de cosas a su esposa por miedo a que reaccionara mal. “Lo mejor que podía hacer Carlos era enfrentarse a sus miedos. Pero no podía pasar de 0 a 100, tenía que ir subiendo peldaños poco a poco”, explica Sánchez. Le recomendó que buscará un sex shop bonito y que intentara pasar por delante junto a su esposa de un modo casual. Una vez allí, soltarle un '¿Entramos a ver qué hay?'. La idea era que miraran juntos los distintos tipos de juguetes y que, en algún punto, Carlos le mostrara su interés por probar alguno (nada demasiado extremo). Incluso podía aprovechar y regalarle un juguetito a su esposa para su disfrute personal (un vibrador, por ejemplo).  Eso es lo que hizo y funcionó. Lo mejor de todo es que poco a poco fueron incrementando el voltaje de sus relaciones sexuales. 

Lo que puedes hacer: comparte algo vergonzoso

¿Te has planteado que quizá ambos queréis probar cosas nuevas, pero que ninguno dice nada por miedo a la reacción del otro? Empieza por confesar algo que te dé reparo como, por ejemplo, que te gustaría que te diera algún azote en el culo mientras lo hacéis. Que ella haga lo mismo… pero prométele que no la juzgarás. No te rías ni hagas bromas. Y, sobre todo, no la compares con otras mujeres, ni siquiera si sale ganando.

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¿Le serás infiel?

Si no explicas a tu pareja lo que te apetece hacer, estás tirando por la borda una oportunidad de oro. “Si te da vergüenza puedes utilizar alguna excusa para tantearla”, recomienda Sánchez. Estos son algunos ejemplos de las cosas que le podrías decir para allanar el camino: “Cariño me han contado que Paco el de pádel y su mujer van a un local de intercambio de parejas”, “He leído un artículo sobre la moda esta del bondage”. Cuando acabes la frase, asegúrate de sentenciar con un '¿Qué te parece? Ahora sólo tienes que echarle imaginación.

Si vuestra relación es más fría que el castillo de Frozen, si habéis entrado en la rutina de sentaros en el sofá y apenas os miráis, quizá haya llegado el momento de pillar el toro por los cuernos (somos así de graciosos). Habla con ella y, sin buscar culpables, intentad  reflexionar sobre el asunto. Es importante que le muestres tus miedos ante las posibles consecuencias. Busca situaciones que puedan ayudar a potenciar esa intimidad que habéis pedido. ¿Por qué no realizar una escapada que os haga ilusión a los dos?

¿Te será infiel?

¿Cuánto tiempo hace de vuestro último encuentro sexual? Puedes culpar al estrés, al cansancio o a la falta de libido, pero tal vez tu pareja cree ser ella la culpable. Busca un momento apropiado y explícale por qué evitas el sexo. Os ayudará a comprenderos y hará que busquéis soluciones juntos. Es importante que te centres tanto en tu placer como en el suyo y busques el orgasmo femenino.

Si el reparto de las tareas del hogar no es equitativo y es tu pareja quien acaba pringando más, es muy posible que acabe harta de la situación. Olvídate de preguntarle si necesita ayuda. Asume directamente el 50% de las responsabilidades del hogar. Ellas también necesitan tiempo para dedicarse a sí mismas. En la cama, muestra interés por sus preferencias...

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