Cuando el exceso se convierte en locura

Romario Dos Santos, un joven de 25 años, padeció una insuficiencia renal y depresión tras abusar del Synthol
Xan Pita -
Cuando el exceso se convierte en locura
Cuando el exceso se convierte en locura

Estás cansado de oírlo: para tener un buen cuerpo sólo necesitas esfuerzo y disciplina. Una máxima que desde aquí hemos reivindicado a lo largo de todos estos años. Pero, al parecer, tendremos que seguir haciéndolo una década más.

Los atajos químicos no son más que un espejismo, una trampa. Algo que ha quedado gráficamente demostrado con la enésima historia de terror en la que se mezcla irresponsabilidad y deporte mal entendido. El protagonista: Romario Dos Santos. Un joven de 25 años empeñado en hacer crecer su cuerpo. Sobre todo los brazos.

Aceite y alcohol

Durante tres años, Dos Santos estuvo inyectándose Synthol, una sustancia que, en su día, era utilizada de forma inocua por los culturistas antes de una competición para abrillantar sus cuerpos. 

Líquido y de aspecto aceitoso, el Synthol está compuesto por un 85% de ácido graso, lidocaína (un anestésico) y alcohol benzoico. Al inyectarlo, el cuerpo se deshace sólo del 30% del aceite, mientras que el resto permanece dentro por un periodo muy largo de tiempo, durante aproximadamente cinco años.

"Mis músculos empezaron a solidificarse, estaban llenos de rocas", recuerda Romario Dos Santos. Esa fue la parte buena. Luego llegó la mala. A sus bíceps de 64 centímetros le acompañaron insuficiencia renal, depresión e ingreso en el hospital. 

El precio a pagar

Insuficiencia renal por culpa de las toxinas del aceite. Entró en una depresión, quiso suicidarse. Sus bíceps medían 64 centímetros. Su salud mental se deterioró. Tuvo que ser hospitalizado.

En parte, Dos Santos ha tenido suerte. Los efectos secundarios del Synthol parace un grandes éxitos del mal rollo: trombos, quistes y parálisis de las fibras musculares. También puede ocasionar la parada cardiaca en aquellos casos en que por un error en la inyección la sustancia entre directamente en la circulación sanguínea.

Al menos, el joven brasileño ha aprendido la lección. "Quiero que otras personas vean los peligros; podría haber muerto solo porque quería músculos más grandes”, asegura. “Simplemente, no vale la pena". Lo dice alguien que sabe de lo que habla. Más vale que le hagas caso. 

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