Premio a la fe en uno mismo

El triatleta Javier Gómez Noya gana el Princesa de Asturias de los Deportes. Y antes de los podios hay una historia que necesitas conocer...
Sergio Collado -
Premio a la fe en uno mismo
Premio a la fe en uno mismo

Que te den un premio, sea cual sea, siempre es un bonito gesto de reconocimiento al trabajo bien hecho. Los hay de todos los tipos, desde un beso en la línea de meta, una medalla colgada al cuello en el podio u otros de tipo institucional que reconocen tu trayectoria con un auditorio repleto. Todos son hermosos.

Y al cinco veces campeón del mundo de triatlón y plata olímpica, Javier Gómez Noya –uno de nuestros deportistas más potentes– le ha sido otorgado uno de estos últimos. Ni más ni menos que el Premio Princesa de Asturias a los Deportes que reconoce no sólo el palmarés y la trayectoria de este apasionado deportista, sino unos valores como el esfuerzo, la constancia y la perseverancia. No podemos discutirle este galardón.

Podríamos estar hablando largo y tendido de todos sus logros como atleta, sin embargo queremos recuperar un apunte biográfico de Gómez Noya. Quizá vaya con algo de moralina, con toque épico o quizá quede en anécdota. No obstante, encontramos muy significativo ese detalle de su vida: es un ejemplo mundial de superación y lucha.

Vamos a los hechos, este ferrolano que vive en Pontevedra –aunque nació en Basilea en 1983 donde apenas estuvo tres meses–, estaba en el camino de la élite deportiva cuando en 1999 los servicios médicos del Consejo Superior del Deporte le detectaron una anomalía cardíaca. Y comenzó la travesía por el desierto, casi literalmente. El CDS le retiró la licencia para competir por considerarlo no apto para competir en triatlones. Por otro lado, los médicos consultados por Javier sí creían que podía hacerlo.

Estuvo años fuera de los circuitos oficiales, luchando para recuperar su licencia internacional en los juzgados. Constancia y perseverancia para poder realizar lo que a él más le gustaba: competir a nado, en carrera y en bici kilómetro tras kilómetro. Mientras, siempre que competía en alguna prueba, demostraba a todos que estaba más que preparado con unos resultados fantásticos...

Finalmente, en 2006 y después de tanta brega el gallego recuperó la licencia. Una suerte también para nosotros que estamos disfrutando de uno de nuestros mejores deportistas de nuestro tiempo. El resto de su biografía ya lo conocemos: victoria tras victoria. ¡Y aún le quedan por escribir muchas páginas, seguro!

No hay metas imposibles, cuando uno se lo propone. La pasión es el motor más potente que existe y hará que logres tus objetivos. Esta historia de Gómez Noya es una pequeña lección de vida. Un ejemplo para todos nosotros. ¡Felicidades de nuevo, campeón!

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